chile-educacion-marcha-de-estudiantes-en-santiago-de-chile599x0Sin duda que de la literatura Latinoamericana se puede obtener mucha sabiduría. Por ejemplo, un gran verso dice: “… En esta escuela insensata, en donde enseñan al pájaro a ver las veces que le prohíben volar…” aquella no es más que el reflejo de un espejo que proyecta la imagen de miles de días, de horas y de decisiones mal tomadas. Chile ha cometido un gran error. La construcción de un ideario de equidad a través de la educación, ha obligado ilusamente a la sociedad a estar sumisa y presa de su escasa voluntad política. Es bastante sabido y aceptado que la educación es un motor de movilidad social, pero sin precisar qué tipo de educación es la capaz de dar movilidad efectiva. Chile en más de 200 años de historia jamás había tenido tanto dinero, tanto desarrollo, tantos niños y jóvenes con el deseo por estudiar. Si la persona se descubre a si misma a través de la pureza del conocimiento y si el educarse es constitutivo para la nobleza de un ser con sentido en el mundo, ¿Qué hace que no tengamos las suficientes condiciones ni voluntades políticas al momento de pensar en educación?

Legítimamente puedo decir con propiedad que año tras año la cantidad de niños y jóvenes con virtuosismo extremo o con talento puro, se quedan o se pierden en el más absoluto anonimato. Lo desconcertante es saber que no es una decisión de ellos el que queden en el anonimato. Chile y la pésima administración y distribución de sus miles de millones de pesos en el presupuesto y en el marco legal educativo contribuyen a que este destino sea el único que conozcan. Sin ir muy lejos por estos días la reforma educacional sufre cambio tras cambio, en su empeño por mover un mísero milímetro el statu quo. Por lo que la pretensión de que una reforma que ponga fin al lucro, fin a la selección (discriminación) y fin al copago es sin duda algo colosal para la sociedad chilena. De ahí que en efecto se quede sólo en una pretensión porque si nos remontamos a la vida real, por ejemplo, hoy ya se han abierto a la posibilidad de “arrendar establecimientos educativos” y lógicamente la pregunta es, si eso no es lucro ¿Qué puede ser entonces?. No hay que olvidar que existe justificación para todo y que si se quiere argumentar a favor de decir que se está logrando una gran reforma, se puede hacer, pero todos sabemos que no es ni será así mientras no se decida a mover lo que está en el fondo, el paradigma y cosmovisión política económica social y neoliberal de la competencia y del consumo como valor supremo.

Si fuéramos absolutamente optimistas y si efectivamente la reforma cumpliera a cabalidad con sus ejes fundamentales de igual manera sería insuficiente e inútil. Existe un punto que se aborda muy a ligera, pero que es crucial y transversal a todos los ejes. La falacia consiste en decir que uno de los corazones de la reforma es dar gratuidad para que todos puedan cursar estudios universitarios. En la práctica, jamás podría ser. Aquí surge un debate interesante sobre lo público versus el acceso a lo público. Si el próximo año existe gratuidad y por lo tanto una educación pública, automáticamente más del 70% de los niños más vulnerables (quintil 1 y 2) quedarían fuera, es decir, sería pública pero con restricción o discriminación en el acceso ¿De qué público se habla entonces? ¿Dónde está lo público? Si tuviéramos universidades de calidad gratis, ¿quién finalmente asistiría a esas universidades, si el acceso es mediado por una evaluación discriminativa – PSU – que tiene como fin justamente dejar fuera a la gran masa de “lo público” que la rinde? A propósito, si uno mira y ve lo que sucedió hace poco con la implementación de una medida como el ranking, que atendía en un mínimo porcentaje hacerse cargo de esa discriminación, y ve finalmente lo que provocó; reacciones airadas de gente de un individualismo y egoísmo asqueroso – para peor autodenominadas “emblemáticas” – que inmediatamente interpusieron recursos legales, marchas, y debates de todo tipo porque estaban siendo gravemente afectados, ¡un puñado menor al 5% de la matrícula total del país! Francamente acabar con la PSU, sería derrumbar todo el gran negocio transversal de la educación.

Primero: La PSU garantiza el mayor crecimiento a la matricula de educación privada, sobre todo a la de pésima calidad. El mensaje de Chile es, tu puntaje horrible permite que recibas educación horrible y con escasas probabilidades de un futuro laboral. La gran masa de estudiantes que no cruza los 475 pts o 450 pts, llegan a esas instituciones. Es decir, el mayor negocio de esas instituciones está en el fracaso de la PSU, porque se aseguran su matrícula. Si no existieran esas barreas de acceso de seguro privilegiarían en gran medida una institución de calidad cerrando el negocio privado.

Segundo: La PSU, mantiene la lógica de lo “emblemático” Lo “emblemático” se reduce a un entrenamiento PSU, ahí está su mayor calidad, no así en la integralidad, de hecho desnudan que el fuerte de su formación es la competencia. Además sin PSU no hay necesidad de clasificar (estigmatizar) al estilo semáforo, los liceos de excelencia o los liceos “flaites”. Es decir, podrían pensar en proyectos educativos propiamente tal y no habría selección al momento de recibir a los niños en edades tempranas. No habría ni patrimonio, ni nombre que cuidar.

Tercero: Sin PSU podríamos pensar que el paso de la educación media a la superior podría ser en función de lo que realmente quiero hacer en el futuro. En el cual, los 4 años de la enseñanza media sea ya una elección de contenidos en función de lo que yo realmente soy bueno y si aquello el atiende a lo que el alumno demandó como proyecto educativo.

Es cierto que la PSU o también el SIMCE son mediciones que poco dicen de educación. Y que si bien el problema total pasa por un montón de factores asociados, no deja de ser importante mencionar que de nada sirve la educación superior gratuita, ni el fin de la selección. Mientras el instrumento no cambie, poco se puede pensar de generar verdadero acceso a la educación, sobre de todos de aquellos que más lejos están del conocimiento. Es cierto también que el capital cultural algo tiene que decir, pero es este el verdadero cambio educativo que debe aspirar el país. Una educación sin segmentación, sin estigmatizaciones de clase. Al contrario de ello más bien se trata de propiciar el libre acceso donde realmente quiero estudiar y de esa manera aspirar realmente a una transformación cultural que involucre todas las relaciones y esferas de la sociedad Chilena.

Lo más preciado que tiene el país, su niños y sus jóvenes se merecen que Chile rectifique su mayor torpeza y se prive de sus vicios.

 

* Juan Pablo Aedo Ibáñez, Vicepresidente Federación de Estudiantes De la Universidad De La Frontera, FEUFRO. 2009-2010 y Felipe Valdebenito Leiva, Presidente Federación de Estudiantes De la Universidad De La Frontera, FEUFRO. 2011.