Carlos-Eugenio-Lavín-y-Carlos-Alberto-Délano¿Cómo se financiaban los partidos de derecha en Chile antes del caso PENTA? Exactamente del mismo modo.

Los poderosos, defensores de la moral y las buenas costumbres que aborrecen la delincuencia, erogaban religiosamente para que fueran electos sus políticos asegurando de esa manera que sus intereses fueran cautelados al momento de  hacer las leyes. La diferencia es que ahora cometieron el error de dejar evidencias.

Para nadie es un misterio que son los poderosos los que financian a sus políticos. Más bien, en quienes invierten a cambio de que sus intereses estén a salvo de leyes de rasgos democráticos. Algunos de esos políticos, en algunos períodos de la historia, han recibido incluso dineros de la CIA.

Entonces la escandalera que estamos conociendo en que conspicuos defensores de la moral, la decencia y las buenas costumbres, silicios en los muslos, azotes en la espalda y misas diarias, que tienen sexo con sus mujeres solo para procrear, aparezcan trampeando dineros, no es algo nuevo.

Ésta es una costumbre que existe desde que el mundo es mundo: cada clase financia su expresión política. Que la manera contemporánea de hacerlo sea mal vista y que se incurra en prácticas incluso ilegales, es por un descuido no más, una falta de prolijidad que prontamente, con el concurso de todo el cartel de políticos financiados por  los poderosos que ponen sus huevos en cuanta canasta tenga votos en el Congreso, arregle las cosas. Y a otra cosa, mariposa

La derecha chilena predica su moral afirmada de su bragueta; defiende la vida y ni se arruga en matar por defender sus intereses, enarbola la libertad solo en tanto le conviene a sus negocios, defiende la propiedad privada como si fuera un trozo del mismísimo cielo del Altísimo, y el Estado de derecho hasta cuando es posible utilizarlo en su favor.

Y mientras no se vea o no se note, prohíja y ampara a criminales, defiende a pedófilos y abusadores, y mientras eleva la voz en contra de la delincuencia, sus principales cuadros son evidenciados como fiera competencia de asaltantes, monrreros, lanzas, mecheros, estafadores, rateros, saqueadores, etc., aunque, obligados estamos de reconocerlo, enfundados en trajes caros, sonrisas televisivas y corbatas de seda originales.

Por estos días llega a su punto de máxima tensión el escándalo por los dineros entregados por el Grupo Penta al cartel de derechistas, esos delincuentes que desde hace mucho deberían estar purgando no solo sus prácticas indecentes, sino su apología a la violencia, al asesinato, a la desaparición forzada de personas, a la tortura y a la persecución por razones políticas.

Y este tiovivo va a durar hasta que se encuentre el empate que lo arregla todo, la ley que lo trampee todo, o la impunidad que lo cubra todo. Más allá no va a pasar.

Eso sí. Rápidamente el sistema va a sacar sus cuentas y perfeccionará sus métodos, desechando lo que ya no les sirve: antes se usaba papel, sustancia, como sabemos, susceptible de desaparecer sin dejar rastros.

Distinto es el caso en los tiempos de la internet y el desarrollo increíble  de las tecnología de la informática, que sí permite dejar huellas.

Los poderosos financistas de la ultra derecha más temible de cuantas haya en el mundo, se alzan como acaudalados sin parangón en la historia, pero no precisamente por el esfuerzo cotidiano, o por la precisión de sus negocios o por la audacia de sus inversiones.

No.

Esa banda de cuatreros hicieron sus fortunas luego que la marabunta insaciable de la dictadura desmantelara el Estado, y repartiera sus despojos no despreciables entre los más cercanos del tirano, otro que también fue desnudado como un ladrón de alto vuelo, y que ha gozado de una perfecta impunidad y de una envidiable posición en los negocios y la política.

Y bueno. Como dicen ellos mismos, lo que resta es apretar los dientes. Y esperar a que otros sucesos, reales o inventados ex profeso, hagan olvidar el trago amargo. Vendrán formalizaciones, alguna renuncia, mucha contrición y solicitudes de perdón; vendrá un cambio de gabinete, enroques y juramentos, pero el mundo seguirá andando. Con otros métodos y técnicas, pero seguirá andando.