Según la organización, la brecha entre ricos y pobres está en su punto más alto en la mayoría de países de la OCDE en 30 años. “Hoy en día, el 10% más rico de la población en la OCDE  gana 9,5 veces más que el 10% más pobre”, asegura el documento.

Desde su ingreso a la OCDE, Chile ha liderado el ranking de la desigualdad entre los países del círculo. Chile es el cuarto de los 34 países miembros con una mayor proporción de pobres, en concreto 18 por ciento de la población con ingresos inferiores al 50 por ciento de la media, según los datos de 2010.

En un nuevo informe para todos los países pertenecientes a la cooperación, se detectó un incremento en el Coficiente de Gini, una medida que mide la desigualdad de manera más amplia (que va desde cero, donde todo el mundo tiene ingresos idénticos, a 1, en donde todos los ingresos va a sólo una persona). Los ingresos del 10% inferior de los asalariados crecieron mucho más lentamente durante los años prósperos y cayeron durante las crisis económicas.

 

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Desigualdad y Crecimiento

El informe destaca la relación entre el aumento de la desigualdad y la disminución del crecimiento económico en la mayoría de los países. El aumento de la desigualdad por 3 puntos Gini, arrastra hacia abajo el crecimiento económico en 0,35 puntos porcentuales por año para 25 años: lo que da cuenta de una pérdida acumulada del PIB al final del período.

El aumento de la desigualdad se estima que ha restado más de 10 puntos porcentuales de crecimiento en México y Nueva Zelanda, casi 9 puntos en la Reino Unido, Finlandia y Noruega, y entre 6 y 7 puntos en los Estados Unidos, Italia y Suecia. Por otro lado, una mayor igualdad antes de la crisis ayudó a aumentar el PIB per cápita en España, Francia e Irlanda.

El factor más importante para el impacto de la desigualdad sobre el crecimiento es la brecha entre el ingreso de los hogares más bajos y el resto de la población. Sin embargo, el efecto negativo no es sólo para los deciles más bajos, sino que afecta los cuatro deciles inferiores de la distribución del ingreso, es decir, a la clase media.

El documento recomienda que “estos hallazgos implican que la política no debe (justo) ser sobre la lucha contra la pobreza, sino que también tiene que ser sobre la dirección de los bajos ingresos en general”. Los programas contra la pobreza no serían suficiente, según señala la OCDE y apunta a superar las transferencias de dineros (bonos) y “aumentar el acceso a los servicios públicos, como la educación de alta calidad, la formación y la salud, ya que son una inversión social esencial para crear una mayor igualdad de oportunidades en el largo plazo”.

Educación

El documento encuentra nuevas pruebas de que el principal mecanismo a través del cual la desigualdad afecta el crecimiento es el desincentivo de las oportunidades de educación para los niños de antecedente socioeconómicos pobres, ya que disminuye la movilidad social y obstaculiza el desarrollo de competencias.

“Las personas cuyos padres- asegura el texto- tienen bajos niveles de educación, ven que sus resultados educativos se deterioran a medida que la desigualdad de ingresos se eleva. Por el contrario, hay poco o ningún efecto en las personas con niveles medios o altos de formación académica de los padres”.