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Cultura y Calle 08.01.2015

Humor gráfico y sus límites: Malaimagen, Christiano y Fiestóforo opinan

Dibujantes y caricaturistas de todo el mundo han reaccionado ante el sangriento ataque sufrido por los trabajadores de Charlie Hebdo, la satírica revista francesa que durante el pasado miércoles fue escenario de un atentado que dejó 12 víctimas fatales. La tragedia pone en el centro del debate al humor gráfico y sus límites, con reflexiones […]

Por Vanessa Vargas Rojas

charlieDibujantes y caricaturistas de todo el mundo han reaccionado ante el sangriento ataque sufrido por los trabajadores de Charlie Hebdo, la satírica revista francesa que durante el pasado miércoles fue escenario de un atentado que dejó 12 víctimas fatales.

La tragedia pone en el centro del debate al humor gráfico y sus límites, con reflexiones que, a medida que pasan las horas, tienden a volverse más polarizadas. En este escenario, algunos han apuntado a la supuesta islamofobia de las caricaturas de la revista –que solía aludir a figuras como el profeta Mahoma y a los fundamentalistas del Islam- mientras otros argumentan que el humor no puede evitar temas agudos como la religión para librarse de las críticas.

Lo cierto es que lo ocurrido con el equipo de Charlie Hebdo, cuya publicación también se ha encargado de ridiculizar a políticos, intelectuales y otras religiones, sienta un precedente en la era de la imagen y la caricatura. ¿Cuánto cambiará su rumbo tras el atentado?

conlasbotaspuestas“Creo que el humor gráfico debe ser inteligente ante estas cosas, porque evidentemente, ahora un dibujante francés lo pensará dos veces antes de hacer un dibujo de Mahoma, y un diario también a la hora de publicarlo. O sea, es complicado que no exista autocensura al menos en un futuro cercano, por una cosa de prudencia más que nada, pero los autores deben tener la madurez para seguir adelante y no dejarse llevar por el miedo, lo que sería una derrota para el oficio y para la libertad de expresión”, opina Guillermo Galindo, más conocido como Malaimagen.

Fiestóforo, otro de los dibujantes que ayer se hizo presente en los homenajes colectivos a Charlie Hedbo, rechaza la idea de que el miedo pueda instalarse como un nuevo editor para sus pares: “De partida, la autocensura es un tema que siempre ha preocupado a quienes dibujamos. Es un Pepe Grillo con el que tenemos que ir luchando o haciendo concesiones. A lo mejor producto de todo este amargo capítulo, y espero que así sea, estos hechos hagan pensar a los demás que la opinión que uno tenga sobre un tema sí importa y es necesario entregarla a los demás”.

hebdo_editoresChristiano, por su parte, recuerda que en Europa hay una historia negra del humor gráfico en muchos lugares, con capítulos de provocación y hasta delación. “Hay una tendencia fuerte en el humor político en el mundo a rebasar los límites, a dar un paso más allá en la crítica social, también hay miradas acomodaticias, falso positivismo y esos autores ya vienen con la autocensura programada“, sostiene. Por eso, recomienda revisar cómo se desarrolla este tipo de humor en regiones en conflicto en África y Medio Oriente.

Entre los dibujantes hay consenso en que no hay matices posibles a la hora de condenar el atentado. Por ello, tienen su propia visión sobre las críticas a la supuesta islamofobia del semanario, que habría desatado la ira de los terroristas.

“Lo que se atacaba era la barbarie en nombre de un dios, no las creencias de las personas por sí mismas”.

“Yo creo que ante tragedias como éstas no se debe relativizar, sino condenar, sin medias tintas. Si bien la revista era bastante insistente en el tema del fanatismo religioso y algunos ven en eso un “se lo buscaron”, lo que se atacaba era la barbarie en nombre de un dios, no las creencias de las personas por sí mismas. Y aunque lo hubiese hecho, tampoco merecían una represalia tan trágica, así que se debiese condenar el acto, sin buscarle el pero”, argumenta Malaimagen.

Por su parte, Fiestoforo recuerda que Charlie Hebdo enfrentó un juicio en Francia por las ofensas que sus chistes podían implicar a la religión. También fueron acusados de incitar al odio racial, pero lograron convencer al tribunal de que era una sátira dirigida a los denominados extremistas musulmanes.

christiano“Los que vean los monos que juzguen por sí mismos. Creo que el tema de fondo tiene que ver con quien ostenta el poder, y entrega o quita los espacios. Pinochet bromeaba cuando le preguntaban por las fosas comunes que cavaban para los asesinados de su gobierno, pero sus chistes no tuvieron represalias. Hace un tiempo hubo un revuelo contra un títere humorista que chacoteó con el holocausto judío y terminaron echándolo de su pega”, declaró, recordando a Murdock.

Para Christiano, sin embargo, las críticas polarizadas hacia Charlie Hedbo se posicionan entre quienes no conocían la revista o se enteraron de su existencia a propósito de lo ocurrido esta semana. “La islamofobia aludida o el racismo es la mirada sesgada de fanáticos y de algunos islamofílicos asistencialistas muy desinformados… se puede decir que Charlie Hebdo daba palos de manera bastante democrática a estos y aquellos”.

El humor: una carcajada en un funeral

charlieEn distintos rincones del mundo, el atentado sufrido por el equipo de Charlie Hedbo inspira una reflexión que tiene en su centro al humor, sus formas y temas a disposición. En Chile, los dibujantes concluyen que éste debe romper con los límites de lo aceptable para dejar fluir su naturaleza.

Así lo expone Fiestóforo: “La caricatura es exageración por definición por lo tanto no creo que sea graciosa con resguardos. Goya dibujaba a los seres despreciables de la sociedad con las bocas abiertas, porque eran como animales y dejaban lucir su interior. La risa hace lo mismo con uno. Por eso, así me imagino el humor gráfico, grotesco, desubicado y ostentoso, como una carcajada en un funeral”.

“Así me imagino el humor gráfico: grotesco, desubicado y ostentoso, como una carcajada en un funeral”.

Malaimagen, en tanto, sostiene que el humor puede tocar todos los temas, incluso los más delicados, pero los límites se los debe poner cada autor, en la medida de sus intenciones. “En los temas delicados, el humor gráfico debe tener cuidado de a dónde apuntar los dardos”, puntualiza.

A estas alturas, es imposible acercarse a la discusión sobre lo ocurrido sin considerar el rol jugado por la religión y las críticas a esta. En este sentido, los humoristas gráficos del mundo se unen para sostener que realizar críticas a las ideas, incluidas las creencias, es parte del oficio y el límite está, precisamente, en no incitar a crímenes de odio o violencia. “Pero en este punto las religiones tienen un historial realmente malo”, sostuvo en 2010 el filósofo Massimo Pigliucci. Suena más sencillo de lo que realmente es en la práctica.

Lo cierto es que es difícil determinar qué cosas, ideas, personas o actitudes pueden ser objeto de humor y, más aún, si éste es capaz de seguir su propio rumbo al tomar demasiadas precauciones.

“Generalmente se cae en un humor muy contenido, limitado, autocensurado, y el resultado es tan “correcto”, que no hace gracia. El humor juega con estirar el elástico, reírse de todo o casi todo, de exagerar las situaciones, de ver hasta dónde se puede llegar. A quien no le guste ese tipo de humor, también existe el humor blanco, que es igual de válido. Pero siempre va a haber alguien que se moleste, por uno u otro motivo”, argumentó Malaimagen.

Portadas-Charlie-Hebdo_CLAIMA20150107_0136_36Los límites del humor gráfico en Chile

En algunos ocasiones, el humor corrosivo de Charlie Hebdo optó por una figura chilena para ilustrar sus portadas: Augusto Pinochet, el dictador, fue la inspiración de una edición especial, que lo retrataba acompañado de la recordada frase que él mismo esbozó: “En Chile no se mueve una hoja sin que yo lo sepa”.

En Chile, el humor gráfico ha logrado liberarse, en los últimos años, de la censura implícita que la democracia heredó de la dictadura. Así, nuevas generaciones de dibujantes e ilustradores han comenzado a tomar las riendas de la crítica hacia la clase política, los medios de comunicación, la religión y otros temas polémicos que el periodismo aún enfrenta con delicadeza.

Según Malaimagen, la censura a los dibujantes en el país tiene estricta relación con la línea editorial de los medios donde se publique o la molestia que se pueda generar en un auspiciador. “O sea, a veces la censura no es ideológica, sino comercial”, agrega. Para él, no hay temas sensibles que no puedan ser tocados en el humor gráfico, mientras se enfrenten con “la seriedad que se merece cada uno”.

“La censura es comercial, te despiden o simplemente no te llaman más, te ningunean, te opacan, te pagan mal, no te pagan, pueden llegar a ni saludarte siquiera, y eso no es sólo en el Mercurio”.

Al mismo lugar apunta Christiano: “La censura es comercial, te despiden o simplemente no te llaman más, te ningunean, te opacan, te pagan mal, no te pagan, pueden llegar a ni saludarte siquiera, y eso no es sólo en el Mercurio. En los medios de izquierda es igualito pero son más cínicos, es muy gracioso cuando unos pusilánimes te objetan aduciendo que hay que mejorar la página de humor. También está la corriente “positivista” del humor gráfico moderno y esa cae parada en los medios actuales que prefieren el conflicto cero”.

Para ilustrar su opinión, Fiestóforo recuerda que, hace unos años, se inició un juicio contra un joven que asistió a una marcha del 21 de mayo con un lienzo que rezaba “Si es necesario, matar al presidente”, un guiño hacia una conocida canción de la banda La Floripondio.

“El vocero de Gobierno habló muy en serio de perseguir penalmente a quienes rayaron un grafiti que mostraba a Piñera dándose un tiro en la sien con la divisa “Sigue a tu líder”. No estoy al tanto del tema en el mundo de las publicaciones, por lo que solo puedo hablar desde mi tribuna, que es Internet. Por ejemplo, hubo una polémica con una llamada Ley de los Memes, que resultó ser faramalla, pero ahora se ha impuesto una versión, llamada Ley de Medios de Comunicación Digital, que fue presentada como proyecto en el parlamento. Pareciera ser que el mensaje es querer controlar lo que se dibuja o escribe en Internet”, concluyó.

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