El Estado chileno tiene una deuda histórica con la clase trabajadora, y está aún se encuentra impaga. Ante esto las promesas y compromisos han sido diversos, y la Reforma Laboral fue uno de ésos, pero que al revelarla tras un hermetismo de meses los trabajadores sabemos que no cumple en lo absoluto con nuestras necesidades.

La reforma de plano muestra el objetivo de traer equilibrio entre las “partes”. “Emparejar la cancha” en palabras de sus figuras públicas. Sin embargo, nosotros no buscamos “equilibrio”, ese es un reconocido concepto empresarial que el gobierno indolente a la historia ha hecho suyo. Nuestra exigencia es de justicia, la que fue arrebatada hace 35 años en plena dictadura con el nefasto Plan Laboral de José Piñera, y nuestra necesidad es de recomposición, tras el desbaratamiento de la clase trabajadora a punta de fusil desde la dictadura hasta hoy.

La herencia que nos dejó la dictadura hoy continúa arrebatándonos derechos laborales básicos. Es el plan laboral una parte de esa deuda impaga que no han sido capaces de saldar, no precisamente por falta de herramientas o voluntad, sino derechamente por los intereses y compromisos depositados con los sostenedores de la economía neoliberal que controla el país.

Dicha deuda la mantienen con la sociedad mundial. Diversos organismos internacionales posicionan a Chile como uno de los países menos avanzados en lo que refiere a Libertad Sindical y Derechos Laborales. Esto no es una percepción de los trabajadores, sino que estudios y estadísticas internacionales así lo avalan. Es inquietante la plena libertad jurídica a las empresas, nacionales y trasnacionales, para abusar de los trabajadores y usurpar los recursos que el país posee.

Y PRETENDÍAN PAGAR CON…

Llena de adornos gramaticales y generando una alta expectación, la reforma parece no ser reforma. Seriamente se convirtió ante nuestros ojos en un debate público vacío donde los empresarios ofensivos exclamaron por sus intereses.

Sobre la titularidad sindical: No asegurando la representatividad del sindicato frente a la empresa y desconociendo la facultad negociadora de los sindicatos y admitiendo grupos negociadores este título se convierte en letra muerta.. ¿Será que para el gobierno todo es negociable, incluso los derechos?

 Sobre el derecho a huelga: Porque la única forma que tienen los trabajadores para exigir sus demandas en última instancia es la huelga, en el proyecto no se impone como resolución para que sea efectivo. La propuesta y su letra chica con sabor a empresariado en sus propias palabras “consagra el deber del sindicato de proveer los servicios mínimos de manera tal de atender las operaciones indispensables para evitar un daño a los bienes materiales, instalaciones e infraestructura  de la empresa”. Los fundamentos de la O.I.T. son claros los servicios esenciales son solo aquellos para proteger la salud, vida y seguridad  de la  personas, y no los intereses y bienes de las empresas.

 En cuanto al piso de negociación: Citamos la parte final de la propuesta gubernamental: “Con todo después de presentada la propuesta del empleador, las partes podrán acordar atendiendo la situación económica de la empresa para negociar modificaciones las cuales podrían eliminar, disminuir, sustituir, conmutar o incorporar beneficios”. El costo de empezar a negociar desde cero y perder el fruto de lo ganado anterior son situaciones cotidianas  que ha ocurrido a vista y paciencia de un gobierno ciego, sordo y mudo. Es evidente la preocupación sobre la situación de la empresa por sobre la nuestra. La Inspección del Trabajo o Tribunales de Justicia quedan sujetos entonces a esta propuesta, aún con la falta de facultades y criterio que hoy día se caracterizan en la Inspección. Sumemos además la crítica propuesta de  aplicar mayores causales de desafuero al trabajo y gestión sindical. Está declarada la intencionalidad y subordinación del gobierno a los intereses empresariales, borra con el codo lo que escribió con la mano en lo que se refiere a derecho efectivo a huelga.

 En cuanto a la ampliación de las materias a negociar: Esta propuesta busca eliminar una de las mayores trabas que tienen los empresarios para sobre-extender las jornadas de trabajo, aumentando la productividad en base a la explotación horaria. Además, deja a la Dirección del Trabajo sin la responsabilidad de velar por el cumplimiento de las leyes laborales relativas a las materias nombradas. El lavado de manos está manifiesto, no velando por el respeto al tiempo de descanso mínimo, jugando con las necesidades de ser mejor remunerados, etcétera.

Señalar cada una de las falencias y debilidades de la propuesta seria largo, en esta ocasión sólo nos referimos a lo principal,  no obstante no se puede dejar de mencionar que el Gobierno ha manifestado reiteradamente que esta propuesta se basa en las necesidades colectivas y no individuales, de ser así arbitrariamente no tocaron en lo más minino dos necesidades estructurales de fondo,  dos ausentes reforma seria: La propuesta la negociación por rama o sector u área (clara instancia que aplica el concepto de colectividad) y la derogación del Artículo No. 161 (con el que pueden despedir a diestra y siniestra, atentando colectivamente la estabilidad laboral como un arma de presión y temor ocupado a diario). ¿Será que los políticos como tienen sus cargos asegurados  no les afecta tal código?

Por último los plazos de entrada en vigencia de la reforma  son absolutamente excesivos y arbitrarios, solo vienen a dar más concesiones y plazo a la empresas, no hay fundamento jurídico para ello pudiendo hacerse efectiva a medida  del cumplimento de los contratos colectivos de cada sindicato.

LA CULPA NO ES DEL CHANCHO, SINO DE QUIEN LE DA AFRECHO

Creemos firmemente que la CUT debe definir su camino. Hoy deambula entre la conciliación con los gobiernos de turno y una aparente defensa de la clase trabajadora. La Central es lo que es gracias a las luchas de nuestra clase, sin embargo no ha cumplido la responsabilidad que tiene, por esto debemos ser capaces de recuperarla desde las bases por nuestros intereses.

El deber y la pasión por la defensa de clase no tienen precio  y no se cambia por ningún tipo de interés personal. La CUT  o la organización que sea que  represente a los trabajadores fielmente en la defensa de sus derechos debe asentar sus fundamentos en la legitimidad de lo que se pretende reformar y no dar pie a concesiones concebidas en las imposiciones de abuso de las empresas, ni menos tomar el papel de conciliador frente a un gobierno pasivo por decir lo menos, cuyo actuar está cada vez más lejos de la defensa de la institucionalidad del derecho al trabajo digno. La clase trabajadora no debe aceptar una reforma a la medida del empresariado, cuya letra defiende populosamente a los trabajadores, pero en la práctica da más herramientas de presión y sanciones a los dirigentes y trabajadores. Esta reforma no está a la altura de los estándares internacionales ni de los tratados internacionales que estamos suscritos en cuanto a libertad sindical. La necesidad de un nuevo Código del Trabajo escrito de puño y letra por nuestra clase es imperante.

No debemos dejarnos engatusar por títulos populosos, es tiempo que toda la clase trabajadora se una en una sola causa y deje los temores de organizarnos como se debe. Es el momento de exigir que el Estado pague la deuda, de salir del yugo empresarial, de dejar en claro que ellos tienen el control y las leyes a su favor pero el poder real  de generación de trabajo y de las ganancias con que llenas sus arcas lo tienen los trabajadores y estamos conscientes como nunca de ello.

* El autor es también director de Comunicaciones y RR.PP de la Federación Minera de Chile.