Rabindranath_QuinterosLa pregunta sobre el camino que seguirá el Partido Socialista resulta, al día de hoy, totalmente pertinente. Nos la hacemos los antiguos militantes -como quien escribe este artículo, que ha vivido episodios fantásticos y momentos dolorosos durante su vida partidaria-, y también se la plantean los jóvenes que se adhieren a los principios del socialismo.

La respuesta es compleja. No es cuestión de seguir una ruta ya trazada, supuestamente segura y conocida. No. Analistas, observadores y seguidores de la historia política contemporánea de Chile reconocen que estamos viviendo “un nuevo ciclo”. Tienen razón.

Nuestro triunfo contra la dictadura fue el triunfo de la libertad y de la consolidación de una cultura de derechos humanos y sociales que se encarnan sólidamente en la sociedad chilena. El PS ha sido, orgullosamente, parte de ese logro.

Pero en el Chile del siglo 21, la forma de entender el desarrollo económico-social y sus efectos en la sociedad desde la lógica del crecimiento como principal beneficio, ya está agotada, sencillamente porque ese crecimiento no se ha repartido con justicia.

“El socialismo chileno también debe ser capaz de recuperar su participación en el movimiento social y ayudar a restablecer el rol de las organizaciones sociales en la dirección y profundidad de los cambios.”

El PS ha planteado la necesidad de transitar desde el triunfo de la libertad a la lucha por la igualdad. Este tránsito, que es parte del nuevo ciclo al que nos enfrentamos, supone una transformación ética y cultural de nuestra concepción como Partido, de su vida interna y, por cierto, de sus capacidades de conducción.

Chile necesita un Partido Socialista moderno, más cercano con la gente, más humilde a la hora de reconocer sus errores, más fraterno para tratar las diferencias internas, más firme para enfrentar a quienes pueden caer en la lógica simplista de la administración de poder -desprovistos de objetivos y de los principios que el socialismo defiende-, más crítico de su propio actuar -incentivando el debate interno y el diálogo entre las corrientes internas- y más coherente para promover la lucha por la igualdad, develando los privilegios e inequidades presentes en todos los ámbitos de nuestra sociedad.

El socialismo chileno también debe ser capaz de recuperar su participación en el movimiento social y ayudar a restablecer el rol de las organizaciones sociales en la dirección y profundidad de los cambios. Las alianzas cupulares o políticas deben responder al sentir de la sociedad y no imponer acuerdos pasando por sobre la voluntad de la gente.

Para eso se requiere aumentar social y culturalmente nuestra política de alianzas y acercamientos con amplios sectores de la sociedad.

Todo esto nos llevará a construir un proyecto de país que nos guíe no sólo para los cuatro años de este Gobierno, que entendemos es nuestra principal tarea; un proyecto de país capaz de motivar a los jóvenes en los que prima la desconfianza; un proyecto de país que le dé sentido a nuestro trabajo colectivo, a los desvelos de los dirigentes de base y militantes que muchas veces sacrifican su vida familiar por asistir a reuniones hasta en el último rincón del país, para orientar, para convencer, para luchar del lado de la gente y para apoyar al Gobierno.

Se trata, en definitiva, de construir una forma distinta de encontrarnos como participantes de una organización que quiere poner su fuerza en la lucha por la igualdad.