zitarrosaEn la carátula de uno de esos objetos de otra época llamados CD, Isabel Parra escribía un prólogo para el disco “Zitarrosa en vivo en Santiago”. En ese texto, se refería a lo extravagante que podía ser el uruguayo en el mundo de los cantautores, puesto que frente a los ponchos, tejidos y vestimentas artesa que eran la norma, Zitarrosa opuso siempre su peinado a la gomina y el impecable traje y corbata.

Este punto, que podría parecer una frivolidad, no lo es si es que aquella apariencia encarna la elegancia de la obra de este enorme cantautor uruguayo. Luego de desarrollar una primera parte de su carrera como locutor radial y libretista, a mediados de los 60 giró hacia la canción e inmediatamente destacó por esa extraordinaria voz grave que no solo cantaba la reciedumbre, sino un cierto estoicismo para resistir los embates de la vida contra un alma que, evidentemente, estaba llena de nostalgia y ternura.

 

En frases como “Becho quiere un violín que sea hombre /que al amor y al dolor no los nombre”, o “Stephanie, no hay dolor más atroz que ser feliz” se pueden encontrar hebras que muestran el mundo sentimental de Zitarrosa. Ahí cabía el amor por el pueblo en sus sujetos sociales urbanos y rurales, los niños, la mujer e incluso los animales, que son parte tan visible y cotidiana de la vida del campo.

Pero fue, también, un cantor comprometido y un militante convencido del naciente Frente Amplio, a principios de la década del 70 del siglo pasado. Esta adscripción se tradujo en muchas acciones y canciones le valió la persecución y el exilio. Cuba y España fueron los lugares que lo acogieron, aunque no lograron aliviar una profunda melancolía por su patria. El multitudinario recibimiento en su retorno a Uruguay y un concierto en el Estadio Centenario reunieron al pueblo oriental con su cantor.

Un hombre latinoamericanista y solidario como éste, también debía resultar incómodo para las dictaduras de Chile y Argentina, que lo proscribieron. En estos países también, hay miles que lo recuerdan con amor, como si fuera uno de los suyos. Cuando pudo entrar a estas tierras, así quedó registrado. El fervoroso disco “Zitarrosa en Argentina” no solo mostró la euforia de su reencuentro con el pueblo argentino, sino también con los uruguayos que todavía padecían el exilio. Del mismo modo, en los últimos meses de su vida el cantor alcanzó a participar en actividades de la oposición a la dictadura de Pinochet.

Una peritonitis acabó con su vida el 17 de enero de 1989. Muchos lo lloraron, muchos aún lo siguen cantando. Hoy, salas de teatro, plazas y calles llevan en Uruguay el nombre de quien fuera uno de sus artistas más idolatrados.