Alto-Maipo-4* Versión traducida del inglés y ampliada del ‘Guest  Blog’ de Juan Pablo Orrego en http://www.internationalrivers.org/blogs/331-5

La empresa eléctrica norteamericana, AES Corp, que opera en 21 países a través de los cinco continentes, tiene una importante presencia en Sudamérica. En Chile, a través de un consorcio con la empresa chilena Gener, AES-Gener ha instalado 3.500 MW de potencia con 11 plantas termoeléctricas a carbón y diesel – una de ellas, Ventanas, la más grande del país con 884 MW – y 4 hidroeléctricas de pasada relativamente pequeñas. La más grande, Alfalfal, tiene una capacidad instalada de 178 MW.

Desde 2006, la empresa se ha embarcado en la construcción de una central hidroeléctrica altamente controvertida, Alto Maipo, con una capacidad instalada de 531 MW. En 2007, cuando el proyecto fue presentado, su costo estimado era de US$700 millones (M). Al 2014, éste se ha elevado a US$2.400 M. La producción estimada anual de la central declarada en el Estudio de Impacto Ambiental es 2.350 gigavatios hora año (GW/h/a). Sin embargo, investigaciones tanto gubernamentales como independientes sobre la decreciente hidrología de la cuenca – gravemente afectada por el cambio climático – demuestran que la generación real no sería más de 1.790 GW/h/a.

Técnicamente la central es considerada como ‘de pasada’, debido a que el proyecto no contempla una represa. Sin embargo, el proyecto capturaría más de 90% de las aguas de los principales afluentes del río Maipo en las alturas de su cuenca hidrográfica, y las transportaría a las turbinas a través de un túnel monumental de 70 km de largo y 6 m de diámetro, enterrado a una profundidad promedio de 800 m. El túnel llevaría 2 millones de m3 de agua – una cantidad tan enorme que puede ser descrita como una represa subterránea escondida.

El Maipo es el rio principal de la cuenca de Santiago y provee la mayor parte del agua potable y de riego a nuestra capital y áreas urbanas adyacentes, con 7 millones de habitantes. Además, la cuenca provee servicios ambientales vitales tales como producción y purificación de aire a una ciudad con una situación atmosférica crítica.

El Maipo es el rio principal de la cuenca de Santiago y provee la mayor parte del agua potable y de riego a nuestra capital y áreas urbanas adyacentes, con 7 millones de habitantes. Además, la cuenca provee servicios ambientales vitales tales como producción y purificación de aire a una ciudad con una situación atmosférica crítica. El Cajón del Maipo es rico en biodiversidad, tanto originaria como contemporánea, y un tesoro en términos arqueológicos y paleontológicos.

Los magníficos valles de la cuenca del así llamado Cajón del Maipo están habitados por 16 mil residentes, en aumento, y en ellos se ofrecen excelentes y diversos servicios relacionados con el turismo, gastronomía y recreación a miles de personas que buscan esparcimiento natural y alivio de los crecientes problemas de la megalópolis, tales como la congestión, la grave escasez de áreas verdes, y la pésima calidad del aire. Por supuesto, una de las actividades populares en la localidad es el deporte con balsas y kayaks en las aguas torrenciales del río.

Es evidente que lo único que debemos hacer con este complejo de valles que entrega tales servicios ambientales y sociales a millones de personas, es conservarlo, protegerlo y restaurarlo, para lo cual es indispensable limitar y regular finamente las actividades que aquí se desarrollan. Aquí no caben más proyectos industriales.

Queda claro entonces que respecto del proyecto Alto Maipo la autoridad no ha aplicado ni el más mínimo principio precautorio, dado que el mega proyecto hidroeléctrico pone en grave riesgo todo lo descrito anteriormente. Esto, como lo hemos visto demasiadas veces antes, es el resultado del accionar desconsiderado y abusivo de grandes empresas que actúan guiadas exclusivamente por sus intereses comerciales, en un país que ofrece nula regulación y monitoreo del desarrollo industrial.

Juan-Pablo-OrregoDe hecho, un proyecto tan descabellado y riesgoso como éste, con toda razón no estaba recibiendo apoyo financiero hasta que los Luksic, uno de los clanes más ricos y poderosos de chile, sustentado en la mega-minería, se asociaron con AES-Gener en el proyecto Alto Maipo, con una participación de 40%, y la adquisición de 160 MW (1.400 GW/h/a) para  una de sus minas de cobre, Pelambres, 200 km al norte de Santiago.  Poco después de la firma de este contrato, tres bancos chilenos – BCI, CorpBanca y Banco Estado- y seis extranjeros entraron en el juego: “Overseas Private Investment Corporation” (OPIC), Banco Interamericano de Desarrollo (IDB) y la Corporación Financiera Internacional (IFC) del Banco Mundial, los tres de EEUU, más Itaú (Brasil), Kfw (Alemania), y DNB (Noruega). ¡Tremendo poder el de los Luksic!

La electricidad destinada a la mina representa el 78% de la producción real estimada para la planta. Alto Maipo fue publicitado y vendido a la autoridad, a los financistas y al público como un proyecto de interés público, y como una fuente de electricidad para la siempre creciente ciudad Santiago. En realidad es un proyecto dedicado a una mina, por lo tanto, casi de exclusivo interés privado. ¿Por qué tales bancos, entre ellos OPIC del gobierno norteamericano, prestan dinero para este escandaloso esquema? Engaño sobre engaño. Los mega negocios de siempre.

Actualmente en Chile, así como en el resto del continente, el complejo energo-minero es responsable de los más graves procesos de devastación socio-ambiental. Bajo su embate, el norte de Chile – donde se ha concentrado históricamente la minería – está inmerso en una debacle socio-ambiental visible, palpable, dolorosa, incluyendo contaminación generalizada, pobreza, y una escandalosa precariedad en servicios públicos, tales como salud y educación.  A pesar de esto, el gobierno y el sector minero anuncian US$125 MM en ´inversiones´ (extracciones) para los próximos diez años – más de lo que el sector ha invertido durante los últimos 20 años. Hoy, la minería es responsable de al menos el 40% del consumo de electricidad a nivel nacional.  De este modo, generar electricidad para la minería, en base a fuentes convencionales, es uno de los mega-negocios en Chile. El despliegue de ambos sectores, hasta ahora  con escasos límites y regulaciones, está teniendo gravísimas consecuencias para el territorio, cuencas, ecosistemas, aire, aguas (superficiales y subterráneas), suelos, comunidades, e individuos.

Desde 2011, nuestro país está en un proceso de despertar – catalizado, sintomáticamente, por campañas ambientales tales como “Patagonia Sin Represas”, “Chao Pescao”, “No a la Central Castilla” y “No Alto Maipo”. A través de estos movimientos sociales, los ciudadanos y ciudadanas  no solamente nos estamos oponiendo a proyectos destructivos e innecesarios, sino también cuestionando el entramado constitucional y legal instalado en nuestro país durante la dictadura de Pinochet.

Desde 2011, nuestro país está en un proceso de despertar – catalizado, sintomáticamente, por campañas ambientales tales como “Patagonia Sin Represas”, “Chao Pescao”, “No a la Central Castilla” y “No Alto Maipo”. A través de estos movimientos sociales, los ciudadanos y ciudadanas  no solamente nos estamos oponiendo a proyectos destructivos e innecesarios, sino también cuestionando el entramado constitucional y legal instalado en nuestro país durante la dictadura de Pinochet – con la asesoría de Milton Friedman y la ideología de los Chicago Boys – que pone los ‘derechos´ de las corporaciones por encima de los de las personas, y de la integridad de los ecosistemas y de la biosfera como un todo.

Más y más personas se están oponiendo al proyecto Alto Maipo, que fue aprobado en forma irregular, a punta del poder político de las empresas e individuos involucrados en el negocio. Hay acciones legales pendientes… pero la batalla es desigual. Es un hecho público que la embajada de EEUU hizo presión a favor de AES-Gener ante las autoridades chilenas para la aprobación de unas de sus plantas termoeléctricas, que fue finalmente construida en un área saturada de contaminación (Puchuncaví-Ventanas).

El sábado 2 de agosto, decenas de  miles de personas, incluyendo representantes de 70 organizaciones sociales, marcharon a La Moneda en el centro de Santiago exigiendo la cancelación del proyecto Alto Maipo. Las protestas están escalando. Con toda razón.

Sin embargo el trabajo preliminar para el proyecto ya comenzó, con un avance, según la empresa de un 3%. En el valle pululan los trabajadores y técnicos de AES-Gener, y  el Camino Al Volcán es hoy un verdadero peligro público por la constante circulación de un enjambre de camionetas rojas y  enormes camiones transportando maquinaria pesada hacia el interior de la cuenca. A esto hay que sumar las cantidades de camiones que sin ninguna regulación horaria transportan incesantemente caliza y yeso hacia Santiago y otros destinos, y todos los vehículos particulares y públicos que transportan diariamente a residentes y trabajadores a pie. Esto se llama choque de vocaciones, y ausencia total de ordenamiento territorial. ¿Es posible conciliar la vocación residencial, turística y recreacional del Cajón del Maipo, así como su crucial rol en el abastecimiento de agua y aire para Santiago, con el desarrollo industrial a gran escala? ¿Quiénes están preocupados, siquiera, de esta dramática situación que afecta a tanta gente? ¿Dónde están las autoridades (intendente, gobernador, alcalde) y los legisladores del distrito? Totalmente ausentes, en otra, en la propia. En ‘su’ política. Como siempre.

¿Lograrán prevalecer la razón, la sabiduría y la voluntad ciudadana? ¿Qué están diciendo las montañas, los ríos, los cóndores y las voces antiguas? ¿Quién está escuchando?

Se necesita urgentemente apoyo nacional e internacional para llamar la atención sobre esta cuenca clave, gravemente amenazada, y para apoyar a las personas que están luchando por protegerla.