martner21-650x400Gonzalo Martner es uno de los candidatos a presidir el Partido Socialista. Quizás uno de los que menos notoriedad alcanza en los medios, a pesar de haber estado al mando de la tienda entre el 2003 y el 2005.

Su mirada interna al gobierno encabezado por la presidenta Bachelet es de defensa a las reformas, pero de críticas hacia la gestión. Apunta a que varios ministros son más técnicos que políticos, asegura que se hace necesario impulsar un cambio a nivel estatal para aumentar la profesionalización en los cargos ministeriales, y designar a figuras políticas que sean capaces de defender los lineamientos de la coalición.

En conversación con El Desconcierto, Marnter entregó su lectura de los últimos resultados de la encuesta Adimark, y aseguró que los niveles de desaprobación son reflejo de una mala gestión, antes que de una pérdida de adhesión, ya que, apunta, la mayoría se sigue identificando con el gobierno de Michelle Bachelet, y aún la oposición  no logra capitalizar el descontento existente.

 

¿Cómo evalúa las tendencias que se mantienen con Adimark, y que también mostró la CEP de noviembre, respecto de que la figura de Michelle Bachelet pierda capital político a la par de su gobierno? Dicha situación no ocurrió tan notoriamente en su anterior administración.

La encuesta lo que muestra es que la presidenta tiene una mayor adhesión que el gobierno, que ha tenido más desgaste. La presidenta ha tenido mucho desgaste, especialmente a partir de octubre del 2014, pero el desgaste del gobierno ha sido todavía mayor.

Pero en el último mes se observa que la aprobación de la presidenta cae al menos dos puntos, de un 42 a un 40) y la del Gobierno se mantiene fija en 37.

gonzalo martnerCorrecto, pero son todas cifras que están en el margen de error. Lo interesante de esto es que en el gobierno de Piñera, esto era al revés. El gobierno contaba con mayor aprobación que el presidente. Es cierto que no hubo una variación del gobierno ahora, pero se mantiene unos cinco puntos más abajo. Ahora el desgaste es tanto de la presidencia como del gobierno.

¿Cómo evalúa que Bachelet no pueda replicar ese blindaje que tuvo en su anterior gobierno?

Recordemos primero que cuando vino el episodio del Transantiago y esa serie de problemas, en su primer gobierno, ella tuvo una fuerte caída en su popularidad. Ahora es más fuerte esa caída. Hay que constatar el fuerte deterioro de la popularidad de la presidenta, pero ésta es una situación temporal, sobre todo al mirar la pregunta que se le hace a los encuestados sobre si su identificación es con el gobierno o con la oposición, y ahí las cifras son totalmente distintas. Ahí no parece haber un cambio fundamental, en el sentido de que la gran mayoría se identifica con el Gobierno (N de la R.: 46%). Y a su vez, los que identifican con la oposición, son del orden del 30%. En ese sentido, no parece haber una recolección por parte de la oposición para que el descontento se traduzca en adhesión. Lo que hay es una identificación con el gobierno, pero un malestar con esa administración a la que de alguna manera se sigue adhiriendo. La situación tiene cierta ambigüedad y creo que eso es lo que le ocurre también a la imagen de la presidenta de la república.

Uno de los aspectos relevantes de la encuesta muestra que la aprobación tanto de la reforma educacional como la tributaria aumentó significativamente, aun cuando es más alto el rechazo. En este punto, hay una discusión respecto de la metodología, porque están dentro del mismo saco quienes no aprueban las reformas porque no las quieren con los que no están de acuerdo con cómo se han hecho. ¿Cómo observa usted ambas situaciones?

martnerTodas estas encuestas tienen este problema. La encuesta Adimark, en particular, mezcla la información recogida en base a llamadas a teléfonos fijos, pero cuando en un momento dado le empezó a ir muy mal a Sebastián Piñera, la suspendieron y después agregaron a la muestra los teléfonos celulares, cosa que metodológicamente es totalmente incorrecto. En este caso, no sólo hay un problema con el tipo de preguntas, sino también con el tipo de muestra.

Efectivamente, es muy sensible el modo al que se hace la pregunta, la respuesta que se obtiene respecto de los temas de Educación, y así sucesivamente. Si se vuelve a preguntar por el tema de la gratuidad en la Educación, eso no ha variado. Lo que ocurre con estas especificidades, con este tipo de proyectos de ley, es que la gente tampoco conoce en detalle, y que están llenos de controversias tanto con la oposición como en la propia Nueva Mayoría, es que claramente existe una percepción mayoritariamente negativa. Sin embargo, no hay tanta resistencia a la idea de reformar. Ello quedó graficado en la última encuesta CEP, cuando a la gente le preguntaban si bajo ninguna circunstancia era aceptable la desigualdad, y la respuestas era mayoritariamente a favor. No es que haya cambiado la idea entonces de que las desigualdades son inaceptables y que deben ser corregidas a la brevedad, sino que hay un descontento con la gestión del gobierno. El descontento con la presidenta y su gobierno es real, pero no lo recoge la oposición. La crítica al Gobierno es por la manera en que se han realizado las reformas.

¿Existe una suerte de sobrevaloración de las encuestas, sobre todo considerando que para la última entrega de resultados de la encuesta CEP, hubo fuertes rumores de cambio de gabinete?

La presidenta está demostrando que no se deja guiar por las encuestas, y las expectativas del mundo político no se han visto satisfechas en ese sentido. Hay que constatar eso, lo que me parece muy bien, pero en segundo lugar, hay que darse cuenta del componente mediático en todo esto. Cadem hace una presentación semanal de datos, con una carencia de rigor, porque ahí no son llamadas telefónicas, sino que en lo que ellos llaman “centros de presencia masiva” y eso es cualquier cosa porque la idea de que una muestra aleatoria que trate de reflejar un universo está totalmente perdida. Y ésta encuesta hace afirmaciones todos los lunes sobre carreras presidenciales, el gobierno, los ministros y las reformas, con una ausencia de base metodológica tremenda. Para tener presencia en los medios, las encuestas están llegando a cualquier cosa.

Lo que el sistema político debiera hacer es no guiarse por las encuestas, así de simple.

La respuesta que muchos siguen esperando es un cambio de gabinete, ¿puede servir eso para revertir un poco estas tendencias?

SONY DSCClaro, por supuesto que los ajustes de equipos y los cambios de gabinete tienen la virtud de señalar un cambio de etapas, dan dinamismo. Pero si todo eso no se traduce en una sustitución  importante de figura en el gabinete, eso no tiene mucho sentido y ahí sí que eso es dejarse llevar por las encuestas. No da la impresión de que la presidenta tenga la intención de cambiar ni al ministro del Interior, ni al de Educación, ni al de Hacienda. Entonces, ¿para qué hacer un cambio de gabinete?

En la encuesta Adimark, los ministros mejor evaluados son Heraldo Muñoz y Claudia Pascual. Sus aprobaciones se mantienen bastante fijas, especialmente en el caso del ministro de RR.EE, donde no hay una curva que muestre cambios significativos en los últimos meses. Ambos son ministros que han sido criticados a nivel técnico ¿Por qué cree que ambos casos se mantiene una evaluación positiva en la ciudadanía?

Soy de los que siempre han pensado que los ministros no son figuras técnicas, son figuras políticas, incluso cuando están en áreas que no tienen tanto el carácter político. Pensemos, por ejemplo, que en un minuto, Germán Correa fue ministro de Transportes, aún cuando sus virtudes no tuvieran nada que ver con el tema, pero para conducir políticas públicas, cualquiera sea su área, se requiere de una visión política.

Los ministros de RR.EE. siempre, desde que se recuperó la democracia, han tenido muy buenas apreciaciones públicas, porque sus dominios suelen ser consensuados, donde tanto la izquierda como la derecha tienden a visualizar como positiva la unidad del país en materia de relaciones exteriores.

Lo de Claudia Pascual es un tanto sorprendente e interesante. Hay que seguirle la pista.

¿Cuál es su evaluación general del Gobierno?

Hay una percepción de caída en la eficacia de la gestión pública muy fuerte,  pero eso no se debe solucionar nombrando ministros técnicos. Lo que se requiere es fortalecer la función profesional del Estado. Lo que tenemos es un clientelismo creciente, en donde los ministerios no están funcionando bien, y en algunas áreas directamente no están funcionando, porque no están a cargo las mejores personas. La continuidad de los cargos está seriamente afectada en Chile, y a su vez, hay una pérdida de competencia sistemática en cargos que sí tienen que ser técnicos. Por tanto, no sacamos nada con tener estupendos tecnócratas si debajo hay una estructura clientilizada. Es al revés. Ahora es cuando debe pensarse, junto con las grandes reformas que está llevando a cabo la presidenta, una gran reforma del Estado que aumente la profesionalización de la administración. Lo que no puede seguir pasando es que cambie un gobierno y cambien miles y miles de cargos. Si se cambia a personas técnicas por amigos o por clientela política, eso afecta mucho la eficacia de la acción del Estado. Basta con ver el desempeño en el sector Salud y las fallas en el Metro, por ejemplo. Es ahí donde se debe hacer un cambio drástico y respetar el carácter necesariamente técnico de la gestión pública.

Los ministros están para responder ante los ciudadanos por las políticas, pero acá se dan a veces las cosas al revés. Ministros técnicos muy competentes pero con estructuras técnicas completamente politizadas, con altos grados de ineficacia.

Relativo al carácter político de los ministros, ¿cómo evalúa la precipitada salida de la ministra Helia Molina?

Exactamente en el sentido anterior. La acción política requiere de experiencia, no se improvisa. Una de las características de la función política es tener cierta idea de qué cuestiones se dicen en on y en off a al periodista, y aquí ella no supo hacer esa distinción. Claramente no tenía ninguna experiencia en esa materia.

Para usted, ¿un ministro no se puede permitir ese tipo de declaraciones?

Un ministro actúa, toma decisiones, pero también se expresa, comunica. Es parte de la función política de un ministro. Cuando ella misma dijo que no debió haber dicho lo que dijo, está expresando que había una falta de experiencia. Y puede haber personas estupendas como ella en sus capacidades, pero los ministros tienen otras funciones. En Salud, no están para curar a las personas, ni para hacer estudios de la Salud Pública, sino para conducir procesos de gestión en el área. Eso no se expresó en el caso de la ministra que terminó renunciando.