Fotografía: www.ulrichbeck.net-build.net/

Fotografía: www.ulrichbeck.net-build.net/

Ha muerto Ulrich Beck (1944-2015), triste y lamentable noticia. Tuve la oportunidad de conocerlo en Chile y compartir con él en México. Beck ha sido uno de los pocos sociólogos contemporáneos europeos que he leído, estudiado y reflexionado con entusiasmo y dedicación. Su propuesta por una sociología del riesgo y sobre todo, sus reflexiones sobre la segunda modernidad expuesta en más de una docena de libros concentraron mi interés durante más de una década. La mayoría de sus libros están en mi biblioteca, ya sea, en inglés o en español. No lo digo por presumir sino más bien para destacar el hecho de que tener libros a la usanza tradicional o histórica en papel en anaqueles constituye un tipo de acervo académico permanente y no desechable como sucede con los archivos digitales actuales. El libro es una manifestación cultural civilizatoria de extraordinaria significación para la historia de la humanidad. Su erradicación actual y su traslación al formato digital tendrá importantes consecuencias para la cultura de las próximas generaciones. Será acaso esa situación uno de los tantos riesgos futuros producidos por la acción humana, como lo sugería la teoría del riesgo planteada por Beck.

Los planteos, reflexiones y teorías sociológicas, políticas e históricas propuestas por Beck las realizaba a través ese viejo y tradicional artefacto moderno, o sea, en libros, largos y densos, la mayoría de ellos superaban las 250 páginas. Y no en artículos de revistas indexadas o de corriente principal. Sus libros eran productos de sus largas investigaciones o profundas reflexiones sobre la actualidad. Sus investigaciones, por cierto, respondían a su propio “programa de investigación” desarrollado a lo largo de varias décadas de duración y, el cual no necesariamente debía concursarlo en licitaciones mercantiles para realizarlas, ni eran limitadas por temas de agenda estatal o de agencias financiadoras. Ni tampoco respondía a las “necesidades” del mercado o del medio. Todo lo contrario muchas de sus investigaciones apuntaban directamente a denunciar los riesgos que el mercado o la industria o la política estatal provocaban sobre las vidas de las y los ciudadanos y el medio ambiente. Su sociología del riesgo constituye una propuesta critica de las formas como el capitalismo y el socialismo soviético, habían actuado sobre la sociedad moderna del siglo XX. Da cuenta de su infinita capacidad destructiva, de los daños producidos y de los riesgos futuros. Cabe señalar que tampoco eran resultado de las coyunturas históricas sino de la capacidad de observar el comportamiento social, político, económico y cultural de los actores de su tiempo. Por ejemplo, la catástrofe del reactor nuclear de Chernóbil, ocurrió cuando Beck revisaba las “galeras” de su libro Risikogesellschaf (La Sociedad del Riesgo). La atención prestada a esa catástrofe le permite a Beck, entre otras cosas, diferenciar entre los riesgos de la primera modernidad y los riesgos globales de la segunda modernidad. Los primeros locales, los segundos abiertos, globales. Los efectos previstos para Chernóbil tenían como radio acción de 28,5 kilómetros. Sin embargo, sus efectos nocivos comprometieron a todo el continente europeo.

Toda la propuesta epistemológica realizada por Beck en La Sociedad del Riesgo cautivo mi atención por varios años. Fundamentalmente, porque su teoría sobre los riesgos por venir, aquellos que aun no han acontecido, me permitía, entre otras dimensiones sociológicas y política, comprender la forma como el neoliberalismo devastaba la naturaleza y las vidas de la comunidades humana donde actuaba y se imponía. Beck, fue uno de los primeros sociólogos advertir lo que hoy se conoce como la crisis civilizatoria, de la acción de la globalización y de la necesidad de modificar las formas como los seres humanos nos relacionamos con la naturaleza. “Los riesgos están asociados más bien a decisiones humanas, es decir, al proceso de civilización, a la imparable modernización. Esto significa que la naturaleza, la tradición, ya no poseen un poder incuestionado sobre los humanos, sino que entran en el radio de acción del proceder humano. El concepto de riesgo -explica Beck a Johannes Willns- es un concepto que, dicho exageradamente, remite al fin de la naturaleza y al fin de la tradición. O, dicho de otra manera, que hablamos de riesgos allí donde la naturaleza y la tradición pierden su valor ilimitado y se vuelven dependientes de las decisiones humanas”. Por esa razón, el concepto de riesgo es distinto a peligro, pues el primero expresa el intento de una civilización por hacer previsible las consecuencias imprevisibles de decisiones propias, por controlar lo incontrolado, por someter las consecuencias a acciones preventivas consabidas y a las correspondientes disposiciones institucionales. Ante este tipo de planteos teóricos siempre he considerado que es necesario volver la mirada sobre los procesos históricos concretos. Las sociedades latinoamericanos y caribeñas desde el siglo XVI han sido sometidas a diversos procesos de modernización en que la naturaleza ni la tradición de los pueblos originarios han sido limites para la devastación por parte del capitalismo.

Por esa razón y teniendo siempre el horizonte histórico latinoamericano, en general y chileno, en particular, he expuesto el pensamiento sociológico de Beck en diversos cursos, seminarios y conferencias con el objeto de advertir de los riesgos actuales y futuros que implica mantener la actual forma de acumulación capitalista. Los primeros cursos fueron realizados en la Universidad de Talca, entre el año 2001 y 2005, antes de que el neoliberal “enfoque por competencias” pusiera fin al pensamiento humanista y crítico que impartíamos diversos profesores vinculados al Instituto de Estudios Humanistas Abate Juan I. Molina de dicha Universidad; también lo expuse en los seminarios sobre democracia en el Magister en Estudios Sociales y Políticos Latinoamericanos de la Universidad Alberto Hurtado y, especialmente, en el curso Estado, Poder y Crisis que impartí en varias oportunidades en la Escuela de Sociología de la U. ARCIS, y en distintos seminarios que he impartido en universidades latinoamericanas en los últimos tres lustros.

El aporte teórico de Beck no se redujo solo a dinamizar el contexto interpretativo de mis seminarios y cursos sino también coayudo a generar investigaciones especificas sobre los riesgos sociales, económicos, medioambientales y culturales en la sociedad chilena, si no también proporcionar categorías conceptuales re-significadas y reelaboradas para mis propias investigaciones referidas a la sociedad neoliberal nacional.

En efecto, de sus libros “La Sociología del Riesgo” y La Invención de lo Político”, tome la categoría el “partido de los no electores” para caracterizar a las y los ciudadanos que “renunciaban” a participar en los torneos electorales del régimen autoritario electoral pos-dictadura chilena que hicieran su aparición política en las elecciones parlamentarias del año 1997. Recuerdo que dos años, en 1999, su libro La Invención de lo Político fue traducido al español por el Fondo de Cultura Económica. Tuve la oportunidad de exponerlo en el seminario que impartía en FLACSO-México el sociólogo estadounidense Mark E. Warren, especialista en el estudio de la relación teórica y política entre Democracia y Sociedad Civil, concentre mi lectura en el capítulo V: Subpolitica. Los individuos regresan a la sociedad. “La subpolítica se diferencia –se lee en la página 140– de la política por el hecho de que: (a) los actores aparecen en el escenario de la formación social, fuera del sistema política o corporativo….y (b) por el hecho de que no solo los actores sociales y colectivos, sino también los individuos compiten con ellos y entre sí por el emergente poder de estructuración de lo político”.

“La sociedad subpolitizada, nos dice Beck, es o, más cautelosamente, podría llegar a ser (entre otras posibilidades) la sociedad civil que toma en las manos sus asuntos en todas las esferas y los campos de acción de la sociedad misma. Realmente la historia, o al menos la historia de las ideas de los últimos dos siglos, no podría entenderse sin una historiografía de la subpolítica”.

En el año 2003 cuando comencé a desarrollar mi programa de investigación relativo el comportamiento electoral y político de las y los ciudadanos en una sociedad neoliberal avanzada, como la nacional. El concepto de subpolítica elaborado y trabajado por Beck, me ayudo a comprender y a identificar la praxis política de importantes sectores de la ciudadanía nacional en ese tipo de sociedad. A la “pseudopolítica” que según Tomás Moulian predominaba en el sistema político neoliberal, mi planteo ante la “política estéril y vacua” neoliberal había que contra-ponerle la activa “subpolítica” que emergía desde los márgenes de la democracia autoritaria. Había que prestarle atención sociológica y politológica a la activa actividad “subpolitica” que practicaban las y los ciudadanos que resistían al neo-liberalismo concertacionista y que, al mismo tiempo, construían diversas formas políticas alternativas y contra-hegemónicas a la agobiante dominación neoliberal.

Esa activa actividad subpolítica he sostenido tendrá sus primeras manifestaciones concretas sobre el sistema político neoliberal nacional con la “revolución de los pingüinos” del año 2006 y más tarde con la “rebelión de los ciudadanos” de los años 2011-12. Ambos “reventones históricos” ciudadanos fueron acciones sociales y políticas realizadas y articuladas gruesamente por las y los ciudadanos “supolíticos”. Hoy por hoy esos sectores ciudadanos siguen engrosando masivamente el “partido de los no electores”. Recordemos que el 60% de la ciudadanía nacional se abstuvo participar en los procesos electorales del año 2013.

Las y los ciudadanos subpolíticos son actores centrales en la revitalización de la política en Chile, pero no de la política que ofrece la democracia autoritaria neoliberal, sino de otra política. El error político de las candidatos presidenciales alternativos que se presentaron en las elecciones presidenciales del año 2013, fue suponer que las y los ciudadanos subpolíticos se estaban manifestando por ingresar o incorporarse o representarse en el sistema político neoliberal. Gruesa y profunda equivocación. No, las y los subpolíticos, quieren voltear, modificar, transformar, re-fundar, tanto la política como lo político desde afuera del actual sistema político. No, desde adentro de él. Pues, la subpolítica es, como lo planteara Beck otra forma de hacer política.

Es, hacer política para construir la sociedad desde abajo. La sociedad subpolitizada, nos dice Beck, es o, más cautelosamente, podría llegar a ser (entre otras posibilidades) la sociedad civil que toma en las manos sus asuntos en todas las esferas y los campos de acción de la sociedad misma. Realmente la historia, o al menos la historia de las ideas de los últimos dos siglos, no podría entenderse sin una historiografía de la subpolítica: política interna y externa, política técnica y del medio ambiente, fueron activadas en cuanto a su contenido, desde abajo hacia arriba, a través de movimientos de paz, femeninos y del medio ambiente, y así estructuradas, al menos en sus objetivos. Incluso el tedio político y la bronca partidaria generalizada, que ahora son tan comunes, son también una expresión del auto-desengaño de las y los ciudadanos.

Se trata de ciudadanías rebeldes. Son las y los ciudadanos los convocados, los llamados a revertir las actuales forma de dominación, a desplazar a la clase política coludida con los poderes empresariales, financieros, mercantiles, como también, con los saberes tecno-científico y académico ligados y vinculados a las empresas corporativas transnacionales de alimentos, farmacéuticas, mineras, comunicacionales, químicas, entre otras.

Cierro esta brevísima reseña, en ritual de reconocimiento, del pensamiento sociológico y político de U. Beck, quien queda para siempre entre nosotros, con una idea fuerza “la subpolitización es una fase de la democratización cultural de la democracia, es decir, una fase de la democratización de la democracia que posiblemente no ha sido querida, que no ha sido prevista en el plano de la construcción de la democracia”, y tengamos presente que una respuesta ante este proceso político que emerge desde abajo y desde fuera (planteo que nos recuerda al pensamiento político de los zapatistas en México) “podría ser la modalidad del autoritarismo democrático, es decir, una forma perversa de tener atado lo que hasta ahora estaba excluido”. Advertía Beck, en su libro-entrevista Libertad o Capitalismo (Paidós, 2002). Los “autoritarismos democráticos” no son una posibilidad teórica o histórica sino, hoy por hoy, en Nuestra América son una realidad concreta, donde Chile desde 1990 hasta la actualidad y México, desde 1930, son ejemplos de esa forma política.

Sin lugar a dudas, que la partida de Beck, en este temprano año 2015, es una gran pérdida para el pensamiento sociológico. Nos queda, su profusa y extensa obra. Para seguir pensando tanto los riesgos por venir y reflexionando para re-inventar todo. Pues, debemos tener presente, parafraseando a Beck, AL FUTURO LE FALTA FUTURO.

_______

Juan Carlos Gómez Leyton es Dr. en Ciencia Política y Académico en FACSO-Universidad Central