fundación sol que no te vendan tus derechos150 años atrás si una familia de trabajadores daba a la luz un hijo, muy probablemente ese hijo iba a morir muy pronto porque las tasas de mortalidad de los niños eran altísimas. Si ese mismo trabajador se accidentaba, perdía el salario y con eso la posibilidad de sustentar a su familia o si se enfermaba, no había posibilidad de atención gratuita porque no existía un sistema público de atención ramificado en el territorio. Si ese trabajador lograba alcanzar una edad mayor no podía dejar de trabajar para descansar dado que no había sistema de pensiones. Si quería quejarse públicamente de esta situación, probablemente no podía dado que no sabía leer ni escribir porque nunca había ido a una escuela. 150 años atrás la salud, la educación y la previsión social eran bienes de mercado que solo los más ricos, los aristócratas y los propietarios de industrias, podían permitirse. A ellos les bastaba pagar para tener garantizadas la vida, la salud, una vejez decente y una educación de nivel internacional.

Esta situación lentamente comenzó a cambiar gracias a la autorganización de los trabajadores. Los artesanos, desde la mitad del siglo XIX, dieron vida a sociedades de socorro mutuo que apuntaban a hacerse cargo de la salud integral de sus pares y de sus familias. Estas sociedades garantizaban a sus socios el pago de servicios de funeral y entierro, para una muerte digna; y una pensión para aquellos socios que por motivos de accidentes, enfermedades o paro no podían seguir trabajando. También se hacían cargo de la atención médica de los socios y de sus familias, garantizando que visitadoras y médicos comprometidos acudieran a sus casas. Más en general, el socorro mutuo se hacía cargo de la “regeneración del pueblo” enriqueciendo su vida cultural, organizando escuelas para la alfabetización, organizando orquestas de música, conciertos y espectáculos de teatro. Estas experiencias supieron reconstruir los vínculos de solidaridad y fortalecer la organización popular como alternativa a la sociedad desgarrada de la época.

Gracias a este impulso fue tomando forma un sujeto colectivo que apuntaba a cuidar la vida del pueblo chileno en su totalidad, reivindicando que aspectos básicos de la vida humana no podían someterse a la expansión indiscriminada de las lógicas de mercado. El trabajo en este sentido, organizado en sindicatos, cooperativas, socorro mutuo, dejaba de ser considerado una mercancía para proponerse como espacio colectivo en el cual construir otro tipo de sociedad: más justa e igualitaria. Los gobiernos lentamente se vieron empujados a recoger estas aspiraciones y contribuyeron a conformar en Chile, durante el siglo XX, sistemas de seguridad social y de educación públicos.

Las reformas de la dictadura borraron los logros pasados y reafirmaron autoritariamente la primacía del mercado y de sus leyes  sobre nuestras vidas. Las privatizaciones de los sistemas de pensiones, de salud, de educación y la violenta reforma del modelo de relaciones laborales conocidas entre los años ’70 y ’80, volvieron a instalar una realidad de supermercado en la cual la vida se transa según las reglas de la compraventa.

Las reformas de la dictadura han cambiado radicalmente este panorama, borrando los logros pasados y reafirmando autoritariamente la primacía del mercado y de sus leyes  sobre nuestras vidas. Las privatizaciones de los sistemas de pensiones, de salud, de educación y la violenta reforma del modelo de relaciones laborales conocidas entre los años ’70 y ’80, volvieron a instalar una realidad de supermercado en la cual la vida se transa según las reglas de la compraventa: nacer tiene un precio, vivir de forma saludable tiene un precio, envejecer de forma digna tiene un precio, tener una buena educación tiene un precio. Y en un país donde actualmente el 70% de los trabajadores gana menos de $425.000 líquidos, esos derechos han vuelto a ser un privilegio para pocos.

Al contrario: salud, pensiones, educación y trabajo digno son bienes que no tienen precio y no pueden depender de los ingresos monetarios que recibamos. ¡Los derechos económicos y sociales nos pertenecen más allá de nuestra capacidad de pago y no están a la venta!

Para impulsar la necesidad de fortalecer estas posiciones en el debate público, Fundación SOL está lanzando una campaña bajo el lema “¡Qué no te vendan tus derechos!”, a la que se han sumado organizaciones sociales y de trabajadores sensibles y activos en la defensa de los derechos económicos y sociales.

No todo está perdido. Como 150 años atrás, la vía de salida no está en el camino individual, en el endeudamiento que esclaviza mientras otros viven en el privilegio. Como nuestros antepasados nos enseñan, la solución está en la organización colectiva, en la reconstrucción de la solidaridad, en la idea de que no pueden hacer mercado de nuestras vidas.