RajoyEl resultado de tan gran calamidad es que quienes llegarán para sustituirlos en los gobiernos regionales desde el próximo más de mayo van a encontrarse unos territorios devastados, y una población agotada, empobrecida y desconfiada de cualquier directriz del poder político, incluyendo al que emergerá de las urnas. Ya llevamos a la espalda más de mil días de mentiras, de corrupción, de decir una cosa y hacer otra, de degradar lo público en beneficio de lo privado, de castigar a los débiles y vulnerables para beneficiar a los fuertes y poderosos. De seguir los dictados de los poderes más o menos oscuros que gobiernan realmente España y Europa.

Da igual que sea Càritas, que la FUNCA, que el Informe FOESA, que UNICEF, que la Red de entidades por la inclusión social, adscrita a la European Anti Poverty Network. Da igual que atendamos a las cifras de las entidades sociales o a las de los organismos públicos. Todo desmiente el discurso de los gobiernos del Partido Popular, ya sea el central, desde Madrid; ya sea el regional, como es el de Valencia. La crisis no sólo no ha acabado, no sólo no estamos recuperándonos, es que más allá de lo que digan las macroestadísticas, la grieta de la desigualdad que fractura nuestra sociedad es cada vez más ancha y profunda. Además, quienes quedan en la orilla mala del abismo sufren con más crudeza cada día el peligro de caer en la exclusión social.

Constatar cómo están los salarios, tras la reforma laboral del PP y la hiperflexibilización aparejada, produce escalofríos. Según la Agencia Tributaria, en 2013 había a España más de dieciséis millones y medio de trabajadores  activos. Más de un tercio, el 34%, recibió un salario máximo de 645 euros limpios al mes. Para tres millones y medio de trabajadores españoles el salario mensual no superó los 322,5 euros mensuales. De entre los restantes, casi ocho millones de asalariados percibieron el año pasado menos de 1.000 euros limpios al mes. Esta cifra supone el 46,4% del total de ocupados por cuenta ajena en España. La exclusión social, para muchos, es a estas alturas más que un riesgo. Es una realidad.

Ésta es una de las comunidades autónomas con mayor riesgo de pobreza y exclusión social en España, dado que ocupa el octavo lugar de las rentas más bajas y registra una tasa de pobreza y exclusión del 31,7 %. En el País Valenciano el incremento de la desigualdad ha sido superior a la media española, y esto por la progresiva reducción del PIB per cápita de la región desde el año 2008. El resultado final ha sido que la desigualdad ha crecido un 10,1 % entre 2008 y 2012.

La Fundación FOESSA y Càritas, en su Informe sobre exclusión y desarrollo social en el País Valenciano,  afirman que esta es una de las comunidades autónomas con mayor riesgo de pobreza y exclusión social en España, dado que ocupa el octavo lugar de las rentas más bajas y registra una tasa de pobreza y exclusión del 31,7 %. En el País Valenciano el incremento de la desigualdad ha sido superior a la media española, y esto por la progresiva reducción del PIB per cápita de la región desde el año 2008. El resultado final ha sido que la desigualdad ha crecido un 10,1 % entre 2008 y 2012.

El País Valenciano es una de las regiones más castigadas por la crisis desde el segundo trimestre de 2008, según la Fundación de las Cajas de Ahorros. En este periodo, la caída acumulada del PIB se ha situado cerca del 9%, la destrucción de la ocupación ha sido del 21% y la tasa de paro prácticamente se ha triplicado al aumentar del 10% al 29% de la población activa. Desde 2007, la valenciana es una de las comunidades que sufre mayor deterioro del IDH [hemos perdido seis lugares, pasando del siete al trece] en el cual se combinan indicadores de salud, educación y bienestar material. La bajada ha sido motivada por la fuerte caída de la renta y del gasto medio de las familias.

Según UNICEF, el 36,6% de los niños valencianos están en riesgo de pobreza y exclusión. Otros indicadores concretos son también pavorosos: el fracaso escolar es del 30,4%, 9 puntos por encima de la media española; y el abandono escolar es del 26,9%, 2 puntos por encima de la media estatal y 14 sobre la media europea. La privación material severa afecta al 9,7% y un 15,2% de los niños viven en hogares con muy baja intensidad de trabajo, con una tasa de desocupación que supera el 26%.

Los diversos informes también ponen de relieve que es el colchón familiar el que modera la extrema dureza de la situación. En tierras valencianas la red social próxima es intensa y plural, y es para muchas familias un tablón al que agarrarse frente a la tormenta de la crisis. De hecho, los valencianos contamos con una red social de apoyo algo más extensa que en el ámbito estatal, el 80 % de los hogares manifiesta tener ayuda (10 puntos más que en España).

valencia-estudiantas-protestas-31-580x342Pues bien, estas son algunas pinceladas que perfilan la región devastada que los gobiernos del Partido Popular van a dejar después de casi veinte años de someter el territorio a un saqueo sistemático, mezclado con una corrupción estructural y con una megalomanía de los dirigentes que llegaron a creerse todos sus delirios de grandeza.

Ahora se trata de saber qué van a hacer los partidos de la oposición, los que según las previsiones tendrán que encargarse de formar una mayoría parlamentaria en las Cortes Valencianas que propicie un gobierno que se encargue de la difícil tarea de la reconstrucción.

Es hora de hablar de esto porque ya cansa hablar del PP, del daño que nos ha hecho, de lo que ha saqueado, ha derrochado y ha arruinado, cómo ha escrito Mònica Oltra en un reciente artículo en L’Espill. Lo perentorio es explicar a los ciudadanos de este país que es lo que van a hacer quienes tomarán las riendas del País a partir del mes de mayo.

La dirigente de Compromís habla de poner en marcha una transición amable. Explica que el concepto significa que hay que transmitir a la sociedad que el centro de las políticas de ese nuevo gobierno de progreso serán los ciudadanos y las ciudadanas. Y añade que, para conseguirlo, habrá que desarrollar un discurso que mezcle un optimismo razonable y un racionalismo riguroso, y ello acompañado de una buena dosis de entusiasmo participativo.

No, no será fácil. En buena medida porque, cómo ha escrito la misma Oltra, el próximo gobierno de la Generalitat tendrá que hacer frente desde el primer minuto a dos emergencias: la social y la democrática. No será fácil, pero reconforta que alguien tenga estas ideas claras. Esperemos que sean las de la mayoría del nuevo equipo que tiene que revertir la situación de desastre estructural al que nos ha conducido de manera consciente el Partido Popular.