En las últimas semanas hemos visto un aumento de los reconocimientos públicos de mujeres que han abortado; testimonios que, claramente, son una forma de apoyo masivo a la necesidad que tenemos en Chile de legislar y despenalizar. Sin embargo, llama la atención cómo algunos comentarios más bien felicitan a la mujer por haber decidido un aborto inducido y se olvidan de que se trata de un derecho.

Cuando me piden escribir sobre el tema, no lo dudo: estoy a favor del aborto, siempre lo he estado, he abortado, amigas lo han hecho y cotidianamente en la consulta escucho a mujeres que lo han vivido.

Revisando lo que se ha dicho, creo que me toca hablar de lo obvio: lo que estamos pidiendo es ejercer un derecho; uno que ni siquiera está reconocido jurídicamente en esta cultura tan única y especial. Pongamos más relatos en el debate, pero no confundamos aplaudir el hecho de dar un testimonio con el hecho de abortar.

¿Felicitamos a quien respira, a quien vive en una familia amorosa, a quien porta una nacionalidad, a quien escribe una columna de opinión en un medio de comunicación? Para nosotras las mujeres que buscamos la legalización, el aborto estaría a este nivel.

¿Felicitamos a quien respira, a quien vive en una familia amorosa, a quien porta una nacionalidad, a quien escribe una columna de opinión en un medio de comunicación? Para nosotras las mujeres que buscamos la legalización, el aborto estaría a este nivel. Lo curioso es que nuestros marcos de acción (chilensis) sólo nos permiten pedir algunas prácticas. Pero bueno: “hay que avanzar, será un avance, por algo se parte”. Así nos decimos quienes vemos con rabia la lentitud de un proceso como este.

Insistiré en que el aborto es un DERECHO, un derecho de las mujeres, un derecho humano, un derecho como lo quieran calificar. Lo que ocurre es que estamos acostumbrad@s a luchar por el derecho a la libertad, la paz,  la calidad del aire, la educación. Un derecho es, en su esencia, una condición propia y casi natural del sujeto cultural. Visto históricamente, el derecho es un instrumento político de regulación social que hace regla(mento) lo que por sentido común toda persona debiera vivir de manera incuestionable y en pleno respeto por parte de l@s demás.

Las declaraciones de Derechos Humanos son posteriores a hechos históricos que nos dejan traumatizados como humanidad, y de eso ya cumplimos un siglo. No me concentraré en el argumento evidente del sistema falocéntrico, patriarcal y su relación con el sistema de mercado. Ya much@s han demostrado que la falta de decisiones sobre el cuerpo femenino es un efecto del marco neoliberal. Me quiero concentrar en los efectos de ejercer un derecho en la clandestinidad, ocultando la libertad inherente a ello por miedo a la represión, la discriminación, la cárcel, la marginación familiar, el desprestigio, entre otros.

De los muchos testimonios que he escuchado en el contexto clínico de la psicoterapia, puedo afirmar que lo traumatizante no es el aborto en sí mismo; lo que puede llegar a traumar son las CONDICIONES en las que se practica la interrupción del embarazo. Cuando hay invasión al cuerpo con instrumentos, lo que puede darse en un parto o cualquier operación, siempre existe un potencial de trauma psíquico justamente por lo intromisión al cuerpo y los efectos posibles que puedan ligarse a esa experiencia.

En los casos de aborto, lo que cuesta elaborar psíquicamente es el secreto, la culpa, la oscuridad. La sensación de haber hecho algo prohibido, más que algo malo; es el miedo de haber optado por lo que se castiga, lo que se te niega, lo que te enjuicia como mujer y que te lleva a portar el recuerdo como un secreto. Todo esto lleva a mentir, omitir, negar, disociar la experiencia. Intentar hacer de una experiencia propia algo ajeno es un hecho que pesa subjetivamente y nos confunde de quienes somos y quienes queremos ser.

Aplaudiré cuando el aborto inducido sea un derecho instalado en nuestra realidad, cuando podamos decidirlo sin miedo y cuando podamos vivirlo con todas las condiciones de seguridad definidas por la OMS.  Igualmente estaré contenta si se legisla el aborto terapéutico, por inviabilidad o en caso de violación. Finalmente, estamos en el país de las transiciones.