No se podía estar quieto. Había hecho el intento de dormir un rato para apaciguarse, pero el sueño se le había ido. También se le había ido el hambre. No tenía ganas de nada. Sólo de vivir. Ahora que sabía bien a bien que lo iban a matar, le habían entrado unas ganas tan grandes de vivir como sólo las puede sentir un recién resucitado.[1]

Juan Rulfo

Francisco Bilbao altaQue los nueve tomos de las Obras Completas de un autor partan por el cuarto volumen no solo es indicativo de la destacable cantidad de escritos del autor en cuestión, del destacable entusiasmo de sus editores o de la igualmente destacable osadía del proyecto editorial de El Desconcierto. También deja entrever, me parece, cierta presencia errática de un autor que, cientosetenta años después de su aparición, recién comienza a prometer su aparición. Y es que la presencia de Bilbao en la historia de Chile, como escritor y actor político en su vida, como obra por leer y hombre por recordar tras su vida, ha desaparecido y reaparecido una y otra vez, como si no acatase las conjuras de un orden que cree poder no contar con él hasta hacerlo desaparecer, contra lo cual, con impertinencia, Bilbao retorna. Ya Sarmiento, antes del primer intento de silenciar a Bilbao, expresa esta posición al cuestionar la aparición de quien considera un autor infantil, y un texto indigesto: “¿Qué ha ganado Chile con la Sociabilidad Chilena? ¿Las ideas liberales han progresado por ella? Y al ver los resultados que produjo, ¿puede llamarse pertinente aquella mal preparada producción?”.[2]

Impertinente, podríamos especular, es quien aparece cuando no se lo quiere, y Bilbao lo sigue siendo para el liberalismo, harto después de los rechazos del argentino. La crítica de quien nos reúne a la desigualdad parece suturar los espejeos entre conservadores y liberales, en nombre de otra justicia que sigue siendo esquiva. A principios del siglo XX, Recabarren destacó su proyecto igualitario, cribado en propuestas tan liberales como podían serlo en su contexto histórico[3], que harto exceden al viejo liberalismo o al nuevo, con tanto de viejo, neoliberalismo. Es notable, en ese sentido, la sinceridad con la que Alfredo Jocelyn-Holt, ante la publicación de algunas obras de Bilbao el 2008, se refiere a las incomodidades que sigue generando su obra: “Encuentro que tiene tanto que ver con nosotros como el ropero de la abuela. Es decir, algunos piensan que es un cacho, que estorba, y parten con él todo apolillado al Persa de Franklin donde otros van, lo rescatan y llevan a casa como reliquia única”.[4]

Si el orden decimonónico optaba por desaparecer la impertinencia, los deseos actuales del consenso tienden al deseo de hacerla pertinente. Así, cuando José Miguel Insulza comenta la reaparición de Bilbao en 1998, destaca de su obra que considera simultáneamente romántica y realista (sic) que en Bilbao, a diferencia de Arcos, no exista ningún proyecto centralizado de “ingeniería social”.[5] Bilbao allí reaparece como antecedente liberal antes que socialista, lo que parece radicalizarse, más impúdicamente, cuando el movimiento Red Liberal, quince años después, inicia su propuesta de Manifiesto Ideológico con una cita de Bilbao.[6] Que socialistas y liberales destaquen al mismo autor no solo demuestra lo poco que hoy se diferencian en su defensa del orden, cuestión que Bilbao harto contribuyó a pensar a propósito de los partidos hegemónicos del orden decimonónico, sino también que los destinos de su escritura, como los de cualquier escritura, no puede estar garantizada de antemano: “tampoco los enemigos estarán a salvo del enemigo cuando éste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer”.[7]

Menos seguridad aún podría tener Bilbao si recordamos que sus escrituras resultan tan complejas como dispersas, lo cual permite tanto esa fácil apropiación como también otra lectura posible, capaz de sacudirla de cualquier destino, y de cualquier chance neoliberal. Esa es la tarea de quienes, gracias a esta edición, podemos releer a Bilbao. A saber, la de hacer reaparecer a un Bilbao que siga resultando impertinente. Habrá que ver qué antipatías suscita esta nueva edición de Bilbao, que viene a mostrar muchísimas más obras de las que antes habían aparecido. Ya el primer texto complicado refiere justamente a la aparición incompleta, a partir de la descripción de la llegada del hombre europeo sin que haya aparecido el Evangelio. Este, según Bilbao, aparece en la resurrección de la América como una visión del Cristo transfigurado en la montaña. Desdoblada, la aparición no es la de quien retorna como presencia, sino quien abre el futuro. Por ello, según sostiene Bilbao de modo harto problemático, se diferencia de la palabra indígena que, para Bilbao, parece ya perdida para siempre: “Oigo las voces de generaciones extinguidas. Pueblos de México y Perú, ¿dónde estáis?”.[8]

Es justamente la reciente experiencia del pueblo de México la que nos obliga a retomar el debate, de larga data y necesidad en el Chile reciente, a propósito de la desaparición. Y parte de lo que reaparece de Bilbao en el libro que hoy celebramos, en dos breves textos acerca de los estudiantes y de la realidad mexicana, nos puede ayudar a pensar en tan macabra situación. Es sabido que Bilbao, ante la invasión francesa a México, dedica largas reflexiones a la situación americana a partir de aquel país. Su causa, sostiene en uno de los textos aquí compilados, es la de la humanidad emancipada.[9] Y quizás hoy más que nunca resuenen con ese tono profético con el que los textos de Bilbao no dejan de coquetear, ante la coyuntura de una humanidad masacrada, y ya no por el invasor colonial, sino por la máquina del Estado a la que Bilbao dedica, simultáneamente, tantas críticas y tantas esperanzas. Allí, Bilbao piensa la política como una fraternidad por venir que harto dista de la amenaza del México contemporáneo, bien descrita por el escritor Juan Villoro, de la política como rito funerario.[10] Esta aparición de la barbarie en la civilización, y en nombre de la civilización, no fue del todo desconocida para Bilbao. Ante la invasión francesa, el autor describe la retahíla de representaciones de la violencia que acompañan la violencia, en nombre de la civilización: “Hemos visto, o nos hemos figurado, (en nuestra tierra, en nuestra patria y algún día por una reclamación Jecker), las bombas hundiendo nuestros techos, aplastando nuestras familias, y nuestras madres sin hogar, o sobre sus escombros, esperar la muerte del hombre o de la metralla, porque así y para nuestro bien lo ha decretado el emperador de los franceses”.[11]

La cita reciente proviene de uno de los tantos textos del libro que no habían aparecido después de su publicación primera, en Buenos Aires y Santiago en 1863. Allí, Bilbao contrapone la política como rito de la muerte a la posibilidad de otro rito de la muerte, capaz de afirmar la vida en doble oposición al rito conservador religioso y a la destrucción colonial. Así, Bilbao describe el carácter sublime de los funerales, explicado por la capacidad que le da al hombre, en todo tiempo y lugar del hombre, de afirmar de su ser. Esta espectral reaparición del desaparecido insiste en los funerales, contra el olvido, en sus memorias incluso cuando ese cuerpo no está, acaso especialmente cuando ni siquiera ha estado.

De ello se trata, en tanto extensión de la fraternidad, la política para Bilbao. Al hermanar históricamente lo naturalmente separado, la política permite a Bilbao, y esto obviamente ha de abrir una discusión más extensa, incorporar al desaparecido en el nuevo cuerpo que se construye en su nombre. Efectuando un pacto de fraternidad y solidaridad entre vivos y muertos, ante certezas y misterios, los hombres se despiden recordándose, con una fraternidad que excede a los presentes. La potencia que allí se abre es la que permite, para Bilbao, el funeral en otro lugar, de un hombre que no se ha conocido, como forma de hermanarse con él. Es por ello que Bilbao resalta el funeral realizado en Buenos Aires a los caídos en la defensa de Puebla ante la invasión francesa. Allí, narra Bilbao, se construye un monumento fúnebre que deja su puerta sepulcral entreabierta para indicar la cercanía de una gesta aún abierta, y la unión entre los muertos que allí comparecen y los vivos que extienden su solidaridad a los muertos, bajo las miradas de las banderas de Argentina y México: “no hay frontera para los republicanos, los vivos extienden su mano a los muertos”.[12]

“Bilbao vuelve a ser impertinente con los estrechos márgenes del orden liberal y sus nuevas rostros neoliberales y las desapariciones que no han dejado de acompañar su despliegue.”

Es claro que la solidaridad internacional, la que hoy sigue siendo tan necesaria, es pensada para Bilbao como solidaridad entre naciones, pero también a través de una experiencia que aspira a conformar un pueblo latinoamericano más allá, y más acá, de una y otra nación. El un texto escrito cinco días antes del recién citado, el chileno Bilbao describe aquella tentativa al hablar, a los estudiantes de la Universidad argentina, sobre México, en un discurso que parece disolver tales apelativos al insistir en el universalismo que pone del mismo bando a la crítica universitaria y el posicionamiento anticolonial. El texto parte describiendo el carácter necesariamente universal de la Universidad, al punto que explicita que la idea de la Universidad es la todas las Universidades. Es decir, que la Universidad que se precie de ser tal ha de pensarse, y con ello a pensar a las Universidades, a partir de un lazo eterno con la eternidad de la razón, irreductible, desde Bilbao, a lengua o tierra alguna. De ahí que la Universidad que sea fiel a sí misma no es la que describa su presente, sino la que anuncie una universalidad aún desconocida.

En la Universidad debe aparecer, entonces, lo que aún no ha aparecido. Incontenible por alguna nación o credo, lo universal es su base, dice Bilbao, y el universo su término. Esa promesa ha sido, una y otra vez, heredada por los estudiantes, cuya reciente entrada a de la institución, y uno puede aquí rápidamente pensar en la traumática experiencia del propio Bilbao en la Universidad de Chile, los lleva a comprometerse con las causas de la humanidad. Son, dice, la tribu sagrada de la democracia, como si no pudieran sino hermanarse con ella, afirmarla una y otra vez: “En todo tiempo, la idea de justicia, la idea progresiva, la ida humanitaria, y los sentimientos sublimes que rejuvenecen a la humanidad, el patriotismo, la abnegación, el sacrificio, es en la juventud de las universidades que han vivido y allanado el camino de las grandes revoluciones que preparan la soberanía y fraternidad de las naciones”.[13]

La concreción de la universalidad en política significa, para Bilbao, la democracia. Esto es, una República en la que se garantice la libertad de los hombres, desde los vínculos sociales y políticos que constituyen, superando cualquier posible individualismo, la vida en común de un orden moderno. Es esa idea la que se ataca en México, atacando simultáneamente a las luces en cualquiera de sus lugares, puesto que la democracia no es una idea de uno u otro lugar. En ese sentido, la solidaridad internacional no se explica por la colaboración con una causa o un pueblo distinto, sino como defensa de las nuevas ideas de los nuevos pueblos que se sobreviven al amparo del ideal universal: “México es independencia. México es República. México es América. Independencia, República y América deben pues alzarse y decir al invasor: la causa de México es la de todas las Repúblicas”.[14]

Con ello, Bilbao no solo describe la invasión, sino que llama a tomar partido contra ella. Entusiasmo y republicanismo, escribe al cerrar el texto, es lo que se tiene derecho a exigir de un estudiante, y es lo que Bilbao pide, en defensa de la democracia y la Universidad, defensa que para Bilbao es una. Y también, por cierto, nos permite comprender también las situaciones del presente, y acaso del futuro, de un continente que no ha sido uno y de Repúblicas que no han sido las de la universalidad, al punto que quizás lo que hoy debemos rescatar es su entusiasmo para pensar contra las Repúblicas que, con Independencia política, heredan la violencia de los colonizadores. Si debemos agradecer, y mucho, a los editores por este proyecto no es solo por la posibilidad de leer más y mejor a Bilbao[15], lo que ya resulta infinitamente valioso, sino por la insólita importancia que pueden tener textos como los recién citados para comprender los presentes dilemas, políticamente tan cruciales, de la Universidad y la democracia en el país y el continente. Allí, Bilbao vuelve a ser impertinente con los estrechos márgenes del orden liberal y sus nuevas rostros neoliberales y las desapariciones que no han dejado de acompañar su despliegue. Con la reaparición de Bilbao, y ciertamente más allá de él y las figuras nacionales en las que busca hacer aparecer la universalidad, aparece entonces otra forma de pensar, contra la desaparición, en las nuevas apariciones por venir, en las nuevas figuraciones del porvenir. Habrá que hermanarse, entonces, con Bilbao, más allá de toda fraternidad. Es decir, una y otra vez, leerlo.

 

NOTAS

Texto leído en el lanzamiento de Francisco Bilbao. Edición de las Obras C0mpletas. Volumen 4. Rafel Mondragón y Álvaro García San Martín (editores). Ediciones El desconcierto. Santiago. 2014

[1] Rulfo, Juan, “Diles que no me maten”, Toda la obra, CEP de la Biblioteca Nacional, Madrid, 1997, p. 93.

[2]Sarmiento, Domingo Faustino, Obras. Tomo X, Imprenta y Litografía Mariano Moreno, Buenos Aires, 1890, p. 360

[3]Recabarren, Luis Emilio, “Informe sobre el movimiento obrero”, en http://archivohistoria.blogspot.com/2010/11/informe-sobre-el-movimiento-obrero.html

[4]Jocelyn-Holt. Alfredo, “Una sopa de letras”, La Tercera, 3 de agosto del 2008

[5] Insulza, José Miguel, “El regreso de Francisco Bilbao”, La Nación, 30 de agosto de 1998, p. 5

[6] http://es.slideshare.net/dmimica/manifiesto-red-liberal

[7] Benjamin, Walter, “Sobre el concepto de historia”, en Dialéctica en suspenso. Fragmentos sobre historia, LOM, Santiago, 2009, p. 42

[8] Bilbao, Francisco, “El libro en América”, en Obras Completas. Volumen IV. Iniciativa de la América. .Escritos de filosofía de la historia latinoamericana y correspondencia con Lamenais, Quinet y Michelet, El Desconcierto, Santiago, 2014, p. 38

[9]Bilbao, Francisco, “La América en peligro”, en Ibid p. 283

[10]Villoro, Juan, “Yo sé leer”: vida y muerte en Guerrero”, El País, 30 de octubre del 2014

[11]Bilbao, Francisco, “Los funerales”, en Op. Cit., p. 293

[12]Ibid, p. 292

[13]Bilbao, Francisco, “A los estudiantes de la Universidad de Buenos Aires”, en Ibid, p. 287

[14]Ibid, p. 289

[15]Esto, obviamente, no se reduce a una dimensión puramente cuantitativa, puesto que se trata de textos en los que Bilbao introduce argumentaciones y conceptualizaciones de gran interés para su estudio. Véase, por ejemplo, la idea de raza que aparece en “La Federación”, p. 223.