cobreEl precio del llamado “metal rojo” se fija en la Bolsa de Metales de Londres, moderno edificio plagado de agentes intermediarios y especuladores que pertenecen a grandes conglomerados financieros, poderosas entidades que negocian a diario el precio internacional de las 19,8 millones de toneladas de cobre que se producen anualmente en el planeta.

El precio de este mineral es uno de los indicadores más confiables para evaluar la salud de la economía, porque es un material que está involucrado en un sinnúmero de procesos industriales de diverso tipo en todo el mundo. Se usa tanto en la construcción de viviendas, como en la manufactura de tecnología avanzada, en la confección de vestuarios y de infraestructura pesada.

Pero hay algunas economías para las cuales el precio del cobre es algo más que un buen indicador. Hay regiones que son más vulnerables a las fluctuaciones en el precio de commodities por lo dependiente que son sus economías de su exportación. Tal es el caso de América Latina y, especialmente, de Chile.

Chile es el mayor productor mundial de cobre, extrayendo cada año más de 5,7 millones de toneladas. El mineral ocupa además un lugar crucial en su economía, pues equivale al 52% del total de sus exportaciones.

El 27 de noviembre del año pasado fue el último día en que el precio del cobre estuvo por encima de los US$3 la libra. Desde entonces su precio comenzó a bajar, en realidad continuando una tendencia a la disminución que comenzaba a asomar. Así, el miércoles 14 de enero de 2015, el precio del metal rojo llegó a los US$2,55 la libra, su punto más bajo desde 2008.

De acuerdo a la Sociedad Nacional de Minería de Chile (Sonami), por cada centavo de dólar promedio anual que cae el precio del cobre, el fisco chileno deja de recibir US$60 millones aproximadamente, considerando los menores ingresos de Codelco y la caída de los ya exiguos impuestos que se le cobran a las mineras privadas. Por concepto de exportaciones, en tanto, la Sonami estima que Chile pierde cerca de US$128 millones al año.

Por cada centavo de dólar promedio anual que cae el precio del cobre, el fisco chileno deja de recibir US$60 millones.

La situación es preocupante para nuestro país, considerando que Codelco es una de las principales fuentes de financiamiento del gasto público en Chile. Si a ello sumamos la desaceleración en la que está sumida la economía chilena, el panorama, a ojos de los expertos, no es precisamente alentador.

¿Está en riesgo la sustentabilidad financiera de las grandes reformas que reclama la sociedad chilena?

Así lo piensa José Gabriel Palma, doctor en Economía de la Universidad de Oxford y profesor de las facultades de Economía de las universidades de Cambridge en el Reino Unido y USACH en Chile.

El precio del cobre no sólo puede seguir cayendo, sino que lo más probable es que siga cayendo. No habría que extrañarse de que este año termine más cerca de 2 que de 2,5”, indica el experto desde Londres.

Regalar y gastar en lugar de captar e invertir

Gabriel PalmaConsultado por el efecto que tendrá la caída del precio del cobre en la economía chilena y en la viabilidad de futuras reformas, Palma responde que su efecto será “grande y negativo”. Para el economista, sin embargo, esto no es novedad: “ahora nos enfrentamos a un ciclo con un precio del cobre más bien normal, pero sin tener las ventajas de haber usado de forma productiva las rentas mineras temporales del periodo alto del ciclo“.

“En Chile se supuso que el precio del cobre subía y que, por alguna razón misteriosa que nunca se explicó, iba a quedar en niveles altísimos. Había una actitud maníaca de que el cobre no había subido sólo como parte de un ciclo, sino que de modo permanente y la economía se ajustó a eso desde el punto de vista del consumo, del gasto público y de la balanza de pagos”, señala Palma en referencia al precio particularmente alto que tuvo la libra de cobre entre 2003 y 2013.

En esa década, advierte Palma, el Estado chileno no generó “ninguna capacidad de respuesta positiva para el día en que el cobre volviera a precios más normales. Si bien algo se ahorró al final del periodo de Lagos y al comienzo del primero de Bachelet, ese ahorro era una proporción bajísima del total de la renta minera creada durante esa década”.

Dos son las decisiones que se tomaron durante los 2000 y que, según el economista, son hoy razones para lamentar. “Primero, se regaló al capital extranjero al menos la mitad de esa renta minera. Las utilidades de las empresas extranjeras del cobre en Chile entre 2003 y 2013 fue de 180 mil millones de dólares, seis veces más de lo que sacaron en la década anterior. En Chile no hay royalty, lo que hay es una tomadura de pelo. Lo que quedó en Chile fue gracias a Codelco”.

“En la última década Chile fue como una familia que recibió una herencia, regaló la mitad y la otra se la consumió lo más rápido posible”, ilustra Palma.

La segunda fue, continúa Palma, que “una parte muy pequeña de eso se ahorró y el resto básicamente se gastó en consumo. El consumo como porcentaje del ingreso en el gobierno de Piñera subió del 71 al 76% del PIB y el ahorro cayó en forma proporcional del 26 al 21%. En la última década Chile fue como una familia que recibió una herencia, regaló la mitad y la otra se la consumió lo más rápido posible“.

En definitiva, asegura Palma, “ahora hay que ajustarse desde el gasto público, el consumo y la balanza de pagos, sin que esa renta minera temporal hubiese dejado una contribución permanente a la economía chilena. Vamos a sufrir las consecuencias de la política totalmente irresponsable sobre la renta minera de los últimos diez años“.

El desafío es innovar

Laura AlbornozLaura Albornoz, que desde mayo de 2014 es miembro del directorio de Codelco, tiene una opinión más optimista que la de Palma. Estima que la baja del precio del cobre debería tender a una “estabilización gradual” debido a que “la desaceleración de China es en parte intencionada por el gobierno chino, pero esa medida no admite más de dos o tres años de aplicación. Eso sumado a la recuperación de EEUU no lleva a un escenario muy pesimista”.

Para la ex ministra del Sernam (DC), también se debe considerar “la capitalización de 24 mil millones de pesos que va a significar la entrada en vigencia de proyectos estructurales para tener Codelco para 50 años. El proyecto Andina 244, por ejemplo, está pensando en producción de 244 mil toneladas diarias de concentrado de cobre hasta el año 2088“.

Según Albornoz, sin embargo, el fortalecimiento de Codelco pasa no sólo por aumentar la producción del mineral sino por “diversificar los productos y servicios derivados de la extracción de cobre. Deberíamos ser exportadores de profesionales y de tecnología, y ya lo estamos haciendo, pero el desafío es innovar”.

Al respecto, todavía es un misterio cuáles serán los próximos pasos de Codelco. Entre expertos y políticos, todavía resuena el intento del gobierno de Piñera por delegar el diseño de las políticas de innovación en este ámbito a instituciones privadas como el Instituto Libertad y Desarrollo y la Fundación Chile. Si bien ello no fructificó, aún no se anuncian nuevas directrices desde el nuevo gobierno.

Todavía resuena el intento del gobierno de Piñera por delegar el diseño de las políticas de innovación en este ámbito a instituciones privadas.

Sin embargo, más allá de lo que haga Codelco, la minería privada es cada vez más relevante en la extracción de cobre y otros minerales. “No le corresponde -dice Albornoz- meterse a Codelco en ese ámbito, es Cochilco el ente regulador, pero -lo digo título personal, no institucional- Codelco debe ser una empresa modelo, un ejemplo, tanto en términos de relación con las comunidades y la innovación, como en relación con el modelo que tenemos como país con la extracción de recursos naturales“.

Para José Gabriel Palma, en tanto, lo que hizo el presidente José Manuel Balmaceda, a fines del siglo XIX constituye un buen ejemplo de cómo abordar la situación:

“Primero le puso un royalty altísimo a las empresas salitreras, que fue equivaliendo a un tercio de las exportaciones de salitre; y después sextuplicó el gasto en salud, educación e infraestructura. La teoría de Balmaceda era que a la renta minera había que, primero, captarla en Chile con un royalty, y segundo, invertirla, cosa que el día en que esa renta desapareciera, hubiesen capacidades productivas que reemplazaran lo que esa renta podía proporcionar. Esa es una forma de hacer las cosas bien. La otra forma es hacer como se ha hecho hasta ahora: regalar la mitad y lo que quedó gastárselo en consumo. O sea, guatita llena corazón contento”, sentencia Palma.