“Hay que terminar con la cohabitación entre la derecha y los negocios”. “Hay que revisar radicalmente nuestros partidos así como la estructura de la alianza”. “La Alianza se atrincheró en ideas ultra conservadoras y de ultra derecha”. Las tres son frases lanzadas no por críticos de la derecha sino por dirigentes de sus propias filas: Andrés Allamand (RN), Hernán Larraín (UDI) y Lily Pérez (ex RN, hoy Amplitud), respectivamente. Declaraciones que hace sólo semanas eran inimaginables en boca de quienes hoy las pronuncian, difíciles de tragar para muchos, pero las primeras después de meses de mutismo por el Caso Penta.

¿Cuánto hay de sustantivo y cuánto de conveniente en las sonoras frases de estos dirigentes? Conversamos con dos voces emergentes del propio mundo de la derecha para conocer cómo, desde las mismas entrañas del sector, se explican las causas de su crisis y las vías para su superación. Aunque representantes de polos que se reclaman distintos -uno pretendidamente liberal, el otro asumidamente conservador-, ambos coinciden en la gravedad del diagnóstico.

El incestuoso vínculo político-empresarial

hernan_larraín_matteHernán Larraín Matte compartió un sólo mensaje desde su cuenta de Twitter el viernes 16 de enero, día que cerró una semana marcada por el desfile ante la justicia de buena parte de la dirigencia de la UDI y sus mecenas en el marco del caso Penta. “Esto lo veremos en Chile en 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1… #QueSeVayanTodos”, tuiteó, ilustrando su posteo con la foto de una manifestación en España encabezada por la consigna que le quita el sueño: QUE SE VAYAN TODOS… Ya!

El hijo del senador gremialista Hernán Larraín y de la ex ministra de Vivienda de Piñera Magdalena Matte, piensa que la crisis de la derecha afecta no sólo a su sector, sino a todo el sistema de partidos y a la política misma. Desde su condición de director ejecutivo del centro de pensamiento Horizontal, reclama por una”refundación” de la centro derecha (se esfuerza en no decir jamás derecha a secas) y llama a someter a juicio algunas de las verdades con que su sector ha navegado durante la transición.

¿Cuáles son las causas de la crisis de la derecha? Si estás de acuerdo con la palabra “crisis” para ponerle nombre a su situación…

Crisis es la palabra precisa para describir el momento que está viviendo la centro-derecha. Hay dos razones. La primera, de fondo y con más historia, tiene que ver con que dejó de desarrollar un proyecto político-intelectual después de ver que la Concertación, durante más de 20 años, administró sus propias ideas. Por lo tanto, tomó un camino más vinculado a la gestión sin una visión de sociedad. La segunda dimensión, que pone sobre la mesa el caso Penta, es el incestuoso vínculo entre el mundo político y el mundo empresarial. Es cierto que los grandes grupos empresariales financian a todos los sectores, pero hoy es un partido y un sector los que están el ojo del huracán. Creo que esto tiene que verse como una oportunidad para desvincularse de la derecha económica.

“La centro derecha dejó de desarrollar un proyecto político-intelectual después de ver que la Concertación, durante más de 20 años, administró sus propias ideas”.

¿Hay proyecto independiente posible con el actual nivel de subordinación al poder empresarial?

En el mundo hay varios ejemplos de centro-derechas modernas que tienen como foco la libertad y la persona, una visión de mercado competitivo que genere oportunidades y un rol limitado del Estado. Eso puede tener cabida en Chile. Sin duda es un proceso lento que requiere una renovación intelectual y de liderazgos para lograrse. Pero no veo por qué en Chile -como vemos en Inglaterra, Francia, Alemania, Suceia o Estados Unidos- no pueda existir una derecha más liberal pero a la vez distinta de la centroizquierda.

Un proyecto es encarnado por personas concretas. ¿Está la actual generación dirigente en condiciones de liderar una renovación en un sentido modernizante? Considerando lo que señalas sobre el incesto con el poder económico o el hecho, por ejemplo, de que se formaron en dictadura.

La centroderecha en los últimos 20 años tuvo que hacerse cargo de un primer lastre, que fue su vínculo con la dictadura. Y si hay algo distinto en la nueva generación, la sub-40, es que su vida política ha sido como hijos de la democracia. Me gustaría que la UDI viera esto como una oportunidad para modernizar su declaración de principios, como hizo RN hace algunos meses cuando excluyó la consideración del golpe militar como una “gesta liberadora”. Respecto de ese lastre, hay algo avanzado y siento que esta generación tiene condiciones de hacer más dada su independencia. ¿Serán las nuevas generaciones capaces? Yo creo que sí. Es muy difícil, pero habemos algunos embarcados en esa aventura y creemos que se puede construir un proyecto distinto al de la derecha tradicional, que pone excesiva fe en el mercado así como la izquierda pone excesiva fe en el Estado.

“Ahora, así como la centro derecha tiene el desafío de renovarse, mi impresión es que la ciudadanía está dándole la espalda a los políticos en general y eso es gravísimo. Cuando este problema se hace estructural y la ciudadanía corta sus vínculos con el sistema político, importa poco si hay proyectos nuevos desarrollándose, porque empieza a no haber espacio para que puedan siquiera presentarse como tales. Hoy la gente no tiene disposición a escuchar porque tiene la impresión que todos los políticos son los mismos y son parte del problema y no de la solución”.

¿Esto ha llegado a comprometer la legitimidad de la propia política?

Hay dos cosas. Una crisis de representación con una ciudadanía que, en las últimas dos décadas, se ha ido alejando de la actividad política, de participar y creer en los partidos y las instituciones. Y a eso ahora se suma lo que destapa Penta, en el que hay cosas legales -los aportes vía Servel- y otras irregulares, que aunque no sean generalizadas (yo no creo que todos anden evadiendo impuestos), se instala la idea de que son prácticas sistémicas. La gente no ve mayor atractivo en vincularse con una actividad que, si bien yo considero noble, la percepción ciudadana ve como propia de un grupo de gente despreciable. Ese es el problema común que tenemos las generaciones nuevas en distintas veredas políticas.

“El Caso Penta tiene que verse como una oportunidad para desvincularse de la derecha económica”.

La independencia política del poder empresarial, ¿se reduce a cambiar el financiamiento de la política o a someter a juicio el propio proyecto neoliberal?

Yo haría una distinción. Hay un vínculo entre la derecha política y la económica que con el caso Penta va a tener un antes y un después. Pero  la modernización capitalista que ha tenido Chile en los últimos años ha sido muy potente para dejar de ser un país pobre y pasar a ser un país de clase media. La libre competencia es un elemento muy importamte en las sociedades modernas que con una buena regulación por parte del Estado genera muchos bienes. Ahora, también es cierto que la centro-derecha ha basado su proyecto de forma excesiva en la economía y con confianza desmedida en el mercado. Una centro-derecha debe entender que mercado y Estado son herramientas, pero que la transformación ocurre cuando le permites a las personas, en la sociedad civil, desarrollar sus proyectos de vida y enfrentar los desafíos que supone vivir en comunidad.

¿Comulgas con la idea de Allamand de hacer un “partido único” de la derecha? ¿Es deseable y viable?

Me parece interesante abrir este tipo de reflexiones, porque indica que se están buscando salidas a la crisis que vivimos. La idea del partido único no me convence del todo, porque las las posiciones políticas hoy deben ser diversas y mostrar todas sus caras. Si piensas, Nueva Mayoría va desde el Partido Comunista hasta la Democracia Cristiana, hay una gran diversidad de visiones, porque la misma sociedad tiene matices. Mi impresión es que la centro-derecha debe avanzar a un proyecto que le de más unidad -cosa que comparto con Allamand-, no necesariamente con un partido único pero sí con una plataforma que nos permita actuar en unidad conservando la diversidad.

Reformar para conservar es la consigna

pablo ortuzarPablo Ortúzar Madrid, a diferencia de Larraín, no tiene problemas en hablar de derecha a secas. Lo hace tanto por convicción como por su condición de provocador, característica que le ha valido un espacio en el terreno del debate político-intelectual de la derecha chilena. Terreno que, huelga decir (y Ortúzar estaría de acuerdo), es prácticamente baldío.

En su calidad de director de Investigación del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES), este antropólogo social y traductor al castellano del libro “La Gran Sociedad” del británico Jesse Norman, asegura que la de la derecha es una crisis política de connotaciones éticas y cognitivas. El economicismo, acusa, le ha restado a la derecha no sólo capacidad de generar discurso, sino de comprender lo que está pasando a su alrededor.

El caso Penta deja una pelota dando bote, que es la relación entre la derecha política y el poder empresarial. ¿Cuánto explica los problemas de la derecha esa relación?

El caso Penta permite entender no tanto lo defendido por la derecha (nadie podría afirmar seriamente que la derecha chilena defendió las instituciones de mercado por el hecho de estar financiada en parte por empresarios) sino lo no atacado: la incapacidad crítica de la derecha respecto a las instituciones que busca defender, considerando que es evidente -desde Edmund Burke- que una receta excelente para destruir una institución es no reformarla a tiempo y todas las veces que sea necesario.

“Otra pregunta interesante que deja el caso Penta es si parte de la privatización de las empresas estatales de los años ’80 se hizo pensando en generar una fuente de financiamiento más o menos permanente para la UDI. Es decir, si es parte del diseño de Guzmán o no. Porque lo más raro de este caso -aparte de los delitos involucrados- es que el grupo Penta, a diferencia de la mayoría de los grupos empresariales, sólo entregaba o principalmente entregaba dinero a la UDI”.

¿En qué consistiría una reforma de la derecha?

La derecha se quedó sin proyecto político porque se quedó sin perspectiva. Necesita una ampliación cognitiva. El economicismo acrítico la llevó a dejar de entender la pluralidad de lógicas que confluyen en todo orden social y eso te deja no sólo sin “relato”, sino sin capacidad de entender lo que está pasando a tu alrededor.

Además, necesita una refundación ética: el utilitarismo que acompaña al economicismo hace imposible la búsqueda de una posición de altura moral que es necesaria para gobernar y para invitar a otros a unirse a un proyecto. No puede pensarse la política -ni la vida- en términos puramente transaccionales. En el drama político uno puede ser Valjean, Javert o Marius, pero no puede ser Thénardier…

“El economicismo acrítico llevó a la derecha a dejar de entender la pluralidad de lógicas que confluyen en todo orden social”.

¿Consideras entonces que una refundación de la derecha pasa también por hacer un cuestionamiento al curso llamado “neoliberal” que ha seguido la sociedad chilena?

Es necesario distinguir la defensa del libre mercado en el marco de una sociedad de libertades de la pretensión de extender la lógica económica a todas las relaciones sociales. Si lo segundo es el “neoliberalismo”, es evidente que la derecha debe alejarse de esa pretensión no sólo por razones éticas y políticas de fondo, sino porque un compromiso ideológico de ese nivel con UN sólo principio te deja sin respuestas para la mayoría de las preguntas políticas relevantes. Es renunciar a entender el mundo y, finalmente, renunciar a la voluntad de conducir políticamente una sociedad.

Hay quienes, para explicar el estado de la derecha y desde una perspectiva “liberal”, apuntan a su conservadurismo. Para aterrizarlo: Lily Pérez diciendo que la Alianza se “atrincheró en ideas ultraconservadoras y de ultraderecha”. ¿Qué te parece esa evaluación?

El pensamiento conservador consiste, en grandes líneas, en la búsqueda política de conservar lo probado bueno y descartar lo malo, mediante la constante reforma de la sociedad. Así, consiste más bien en mantener la sociedad siempre abierta a lo nuevo, pero sin renunciar a la herencia de las generaciones pasadas y sin ser egoístas respecto a las generaciones futuras.

Respecto a lo dicho por Pérez, entonces, creo que lo que le falta a la derecha es justamente ese ánimo reflexivo y que el gran drama de la derecha ha sido defender irreflexivamente ciertas instituciones, sin ánimo alguno de reformarlas para conservarlas. Es decir, sin espíritu conservador. Ofrecer show en vez de cambios razonables y a tiempo. Y Lily Pérez es parte de ese show y no sé si sabe hacer alguna otra cosa más que show.

Una refundación profunda, ¿tiene cabida en los partidos actuales o puede ser encabezada por ellos?

No tengo un conocimiento acabado de los partidos como para afirmar o negar radicalmente eso. Pero todo partido es un grupo de personas y las personas siempre pueden elegir hacerse cargo de sus circunstancias.

“Lily Pérez es parte de ese show irreflexivo y no sé si sabe hacer alguna otra cosa más que show”.

Te pregunto porque las primeras reacciones públicas a partir del caso Penta apuntan a una revisión de la estructura política de la derecha. ¿Crees que es deseable (y posible) la cohabitación en un partido de las expresiones que hay de la derecha ? Habiendo diagnósticos tan distintos arriba del paciente…

La Concertación mostró que es posible mantener unida a una gran cantidad de partidos más o menos divergentes a partir de un núcleo político transversal con una visión de país apoyado por una arquitectura intelectual consolidada durante los años ochenta (de la que formaban parte muchos de los “transversales”). Ahora, que eso exista en la derecha… no lo veo. Pero insisto en que no tengo muchos elementos para juzgar el rango de acción posible de los partidos en su estado actual.

Que verdades teóricas se transformen en verdades políticas pasa por lo que hagan o dejen de hacer personas de carne hueso. ¿Cuán capaz es la actual generación de dirigentes de la derecha deemprender su propia refundación? Pensando sobretodo en su formación en una situación (la dictadura) bien diferente a la actual…

El tema generacional es muy importante porque hay una generación que hoy tiene 40 o 50 años que creció en un país donde se hablaba poco de política y donde sus padres siempre estuvieron a cargo. Es la llamada “generación perdida”, identificada en su momento con el “no estoy ni ahí” del Chino Ríos. En el lado de la derecha, ellos se identifican con un fuerte pragmatismo de mercado y en el de la izquierda, con cierto sarcasmo e ironía respecto a todo. Esa generación está hoy, por default, recibiendo las riendas del poder económico y político. Y todo parece indicar que les está quedando grande el asunto y que la presión de la generación siguiente, más joven, terminará volviéndose importante antes de lo imaginado. Creo que es importante investigar a la “generación perdida” en sus virtudes y defectos.