En días más SYRIZA enfrentará las elecciones con las que la Izquierda seguramente retomará, después de largos años, el control del parlamento y por ende del gobierno griego, con un programa que responda a la gravedad de la crisis, esto incluye desde la auditoría y renegociación de la deuda pública hasta la abolición de los privilegios y la protección legal a autoridades políticas, pasando por la renacionalización de las empresas públicas privatizadas, la rebaja a los alimentos de primera necesidad y un fuerte impulso  por las energías renovables y la protección del medio ambiente, entre las 40 medidas que por largo tiempo han sido satanizadas por los socios mayoritarios de la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y como no, por las agencias calificadoras de riesgos.

Grecia ha sufrido, tal vez junto a España, las peores consecuencias de la crisis económica que se  desencadenó en Europa cuando se conoció la gravedad de las finanzas públicas helénicas, luego de que  se transparentar que los conservadores de Nueva Democracia, falsificaron las cifras macroeconómicas para esconder el déficit público, con la complicidad y asesoría Goldman & Sachs y quien por entonces era encargado para Europa, el actual presidente del Banco Central Europeo (BCE), el italiano Mario Draghi, otrora cerebro de las privatizaciones de las empresas públicas en su país.

Desde entonces los griegos han enfrentado una crisis económica que en poco tiempo detonó  una severa crisis social y política, consecuencia directa de las férreas medidas de austeridad y recortes sociales impuestos por la Troika (FMI, BCE y la Comisión Europea), siendo entre otras, las más perjudiciales el aumento de la edad de jubilación, la reducción de salarios y el aumento del IVA en algunos productos básicos.

El remedio fue peor que la enfermedad, las condiciones de vida de los griegos empeoraron bruscamente. Todo esto fue siendo canalizado con mucho tacto por SYRIZA, quienes trabajaron responsablemente para establecerse como una alternativa en medio de la crisis.

Estas medidas se transformaron como era de esperar en un boomerang. La economía griega sufrió un shock mayor, el plan de la troika no era salvar Grecia, si no seguir endeudándolos con más y más salvatajes. Un espiral que fue caldo de cultivo perfecto para huelgas, paros y marchas. El remedio fue peor que la enfermedad, las condiciones de vida de los griegos empeoraron bruscamente. Todo esto fue siendo canalizado con mucho tacto por SYRIZA, quienes trabajaron responsablemente para establecerse como una alternativa en medio de la crisis.

Pareciera que SYRIZA surgió vertiginosamente al calor de todo esto, pero no es así.  Su génesis se ubica hace más de una década en una convergencia de izquierdas para enfrentar la elección general. Tan simple y coyuntural como eso, más no lo único.  Este ensayo inédito es fruto de un original y largo proceso donde influyó con gran fuerza, la lógica de unidad en la acción de los movimientos altermundistas de fines del siglo pasado. Un ejemplo contundente contra el sectarismo patológico de la izquierda. A todas luces un proyecto insólito que lógicamente no estuvo exento de crisis y reestructuraciones internas, como la salida de una facción más próxima a la socialdemocracia que al anticapitalismo que profesan la mayoría de sus componentes.

No hay duda que SYRIZA es un experimento político que reúne en su seno, una decena de organizaciones con enraizamiento popular de una diversidad tan amplia, que para un chileno es difícil incluso de creer… aquí están juntos trotskistas, ecologistas, movimentistas, sindicalistas, maoístas y una amplia gama de las numerosas tendencias de la izquierda. Porque eso bien podría ser SYRIZA, una síntesis y una respuesta más clara a la atomización de las izquierdas, esa pandemia que ha mermado por años la posibilidad de avances de nuestro sector, algo digno de imitar e incluso ensayar en nuestro país. Tal vez en ello radica su relevancia y por ende la peligrosidad que le adjudican los defensores de esa Europa que se bate de crisis en crisis.

Las probabilidades que ganen las elecciones del próximo domingo vienen en sostenido aumento desde la explosión de la crisis. Las medidas austeridad y los recortes sociales no hicieron más que avivar la irrupción de SYRIZA en el tablero político griego. En 5 años pasó del 3,30% obtenido en su debut electoral, hasta convertirse en junio de 2009 en la segunda fuerza política griega y el mayor partido de oposición con el 26,89% de los votos frente a la derechista Nueva Democracia, quienes formaron un gobierno de unidad con los socialistas del PASOK, a quienes enfrentaron en innumerables jornadas de protestas, tomas de edificios públicos e incluso la larga ocupación de la televisión estatal clausurada por el propio gobierno en pos de la austeridad fiscal.

Hoy SYRIZA tiene todas las chances de restaurar el camino de regreso a la soberanía, para ello deberá vencer con votos a la derecha de Nueva Democracia, la prepotencia de los neonazis de Amanecer Dorado y la liviandad de los  socialdemócratas históricos del KKE y PASOK. El éxito de este proceso se medirá  por cómo y cuánto cambien las condiciones de vida de los griegos bajo un gobierno de izquierdas. En esto el liderazgo de Alexis Tsipras jugará un rol fundamental será el encargado de dirigir el gobierno y la tan ansiada mayoría parlamentaria con la cual podría asegurar la ejecución del programa para salir de la crisis. Por supuesto, si todo esto ocurre el gobierno griego se transformará para muchos en otro enemigo de los analistas internacionales, la prensa y los intereses privados que no dudarán en volver a aumentar el nivel de riesgo país, es una historia que ya conocemos.

La esperanza del presente otra vez se abre… si Grecia avanza, el mundo cambia.