Con la visita de Sebastián Piñera a Leopoldo López en el penal donde lleva preso casi un año, la figura de este opositor a los gobiernos de Chávez y Maduro ha recobrado relevancia internacional. Ahora son los ex presidentes derechistas Andrés Pastrana (Colombia) y Sebastián Piñera (Chile) los que, con su visita, apuntalan su condición de opositor destacado del gobierno bolivariano. Pero antes fueron otros dirigentes los que le dieron eco a sus planteamientos, figuras pertenecientes tanto a la extrema derecha, como Álvaro Uribe, como a la Internacional Socialista, federación política internacional a la que el movimiento de López (Voluntad Popular) pertenece.

Sin embargo, López no ha sido ni el único ni el principal dirigente opositor a los gobiernos encabezados por el Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV). Al interior del país caribeño, Voluntad Popular (VP) se ubica entre las fuerzas que han sostenido las posiciones más radicales desde la oposición de derecha, promocionando en la práctica el levantamiento por la fuerza de la oposición y la ciudadanía con mucho más entusiasmo que su participación y confluencia por la vía institucional.

Este radicalismo le significó a López el alejamiento no sólo de quienes apoyaban a Chávez, sino también de los sectores opositores que en materia de modos de relación con el Estado y el papel de la movilización social ocupan una posición más moderada. Henrique Capriles, por ejemplo, se ha diferenciado de López asegurando que “la resistencia no crece si nosotros nos planteamos salidas que nunca llevan a nada”, acusando al líder de VP de reducir su estrategia a “calentar la calle”. Henri Falcón, gobernador de Lara, le pidió en 2013 a López “madurez política y entendimiento para superar las dificultades en el marco de la diversidad necesaria en la democracia” .

Hoy López permanece detenido en la prisión militar de Ramo Verde, a las afueras de Caracas, acusado de haber promovido la violencia que tras la marcha del 12 de febrero de 2014 provocó la muerte de tres personas, en el marco de protestas que se extendieron por semanas y acabaron con 28 muertos. Los artilugios del gobierno venezolano por extender a toda costa su permanencia en prisión mientras se investiga su responsabilidad en los hechos, poco han ayudado a quitarle la imagen de mártir que decidió construirse cuando se entregó voluntariamente a la justicia.

Entre los cuestionamientos al gobierno por este caso, y el apuntalamiento que le proveen figuras políticas de derecha y de centro en la región, la figura dudosamente comprometida con la democracia de López parece reanimarse.

¿Una derecha insurreccional?

López irrumpió en la política en 2000 con sólo 29 años como alcalde de Chacao, el municipio más rico de Caracas, una suerte de Vitacura de la capital venezolana. Durante el último año de su gestión fue inhabilitado para ejercer cargos públicos luego de avanzar la investigación que, desde 1998, pesaba sobre él por recepción irregular de recursos desde la gerencia de Petróleos de Venezuela (PDVSA) que entonces ocupaba su madre, Antonieta Mendoza. El desvío de fondos, señaló la investigación, tuvo como objetivo el financiamiento de la fundación del partido opositor Primero Justicia.

Debido a las presiones del Ejecutivo venezolano, el joven dirigente consiguió que la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH y Corte CIDH) determinara que hubo una violación de sus derechos. Su culpabilidad no fue negada y continuó con la prohibición de ejercer cargos públicos, pero se comenzó a proyectar como un perseguido por el gobierno entonces encabezado por Hugo Chávez.

López participó en el violento asedio al Palacio Miraflores y fue uno de los firmantes del “Decreto Carmona”, acta que, en nombre de la democracia, disolvió los poderes del Estado, destituyó de sus cargos a sus representantes e impuso como presidente de facto al empresario Carmona.

Pero la decisión política que más pesaría sobre su trayectoria y su relación con el gobierno chavista, fue el activo papel que jugó en el intento de golpe de Estado que acaudilló al entonces presidente de la cámara empresarial venezolana, Pedro Carmona Estanga, contra el gobierno democrático de Chávez en 2002. López participó en el violento asedio al Palacio Miraflores y fue uno de los firmantes del “Decreto Carmona”, acta que, en nombre de la democracia, disolvió los poderes del Estado, destituyó de sus cargos a sus representantes e impuso como presidente de facto al empresario Carmona.

Durante una movilización en febrero de 2004, siendo todavía alcalde y un líder de la oposición en proyección, reivindicó el fallido golpe de Estado de 2002, señalando que “del 11 de abril hay que sentirse orgulloso. Yo no sé si hay alguien que no se sienta orgulloso del 11 de abril, cuando tumbamos a Chávez con una marcha”. A fines de 2013, al ser consultado por la extensión de las violentas protestas, López afirmó que éstas terminarían “cuando logremos sacar a quienes nos están gobernando”. Esto, sólo semanas después de la realización de elecciones generales de masiva participación que fueron reconocidas por las fuerzas de oposición.

López ganó notoriedad en la segunda mitad de 2013, en medio de la crisis económica y representando la idea de sacar a Maduro del poder a través de la protesta. Luis Vicente León, director de la entidad de estudios de opinión pública Datanálisis, aseguró a la BBC entonces que “López había perdido terreno en la conexión con la gente, una vez que ya no era alcalde y estaba inhabilitado políticamente”. Con Henrique Capriles encumbrado como el principal líder de la oposición, señala León, López vio “el radicalismo como su única forma de recuperar liderazgo”.

Conexiones internacionales

Bachelet-con-Leopoldo-Lopez

 

 

 

 

 

 

Durante la primera década de los 2000, el principal apoyo que Leopoldo López tuvo en el exterior fue el del ex presidente colombiano Álvaro Uribe, entonces el dirigente de extrema derecha más encumbrado políticamente de todo el continente. En una cita con Uribe en 2011, el líder de Voluntad Popular afirmó que “de Alaska a la Patagonia, Colombia es una referencia absolutamente necesaria e innegable de lo que significa éxito en materia de seguridad”.

El chavismo también lo acusa de estar vinculado con la CIA desde su época de estudiante universitario en Harvard y durante su involucramiento en las protestas de 2013. Pero estas afirmaciones no han sido respaldadas con evidencia.

En julio de 2013, Leopoldo López asistió a Santiago en calidad de ex alcalde, a un encuentro de alcaldes pertenecientes a la Internacional Socialista. En la ocasión compartió con dirigentes del PS, el PPD y el PRSD, llegando incluso a formar parte de un grupo que se reunió con la actual presidenta Bachelet. Fuentes que participaron en ese encuentro aseguraron entonces que Bachelet “desconocía el domicilio político de Leopoldo López”. Quedó abierta la interrogante, sin embargo, acerca del conocimiento que dirigentes intermedios de la Concertación tenían del historial de López.

Hoy, gracias a la visita (fallida) que le proporcionó, entre otros, el ex presidente Sebastián Piñera, el nombre de Leopoldo López se rehabilita como carta legítima de la oposición a Maduro. Esto, mientras su esposa y principal vocera fuera de la cárcel, Lilian Tintori, anuncia que en Venezuela “hay un ambiente de golpe de Estado” y que “el cambio es inminente”, en declaraciones hechas a RCN La Radio.

El presidente Nicolás Maduro, en tanto, mantiene firme su posición en torno a que “la única forma” de que firme un indulto presidencial a favor de la liberación de Leopoldo López sería por un canje con el líder independentista puertorriqueño Óscar López Rivera: “La única forma que yo usara las facultades presidenciales que tengo para liberarlo -declaró el 5 de enero- es para montarlo en un avión que vaya a los Estados Unidos, lo deje allá y me entreguen a Óscar López Rivera; pelo a pelo, hombre a hombre”.