Cuba vaLos mexicanos tienen un dicho que invocan como una suerte de lamento-explicación cada vez que deben resumir la razón última de sus desdichas nacionales. Reza: “Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. Al otro lado del mar Caribe, en Cuba, el dicho tiene innumerables versiones locales. Aluden, en su mayoría, menos a lo divino y más a las 90 millas que separan sus costas de Florida. Pero el origen es el mismo: la arraigada conciencia acerca de los infortunios que supone su cercana y asimétrica relación de poder con el gigante del norte.

El problema se arrastra desde mucho antes del quiebre de relaciones de 1960 entre la Cuba revolucionaria y los EE.UU. embarcados en la Guerra Fría. Ya el XIX fue un siglo de crecientes pugnas entre estadounidenses y españoles por el control de la isla. Cuba todavía no terminaba de independizarse de España en 1898 cuando Estados Unidos ya desembarcaba en sus playas para iniciar un largo periodo de dominio sobre la región caribeña. Así, Cuba pasó de ser colonia del decadente imperio español, a patio trasero del pujante imperialismo norteamericano.

Iniciado el siglo XX Cuba era en el papel un país independiente, pero en la práctica su economía estaba manejada por el capital estadounidense y su gobierno regido por los intereses de Washington. Contra esa dominación fue que se alzaron los rebeldes que en 1959 cambiaron el curso de la historia cubana, arriba del Granma primero y desde la Sierra Maestra después. Historia que, por efecto de otras operaciones aunque impulsadas por algunos de los mismos hombres, ha vuelto a girar el 17 de diciembre de 2014.

La tarde de ese día, por televisión, el presidente estadounidense Barack Obama y el presidente cubano Raúl Castro se dirigieron en simultáneo a sus respectivos países para anunciar el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones después de 54 años. Meses de negociación gestaron una propuesta en la que Estados Unidos ofreció trece medidas tendientes a mejorar las relaciones con la isla. Aunque la propuesta no incluye todavía el levantamiento del bloqueo económico, medida para la cual el Ejecutivo estadounidense necesita el apoyo del Congreso, La Habana celebró. “Esta decisión del presidente Obama merece el respeto y reconocimiento de nuestro pueblo”, declaró Raúl Castro.

Mucho se ha dicho sobre la ceremonia pública del restablecimiento de relaciones. Que el Papa Francisco les escribió una carta a Obama y Castro en la que les pedía que hicieran esfuerzos de acercamiento; que el gobierno de Canadá ofreció un terreno neutral para la realización de las conversaciones; que Cuba liberó a dos presos norteamericanos y EEUU hizo lo propio con tres equivalentes cubanos; y que líderes de todo el mundo celebraron el anuncio. Sin embargo, poco es lo que esta puesta en escena ilustra acerca de los intereses concretos que movieron a los gobiernos involucrados a dar este paso histórico.

Considerando que la reanudación de relaciones con EEUU tiene lugar tras años de sostenida apertura al capitalismo en varias áreas de la economía cubana, la primera y demoledora pregunta que surge es la misma que se hiciera José Martí en 1889: “Y una vez en Cuba los Estados Unidos, ¿quién los saca de ella?”

Cuba, la República imposible

Carlos-RuizCarlos Ruiz, sociólogo, doctor en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Chile y presidente de la Fundación Nodo XXI, vivió largos años en Cuba, forzado por el exilio siendo un niño y comprometido por la militancia durante su juventud. Se reconoce “en el bando de los que sostienen que nada bueno puede salir de una relación con Estados Unidos”, pero piensa que “la diversidad de posiciones en la discusión sobre la disyuntiva cubana es legítima, siempre que se hagan cargo del problema de fondo y teniendo en cuenta lo difícil que es tener una práctica socialista en esta época”.

¿Y cuál sería, en tu opinión, el tema de fondo?

– El problema de fondo es cuál es la capacidad que tendrá la sociedad cubana para determinar sus líneas de desarrollo, es decir, la forma en cómo se quiere construir como nación. Siempre ha sido difícil. La historia de Cuba está más cerca de la de Santo Domingo o Haití que de la de Brasil o Chile, es decir, es la de una constante y muy dificultosa pelea por la soberanía. La experiencia de Cuba tiene una connotación de autonomía muy fuerte. Es una especie de socialismo nacional-popular.

“El socialismo cubano, como ningún otro, ha estado en toda su historia empalmado al problema norteamericano. Y toda aventura en términos de modelo de desarrollo que se intente jugar en América Latina pasa por la tuición de EE,UU. Eso lo saben incluso los intentos de construcción de burguesías nacionales medianamente autónomas en la región”, afirma Ruiz. “La dominación norteamericana -continúa- no sólo no permite socialismo, ni siquiera permite capitalismos nacionales. Eso hay que tenerlo presente, si no, no se entienden las dificultades que ha tenido y que tendrá Cuba”.

Para Ruiz, las dudas sobre la nueva política de EE.UU. hacia Cuba proceden en gran medida de la naturaleza de sus relaciones con América Latina. “No hay muchas razones para confiar en EEUU, nunca las ha habido. Pero no sólo desde Cuba. Todo lo que ha pasado en los países de latinoamericanos con EEUU en términos de soberanía nacional en todo el siglo XX ha sido sumamente complicado y dramático. Caben entonces -señala el sociólogo- las dudas sobre qué será de la soberanía cubana en esta aproximación con EEUU, que si bien todavía pasa por cuestiones muy básicas, tiene lugar en una correlación de fuerzas tan desigual que puede amenazar muchas de las posiciones cubanas”.

Un segundo dilema, señala, son las condiciones existentes para el desarrollo de un controlado capitalismo en la región: “la opción capitalista de Cuba no es la de Uruguay, Argentina o Chile, es más la de Santo Domingo, Haití o Jamaica. Una opción de relativo desarrollo no está a la mano para Cuba, menos al alero de Estados Unidos. Las condiciones de dependencia que genera el imperialismo norteamericano ponen a Cuba en una órbita muy subdesarrollada”.

“Yo no haría la fiesta que está haciendo el PC chileno con lo que está pasando en Cuba. Uno acompaña a los pueblos hermanos en las decisiones duras que tienen que tomar, pero hacerlo es justamente no dejar de repetir que esto es muy difícil”, sentencia Ruiz.

Revuelta en las entrañas

En el mundo que mantiene relaciones políticas y comerciales con Cuba también existe conciencia de las dificultades que supone para los intereses cubanos la combinación entre apertura económica y profundización de la relaciones con Estados Unidos. Una fuente ligada a estos círculos señala que Cuba está “lejos de construir una estrategia firme con la cual enfrentar esta nueva etapa”, pero agrega que a pesar de la iniciativa que parece estar tomando Estados Unidos “su actitud obedece mucho más a un pragmatismo que ha debido asumir luego haberse estancado su política hacia la región”

jaime toháJaime Tohá, militante del Partido Socialista y embajador de Chile en Cuba durante el primer gobierno de Michelle Bachelet, también piensa que los pasos de Obama son más una reacción que expresión de una ofensiva. “Creo que hay una dosis de realismo político frente al estruendoso fracaso de la política de EE.UU. hacia Cuba por más de 50 años, pero también responde a una línea general de la política exterior de Obama en cuanto a privilegiar la diplomacia como forma de enfrentar los principales problemas en el mundo”, dice Tohá.

“No creo que en el corto plazo veamos cambios políticos significativos en la Isla -agrega quien fuera ministro de Agricultura de Salvador Allende-. Lo anterior porque los comandantes de la Sierra Maestra van a seguir siendo consecuentes con los objetivos de esa lucha y porque para la mayoría del pueblo cubano hoy esa no es una prioridad”. Consultado por el efecto que podría generar el sello más pragmático de las nuevas generaciones de dirigentes políticos cubanos, Tohá es cauteloso: “Es difícil anticipar cómo será el proceso de recambio, pero sí creo que nadie va a intentar renegar de la gesta de la Sierra Maestra ni del legado de Fidel y del Che; creo que el pueblo cubano no lo perdonaría”.

Pero no sólo los movimientos en la política formal y la diplomacia moldearán el futuro de Cuba. La sociedad isleña ha mutado y nuevos grupos de poder se han abierto paso desde la implementación de las reformas económicas de comienzos de la década pasada .

Si bien la igualdad social ha sido uno de los principales rasgos de la sociedad cubana bajo el régimen forjado tras la revolución, en la última década se ha acentuado la configuración de nuevos grupos sociales, con niveles distintos de acceso a servicios y formación de identidades, todos pujando por nuevas oportunidades. Estos grupos son los que presionan al régimen por más apertura.

Resistencias al proceso también existen. Diversos agrupamientos intelectuales y políticos intentan producir un debate al interior del burocratizado Partido Comunista Cubano, pero la más significativa es la de la burocracia estatal. Aquí, señala una fuente con íntimas relaciones con el poder cubano, radica un extendido miedo “a la pérdida de privilegios que supondrá la pérdida de control estatal sobre ciertas áreas de la economía”. Raúl Castro, sin embargo, ha sido capaz de neutralizar esta resistencia por la vía de mantener en la primera fila a las principales figuras que quedan vivas de la generación que realizó la revolución.

Mariel, la perla del Caribe

Megapuerto-vehiculos-Mariel-kilometros-Habana_LRZIMA20140201_0056_3Pero si hay algo que explica la motivación de Estados Unidos para reanudar sus relaciones con Cuba son los cambios producidos en las relaciones comerciales de la isla con el mundo. Chinos y rusos desafían geopolítica y económicamente a Estados Unidos en la región del Caribe. Y es precisamente Cuba el país que puede inclinar la balanza. Desde fines de la década de los ‘90, capitales chinos, brasileños y rusos han comenzado a instalarse con fuerza en ciertos sectores de la economía cubana.

El acercamiento norteamericano, sin embargo, ha sido un proceso de años. EEUU tiene relaciones comerciales con Cuba desde 2000 y con especial intensidad desde 2003, por ejemplo, en la exportación de cereales, leche y pollo, todos artículos de primera necesidad que quedan fuera de las restricciones del bloqueo económico. Pero en donde no han podido penetrar es en el que se perfila como el experimento capitalista más avanzado en Cuba: el puerto de Mariel.

La que hace 30 años fue una zona de escape de miles de cubanos desesperanzados, hoy es uno de los principales motores de la nueva economía cubana. Se trata de un enorme terminal de contenedores y un puerto para buques de gran calado, características que considerando la ubicación estratégica de Cuba (llave entre América y Europa) y el colapso del Canal de Panamá, hacen de Mariel uno de los proyectos de desarrollo económico más ambiciosos de toda América Latina.

Para la construcción de Mariel, que comenzó con la ampliación del histórico puerto antiguo, el gobierno de Brasil comprometió 600 millones de euros.  Las obras las lleva a cabo la también brasileña de la ingeniería Obredecht, por un presupuesto que se calcula alcanza los 7 mil millones de euros. En su interior operará la Zona Especial de Desarrollo Económico, que se regulará por una legislación especial para atraer inversores. El marco está dado por la nueva Ley de Inversiones Extranjeras promulgada en marzo de 2014, que otorga diversas garantías y beneficios fiscales para quienes decidan invertir en Mariel.

EEUU también mira desde la galería la extracción de petróleo en Cuba. En la habilitación de pozos se han involucrado compañías de Canadá y diversos países de Europa y Asia, pero es China la que lleva la delantera. En los últimos meses se ha especulado sobre la existencia de nuevos y prolíficos yacimientos de cuyas magnitudes sólo tendrían conocimiento el Estado cubano, compañías chinas y canadiendes, pero no Estados Unidos.

Las presiones por cambios políticos internos

26-julio-cuba1Este es el contexto que Estados Unidos estaría buscando revertir por la vía de restablecer sus relaciones políticas con Cuba. Uno de sus principales recursos, estiman especialistas en las relaciones entre ambos países, será la apelación a la liberalización política de la isla. Los sistemas chino y vietnamita, que la alta dirigencia comunista considera eventuales modelos para dirigir la nueva etapa, no incluyen cambios sustantivos al régimen político. “Creo que puede haber elementos de ambos sistemas, pero tiendo a pensar que será un proceso gradual que no va atener un modelo rígido predefinido y que la profundidad de esos cambios va a depender en gran medida de la lucidez y paciencia de EEUU”, asegura Jaime Tohá.

“Sí, los chinos no han innovado precisamente en pluripartidismo, pero Estados Unidos también insiste en un liberalismo político que no practica. Es difícil preguntarse por el impacto en Cuba de una cosa que ni siquiera existe en EEUU. La dominación política norteamericana como condición de la dominación económica puede replicar en Cuba sistemas muy pocos democráticos que conocemos en América Latina y eso implica la habilitación política de poderes económicos que ellos van a instalar en Cuba“, advierte Carlos Ruiz.

En este tablero, muchas fuerzas políticas latinoamericanas simpatizantes de la influencia norteamericana serán movilizadas. En ese sentido, Ruiz señala que “la celebración del falso liberalismo latinoamericano, tipo Concertación, es de un oportunismo brutal. Hacen gárgaras de una voluntad democrática que no tienen. Con la Constitución vigente en este país ¿dar clases de democracia? Es difícil tener un debate en chile sobre Cuba que esté anclado de una manera diáfana sobre los intereses del pueblo cubano. La Concertación no tiene de dónde darle lecciones de democracia ni, menos, de soberanía económica a Cuba”.