plaza_armasDesde los celtas hasta la Coca Cola, la forma en que se vive la navidad se ha transformado a lo largo de los años y cada año hay novedades que hacen de la festividad católica más famosa, una tradición ineludible incluso para quienes no lo son. Cada cultura comparte lo básico, pero lo vincula con sus propias identidades. La costumbre para la navidad ha cambiado con el tiempo en nuestro país, hasta dar lugar a una navidad que no existe en ninguna otra parte: una navidad a la chilena.

La Navidad de la Alameda

navidad 1890Efectivamente en Chile existió una forma distinta, quizás más criolla para celebrar la navidad. Antes del viejo pascuero y el arbolito de pino, el natalicio de Jesús se celebraba de manera pública y se compartía con desconocidos.

Olaya Sanfuentes, académica del Instituto de Historia de la Universidad Católica, señaló en un articulo en la revista Mensaje que “la gente entregaba lo mejor de sí misma, que era el concepto de regalo que había en ese momento, y ofrecía las mejores cosechas de la primavera, entonces la gente se regalaba duraznitos, peras, ciruelas, guindas, o ramitas de albahaca, flores, pero no estos regalos costosos que se hacen hoy día”, comentó.

En el siglo XIX se desarrollaba un carnaval navideño en La Alameda, donde las personas se instalaban a ofrecer sus frutas y flores cosechadas. La investigadora cuenta que “había fondas, puestos de frutas, puestos de fritanga, de mote con huesillos, de helados caseros y la gente toda se paseaba allí en este ambiente carnavalesco. Era una fiesta bien popular y bien puertas afuera, a diferencia de hoy en día que es adentro de la casa”, sostuvo.

Los arboles que se adornaban no eran los pinos, sino los duraznos o el árbol frutal que hubiese en las casa. Después de la Misa del Gallo las familias caminaban hacia las fondas y ramadas como la de Villegas, la de Silva o la de la Peta Basaure, ubicadas en las calles transversales a la Alameda, o se iban a las fiestas que se organizaban en otros sitios como el cerro San Cristóbal o el Parque Cousiño. “Bailaban de todo: cuecas, tonadas, valses, y los niños bailaban con los grandes y había cantoras y cantores, y se tomaba chicha y ponche”, asegura la autora, quien comenta que “al amanecer y terminada la jarana, algunos se dirigían al Mercado Central, donde comían cazuela de ave, caldo de cabeza, caldillo de congrio y mariscos”.

Oh calurosa navidad

viejito apscuero chilenoActualmente la importación de los códigos del norte del planeta es la característica de nuestras navidades. Pero aún así las hemos vinculado con nuevas costumbres que configuran la Navidad a la chilena.

El verano es una de las principales características que marcan nuestras festividades. A pesar de tener más de treinta grados de calor, decoramos nuestras casas y lugares de trabajo como si viviéramos en un pueblito en medio de un bosque nevado. Pero esa contradicción nos da risa y de hecho la frase “más cagado de calor que el Viejito Pascuero”, se repite año a año.

Pero sin duda, el ingenio y la picardía chilena alcanzan su máxima expresión cuando miles de padres y madres se las ingenian para sortear victoriosos el problema del “Viejito Pascuero”. Hay que sacarse el sombrero ante muchos que a veces no tienen el dinero o no encuentran el regalo deseado de sus hijos.

La creatividad es un talento, como el de una mujer que hizo que su amigo llamara a su hijo haciéndose pasar por el anciano de los regalos. La impresión de ese niño hizo que pasara a segundo plano el hecho que lo llamaron para explicarle que no podría llegar con su bicicleta en esa navidad. Hay otros padres que deben ingeniar un escondite para los obsequios,duraznos-con-crema-2 sobretodo para aquellos que aún esperan expectantes verlo descender en su trineo.

Sin embargo, una de los grandes dilemas de la Navidad es la siempre difícil decisión de con quien cenar. Los hijos de padres separados, con los “tuyos o los míos” o visitar a la tía abuela que se quedó solita. Hacer calzar los horarios y reuniones es lejos de lo más tedioso, pero común en nuestras navidades. Más allá de eso, el día 25 más que el natalicio, debiese llamarse “el día para probar los regalos y visitar a los que no alcanzaste a ver”.

Pero por lejos, por lejos, lo más chileno de nuestra chilena navidad es comprar los regalos a última hora. No hay explicación lógica para tremenda hazaña: conseguir los regalos que te faltan después de la pega en pleno centro de Santiago. Sin el regalo atrasado, el pollo o pavo asado, el durazno en conserva, los villancicos de supermercado, el viejito pascuero muerto de calor y la cola de mono, la navidad no sería navidad a la chilena.

Faltaba algo: éste es el único lugar del mundo donde la policía agarra a lumazos al Viejito Pascuero. Por apoyar al movimiento estudiantil.