azulDespués de ese gol de Yávar contra Green-Cross Temuco en el Nacional, 1969, la “U” gritó campeón. Por esos años era un grito acostumbrado, fue el cierre de una década gloriosa, en la que un pueblo empoderado buscaba ferviente nuevos rumbos. La Universidad de Chile era un ejemplo de institución, influyendo transversalmente a la sociedad chilena.

Con ese triunfo fuimos a la Libertadores 1970, quizás la que ha estado más cerca de ser nuestra. En un partido de definición por la semifinal, en el último suspiro, vimos cómo Peñarol se llevó nuestro sueño continental. Y estuvimos cerca de la gloria nuevamente, terceros en el torneo nacional del ’70, segundo detrás de San Felipe en el del ’71, terceros el ’72. El ’73 ya bajamos de la mitad de la tabla, algo distinto se acercaba.

De ahí en más los triunfos fueron escasos, los logros menos importantes. En el Club pasaban tiempos oscuros, sufrimos viendo cómo la mayor institución del país era desmantelada, cómo las sedes estudiantiles de la Universidad de Chile en las principales ciudades del país se iban entregando a otros nombres, otras misiones, otros rumbos. Vimos cómo se fue alejando el Club de la Casa de Bello con la creación de la CORFUCH. Vimos cómo La Moneda intervenía con su descarado favoritismo dando el jugoso botín de la “U” a cercanos al dictador para que terminaran de sepultar al Club y su proyecto social.

Durante esos años, es sabido, la gente no se alejó de la “U”. Ante un panorama cada vez más oscuro, sería lógico pensar en el abandono. Pero de aquello, nunca supimos. “Oí del Ballet…”, oímos de su poderío, de su inteligencia, de su escuela. Oímos del Romántico Viajero demostrando su fuerza en el Giuseppe Meazza, o imponiéndose ante el Santos de Pelé. Pero sobre todo, oímos de otra forma de ser Club. Y ahí, en esos años turbios nos preguntamos: ¿dónde quedó la gloria?

“Después de llegar a primera división en 1938, la “U”, la gloriosa “U” se iba a segunda a fines de 1989. “Qué vergüenza” podrán haber dicho algunos… Algunos de los que nos ven de afuera, porque esa campaña en el ascenso fue la demostración de nuestra identidad: la “U” se plantó en segunda con la frente en alto, metimos los pies en el barro, luchamos, marcamos presencia en canchas insospechadas, hicimos carnaval en partidos sin expectativas. No duró mucho ese trance, porque volvimos”.

Fuimos los primeros en alzar la voz contra la dictadura. Fuimos ejemplo en levantar a nuestro equipo con la fuerza de nuestro aliento, una y mil veces. Fuimos los más porfiados, los más fieles. Y una prueba de fuego nos demostró que estamos para resistir lo que sea que venga. ¿Qué podía ser peor que descender? Después de llegar a primera división en 1938, la “U”, la gloriosa “U” se iba a segunda a fines de 1989. “Qué vergüenza” podrán haber dicho algunos… Algunos de los que nos ven de afuera, porque esa campaña en el ascenso fue la demostración de nuestra identidad: la “U” se plantó en segunda con la frente en alto, metimos los pies en el barro, luchamos, marcamos presencia en canchas insospechadas, hicimos carnaval en partidos sin expectativas. No duró mucho ese trance, porque volvimos.

Volvimos con más fuerza, sabiendo que ya era difícil caer más bajo, volvimos con más ambición. Todavía salvamos un año complicado, el ’91 aún supimos de la liguilla de promoción, pero el ’92, la Nueva “U” nos sorprendía con un cuarto lugar, y un recordado triunfo sobre el campeón de américa por 2-0 en el Nacional. La “U” volvía a pisar fuerte. Solo tardaría un par de años más en llegar a El Salvador un día 18 de diciembre de 1994, 25 años después del último logro del Ballet.

Y llegamos muchos para conquistar el desierto, con fiesta, regando las tierras más secas del mundo con lágrimas de sentimiento. Muchos, simplemente, se dijeron que podrían morir tranquilos. Volvimos a la gloria.

hinchas azulesPero la historia continúa, nos volvimos a acercar a la cima continental, y la mafia nos robó en Buenos Aires el ’96. Volvimos a dar la vuelta varias veces, y hasta nos hicimos fuertes en el hoyo de Pedreros. Pero el espejismo del respeto a las instituciones públicas se acabó y volvimos al rumbo que tomó este país bajo el atropello de los derechos humanos y sociales: la privatización a destajo. Si el carbón, la salud, la previsión, la energía, los teléfonos, si todo aquello fue privatizado a punta de fusiles, nuestro Club y el fútbol profesional fueron privatizados “a la buena”, en plena democracia. Así, Tesorería General de la República inventó una deuda que gatilló la quiebra, siendo la primera vez que un órgano del Estado pedía la quiebra de una corporación sin fines de lucro, la CORFUCH. Por mientras, en el congreso preparaban la ley que nos condenaba a perder voz y voto, y entregaba el manejo del Club a una empresa privada, con fines de lucro, donde el que tiene más acciones manda. Detrás de todos quienes confabulaban para llegar a esta realidad, estaban los mismos que siempre quisieron meterse a la CORFUCH y la miraban de lejos con sus millones y sus egos, sin soltar un peso por la Chile cuando más lo necesitaba. Así, fundaron Azul Azul, y ayudados por Roberto Nahum, un profesor de derecho de la mismísima Universidad de Chile, se apropiaron de nuestros emblemas y nuestro nombre, para llevar las riendas del equipo, de nuestro equipo de fútbol.

Pero, ¿dónde quedó el Club? ¿Dónde está la historia, el legado del Club? Y dónde estaba el Club cuando ocurrió el maldito saqueo, muchos nos lo preguntamos aún hoy. Así como cuando llegó la dictadura no supimos responder, cuando llegó la quiebra y la privatización parece que nos quedamos dormidos, y poco se logró frente a una maquinaria pesada, no de balas, pero sí de mucho poder. Algunos, hoy, derrotados, tiraron la esponja, con dos opciones: alejamiento o cinismo. Otros, hacen oídos sordos y se quedan con que la “U” es la “U” y basta. Otros… otros estamos aquí, día a día, hora a hora, minuto a minuto, viviendo esto que quizás es una condena, como lo fue la dictadura. Sí, estamos aquí, porque somos incondicionales, porque puede cambiar el escenario, puede haber democracia o dictadura, puede haber triunfos o derrotas, podemos romperla en un estadio histórico de Milán, o podemos empatar con lo justo en el Ernesto Alvear de la comuna de Laja en nuestro pasar por segunda, podemos ir más allá del horizonte y al volver encontrar todo distinto, todo, salvo lo que llevamos dentro. Somos incondicionales.

10734272_1533465140229628_1391468062387812722_nY si se trata de volver a la gloria, esta administración está asociada al primer grito de campeón continental de nuestro Chuncho, y recién hace escasas lunas y aún bajo su mandato, recibimos una estrella más. El éxito deportivo, con otras formas, con inversiones millonarias, con muchos jugadores formados fuera de casa pero enamorados de esta camiseta, con una barra que trasciende al mundo universitario que alentaba al Ballet, el éxito deportivo está nuevamente rondando a la Chile. Y no dejamos de emocionarnos con eso, imposible no vibrar con ese penal en el último suspiro en una tarde que nos tuvo en estado crítico por los nervios. Imposible, si somos la razón de que esos jugadores venidos de afuera corran más que en cualquier otra cancha, porque les transmitimos la entrega sin límites. Sí, somos responsables de los triunfos y de las derrotas, en la cancha y fuera de ella, nosotros, el tejido social que aparece en todas las canchas, en todos los pueblos y ciudades, presente en los más impensados rincones del planeta, esa red de románticos viajeros que llevan los estandartes como su tesoro más preciado. Imposible que no vibremos, si ese triunfo es nuestro, es de este mar de gente que le levanta la cara una vez y otra al equipo, que lo apoya en los errores, y lo celebra en sus aciertos. Nosotros también jugamos domingo a domingo, también jugamos por el simple hecho de “ser… un romántico viajero”.

Y claro, hoy, la administración del equipo de fútbol de la Universidad de Chile, en mano de Azul Azul, tiene la toma de decisiones secuestrada en tecnocráticas oficinas donde unos pocos, no elegidos si no que impuestos, ofician por el bien de sus bolsillos, y quizás por el bien de los logros deportivos también. Pero, por la institución, no lo hacen: la Universidad de Chile es pública, es un plantel educativo, y no puede cerrarle las puertas a nadie, así sea la presidenta o un presidiario, así sea un docente o un funcionario, así sea cesante o empresario, así sea barra brava o revolucionario. La Universidad de Chile no puede ejercer derecho de admisión, sino que debe preocuparse del derecho a la educación, a la educación integral, de sus jugadores, de sus estudiantes, de sus hinchas, de la sociedad. De los individuos y de las masas. De los pijes nacidos en cuna de oro y de los guarenes de campamento. Y más si todos ellos se identifican con el Chuncho, con la “U”, con el color azul.

“Un Club no es una administración, un Club es ese tejido social que empuja al equipo, un Club es esa identidad albergada en nuestros corazones y mentes, un Club es un grupo humano donde todas y todos valen lo mismo”.

Somos la “U”, que no se le olvide a nadie. Y la “U” somos todos. La “U” no es un presidente del directorio de una empresa que toma decisiones acertadas con el aval de una billetera infinita, la “U” es mucho más que eso. Un Club no es una administración, un Club es ese tejido social que empuja al equipo, un Club es esa identidad albergada en nuestros corazones y mentes, un Club es un grupo humano donde todas y todos valen lo mismo. Y si bien hoy, a la gran masa de corazones y mentes azules nos tienen exiliados de la sala de controles de nuestro barco, nuestro único barco en el inmenso océano, a la larga no hay quien pueda con esta hinchada. Sabemos de revertir la adversidad, sabemos dar vuelta los resultados, que no se le olvide a nadie.

Volveremos a ser libres, volveremos a ser Club. No será en 90 minutos como estamos acostumbrados, y puede que muchos de nosotros no lleguemos a esa cita. Por eso solo nos queda sembrar el desierto, porque muchos sí van a llegar, así sea nuestra generación o la de nuestros hijos, o la de nuestros nietos, pero vamos a volver. Y si alentamos 25 años para dar la vuelta, aquí estaremos luchando los que sean necesarios para recuperar el Club.

¿Y tú, puedes vivir tranquila viendo a la “U” lejos de su espíritu? ¿Puedes respirar tranquilo con la “U” privatizada? ¿Podrás descansar en paz con el Club arrebatado de sus hinchas?

IV Asamblea Hinchas Azules. 13 de diciembre 2014. La Historia es nuestra.