transA pesar de la crisis financiera que experimentaron las economías de casi todo el mundo, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Chile fue el año pasado el tercer mayor receptor de inversión extranjera directa (IED) en América Latina detrás de los poderosos Brasil y Mexico. A nuestro país ingresó durante el 2013 la cuantiosa suma de 20.258 millones de dólares, y eso que según se informó los flujos cayeron en casi un 30 por ciento.

Una noticia que parece tener orgullosos a muchas autoridades y empresarios, los capitales extranjeros  hacen su entrada magistral al mercado nacional con empresas filiales de sus pares transnacionales entre las que destacan la minería y la agricultura.

Pero estas son ¿buenas o malas noticias?Si bien la llegada de dinero ha favorecido el dinamismo del mercado, producto del acaparamiento y presión sobre terrenos cultivables, se están experimentando grandes problemas, entre los que destacan gran concentración del mercado agrícola y daños ambientales.

La minería en manos de pocos

Uno de los casos emblemáticos de acaparamiento de tierras está en la minería, en donde sólo 20 nombres poseen más de ocho millones de hectáreas de concesiones mineras en nuestro país, las que equivalen al 50% del total.

Una situación preocupante para la principal industria nacional, sobre todo por el hecho de que muchos de estos nombres son verdaderas fachadas de empresas transnacionales, las que registran a través de un tercero, normalmente un persona natural, una concesión minera.

Esta práctica en la que están vinculadas diferentes empresas internacionales fue denunciada por CIPER en el año 2011.

El caso de las semillas transgénicas

Otro de los grandes rubros que ha tenido un crecimiento acelerado a manos de empresas extranjeras son las semillas transgénicas.

Tal como anuncia en su página web Du Pont Pioneer Chile, filial de la multinacional homónima, durante el año 2013 la empresa alcanzó el record de superficie en producción de maíz comercial. Junto a Syngenta y Monsanto, Pioneer, una de las principales productoras de semillas transgénicas controla actualmente más del 60 por ciento del mercado en Chile.

La gran cantidad de terrenos que adquieren las empresas ligadas a la alimentación juega un papel de doble impacto pues no sólo favorece el oligopolio, sino que pone en riesgo la seguridad alimentaria y perjudica el crecimiento de alternativas ecológicas como la agricultura orgánica. Esto ya que si bien nuestro país no ha avalado el cultivo de transgénicos para el consumo nacional, es el mayor exportador de semillas transgénicas en todo el mundo.

De este modo, tierras cultivables se han transformado en grandes campos semilleros que van a parar a diferentes partes del mundo. La situación no es sólo preocupante por la posible contaminación genética que estos campos pueden ocasionar a las variedades vegetales nacionales, sino por el hecho de que en nuestro país con lo que cultivamos no alcanza para comer.

A modo de ejemplo, en nuestro país existen unas 120 mil hectáreas de maíz no transgénico, pero esto sólo alcanza para suplir el 50 por ciento de nuestra demanda. La otra mitad restante se debe importar de países como Paraguay, Argentina y Estados Unidos. Pero, a diferencia del maíz nacional, el producto importado es en casi en su totalidad transgénico, y esta misma situación ocurre para otros productos agrícolas.

Es decir, si el mercado de las semillas transgénicas continua creciendo, Chile estará disminuyendo considerablemente su agricultura nacional, y tendremos que importar cada vez más alimentos transgénicos en reemplazo de variedades nacionales no transgénicas.

Garantías absolutas

¿Cómo es posible entonces que sea tan poco restrictivo para las empresas internacionales caer en nuestro país? Todos los dardos apuntan al Decreto Ley 600, o DL 600. El principal instrumento legal que norma la IED en Chile fue aprobado en 1974, y si bien ha sido modificado levemente a lo largo de su historia su principio fundamental se mantiene hasta el día de hoy.

“Dar trato nacional a los inversionistas extranjeros, garantizar su libre acceso a los mercados nacionales y a la casi total prescindencia del Estado en relación con las actividades de las empresas extranjeras o al destino sectorial de sus recursos”, tal como se señala en la investigación que realizó la Dirección del Trabajo “Multinacionales Operando en Chile”.

El negocio de la tierra en la Tierra 

La industria alimentaria crece a pasos agigantados y tal como el caso de Chile, en el mundo hay cientos de países que están viviendo una situación similar con el acaparamiento de tierras a manos de empresas extranjeras.

Sólo en el año 2010, el Banco Mundial logró identificar negociaciones para adquirir 450 mil kilómetros cuadrados de tierras, superficie que equivale casi al tamaño de Suecia, ubicándose el 70 por ciento de ellas en África.

El negocio prospera acorde al crecimiento del planeta, ya que según la misma institución, para el año 2050 habrán 9.000 millones de personas, lo que supone un crecimiento de la agricultura de un 50 por ciento.