Fin del binominal

Comienza el 2015 con un cambio histórico: el fin del Binominal, sistema electoral criticado por años pero jamás tocado hasta ahora. Es cierto que todos los sistemas tienen fortalezas y debilidades, pero no se conocía en el mundo uno que cambiase la implacabilidad de las matemáticas como si lo hacía el nuestro, que lograba mágicamente que un 33% de los votos fuese igual a un 66%. Por cierto que hay críticas al nuevo sistema (que pasará a tercer trámite en el Parlamente y probablemente al Tribunal Constitucional a petición de la UDI), pero es un enorme avance después de 25 años en democracia.

En líneas generales, el cambio implica un llamado re distritaje, que ordena las comunas con un diseño de acuerdo a su realidad demográfica, se generan 38 Distritos (diputados) y 15 Circunscripciones (Senadores), se aumenta el número de parlamentarios (de 120 a 155 en Diputados y de 38 a 50 en Senadores), se fijan cuotas de género , bajan requisitos para la formación de partidos e inscripción de independientes y el método binominal (que generaba la necesidad de “doblaje”) se cambia por un proporcional corregido de acuerdo al modelo D´Hont de cifra repartidora. Tema claramente pendiente es el de regular las re elecciones, un vicio a estas alturas impresentable y que los incumbentes – no debe sorprendernos- mantienen transversalmente.

 

Caso Penta y la democracia

Toda nuestra armazón institucional se ha visto impactada por el tema Penta, que reveló un “modelo de financiamiento” de determinados actores políticos plagado de delitos tributarios, de sometimiento de autoridades políticas a sus financistas y de malas prácticas más allá de los que muchos dirían “todos lo hacen”. No sabemos si es así, si sabemos quienes están hoy día imputados de delitos. Respetando el principio de inocencia de todos y cada uno de ellos (y de los que pueden aparecer) los hechos son absolutamente condenables. Basta de empates o minimizar porque está de mi lado de las ideas, es necesario condenar venga de donde venga. La democracia requiere ser adecuadamente financiada para evitar distorsiones, siento ésta una discusión que debe abordarse con urgencia y la mayor altura de miras

 

Segundo año

Con cifras macro económicas y proyecciones bastante negativas, el Gobierno inicia su segundo año de mandato con la obligación de recobrar apoyo ciudadano para impulsar su ambicioso plan de reformas. Hasta ahora ha logrado sacar adelante su Reforma Tributaria, la reforma al Binominal ya comentada y el tema de la regulación de vida en pareja (ex APV, hoy PUC) que permitiría a parejas tanto heterosexuales como homosexuales regular civilmente su relación, con efectos principalmente patrimonial. Más allá del grado de acuerdo que se tenga con estos temas, debe reconocerse el mérito de colocarlos en la agenda y conversación nacional. Pero los desafíos para este año no son menores y serán cada día más complejos a medida que nos acerquemos a períodos electorales: la Reforma Educacional, que tendrá probablemente su año de fuego este 2014 y que no logra ser “vendida” correctamente a todos los actores, desde los estudiantes, las familias hasta los mismos parlamentarios de la Nueva Mayoría.

Se viene la conversación sobre transparencia de la política y financiamiento electoral, con toda la sensibilidad que hoy existe sobre el tema. Sobre esto, es necesario entender que la democracia debe ser financiada adecuadamente, lo que al final redundará en un beneficio social para el país mucho mayor que los recursos que deban destinarse. Es hora de entender el financiamiento de la democracia como una inversión y no como un costo. Es claro, eso sí, que para ello se requiere una ayudita de los políticos profesionales.

 

La oposición

La oposición debe reorganizarse – replantearse – renovarse – reinventarse, elija usted el término que prefiera. Para ello, parece sensato comenzar por sincerar las distintas miradas o “sensibilidades”. Amplitud ha dado el primer paso al anunciar su salida de la Alianza, donde –convengamos – no era especialmente apreciada y votando (es decir, en los hechos, más allá de las declaraciones) fuera de la línea opositora. Parece necesario que presente sus ideas de futuro, su visión de país y no se quede solamente en la crítica al Gobierno. Esta es necesaria y parte de su rol, pero no puede ser la esencia de un sector que pretenda gobernar nuevamente.