arancelesIndudablemente es importante que el actual conflicto por el alza de aranceles y derechos de matrícula en distintas universidades privadas sea resuelto en lo inmediato para no seguir aumentando el peso que los estudiantes y sus familias deben cargar para acceder a la educación. Sin embargo, nos parece relevante detenernos en una oportunidad que se abre a la luz de este conflicto, que es la de reconocer que las demandas de estudiantes de universidades privadas y tradicionales tienen su origen en las lógicas de mercado que rigen transversalmente a la educación chilena y que para superarlas se requiere unidad y amplitud dentro del movimiento por la educación.

Hace cuatro años, la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica de Valparaíso comunicaba a las asambleas estudiantiles que las autoridades universitarias, en el marco de la fijación arancelaria, señalaban que las alzas, además de contemplar la variación del IPC, incorporaban componentes propios de las lógicas de mercado, como era la idea de que si se tenía los aranceles más baratos en determinadas carreras en comparación con otras universidades de la región, la PUCV daba una imagen de menor calidad. El malestar en el estudiantado ante tan sincera aclaración de criterios de competencia comercial no se haría esperar y el año 2011 el fin a la mercantilización de la educación ocuparía el corazón de las demandas del movimiento encarnadas en el fin al lucro y la educación gratuita.

Hoy con nuestro diagnóstico claro, no requerimos de tales arranques de sinceridad para saber que hay detrás de la falta de criterios públicos para la fijación arancelaria o en la falta de transparencia de los costos reales de educar a un estudiante, ya sea en universidades privadas o tradicionales. Durante años han tenido libertad para cobrarnos lo que les parezca a costa de nuestros anhelos por una buena educación, llegando a cifras exorbitantes en la universidades privadas que resultan ser las que reciben a la mayor parte de la matrícula de educación superior y de los sectores más pobres de la población.

En este sentido, el movimiento estudiantil mira con profunda decepción que hasta ahora la verdadera voluntad del gobierno de la Nueva Mayoría, más que terminar con el mercado de la educación, sea regularlo.

Esto debe terminar si queremos avanzar hacia garantizar la educación como un derecho, pero lamentablemente el curso que ha llevado la reforma educacional y el trato preferencial que se le ha dado a los empresarios de la educación no apunta en esa dirección. En este sentido, el movimiento estudiantil mira con profunda decepción que hasta ahora la verdadera voluntad del gobierno de la Nueva Mayoría, más que terminar con el mercado de la educación, sea regularlo.

La unidad política transversal de los actores de la educación, independiente del régimen de propiedad de las instituciones de educación superior, resulta clave en este punto ya que las profundas diferencias en las concepciones de lo que debe ser la educación que se sostienen entre el mundo social y los auto denominados “emprendedores de la educación” no dejan espacio para posiciones intermedias. De esta manera: o se gobierna para los intereses del empresariado educacional y se mantiene la educación como un negocio o se gobierna considerando el protagonismo del movimiento estudiantil y se sientan las bases para garantizar la educación como un derecho social universal.

1459094_367365816758342_4507533009737406613_nNecesitamos detener las alzas de aranceles, no podemos seguir permitiendo este verdadero asalto a las billeteras de nuestras familias mientras esperamos la promesa de la educación gratuita. Pero este desafío implica la voluntad de cambiar el paradigma que rige al sistema educacional. No queremos volver a ver las manos alzadas del año 2006 anunciando cambiar todo sin cambiar nada, ni que se aumenten las transferencias de dinero público a privados mientras la banca silenciosamente se apropia del fruto de nuestro trabajo futuro a través de la deuda.

Para eso las y los estudiantes de todo el país, debemos reconocer que somos iguales por la lógica bajo las cual nos cobran un arancel que diferentes por a quién se lo pagamos. Sólo de esta manera, seremos una sola voz en las calles este 2015 para hacerle frente a la mercantilización de nuestras vidas y demostrar que no estamos disponibles para más promesas rotas.