patricio hermanEn el artículo 5.2.3.1 del Plan Regulador Metropolitano de Santiago (PRMS) se listan los nombres de los parques que existen en esta región y uno de ellos, en la comuna de Santiago, es el Parque San Borja, área verde de uso público que puede ser intervenido con actividades recreacionales, deportivas, de culto, culturales, científicas, de esparcimiento y turismo al aire libre con instalaciones bastante restrictivas en cuanto a la ocupación del suelo y coeficiente de constructibilidad.

Este parque forma parte de la Remodelación San Borja, proyecto urbano de óptima calidad, con diferentes equipamientos, originado en 1968 consistente en 25 torres habitacionales cuya construcción se inició en el gobierno de Eduardo Frei Montalva bajo el patrocinio de la Corporación de Mejoramiento Urbano (Cormu), organismo público inexistente en el actual Chile neoliberal. Esta área verde que cuenta con un cierre perimetral metálico está localizada entre las calles Carabineros de Chile, en donde se sitúa la parroquia San Francisco de Borja, Marcoleta, Barón Pierre de Coubertin y Jaime Eyzaguirre.

Tal urbanización buscaba privilegiar el espacio público y las áreas verdes comunitarias. El gobierno de Francia le donó al gobierno de Chile para esta Remodelación una central (COSSBO) de agua potable y calefacción, servicios de calidad que reciben los moradores de las torres a bajo precio. Recordamos que un terreno definido como área verde, localizado en la esquina sur-oriente de las calles Carabineros de Chile y Dr. Ramón Corvalán, de propiedad del Serviu, le fue vendido por éste en el año  2.000 en una insignificante suma de dinero a una constructora para fines inmobiliarios, ello a pesar de que el Plan de Prevención y Descontaminación Atmosférica (PPDA) no permitía desafectar las áreas verdes. En la actualidad en esa esquina existe una nueva torre habitacional.

Ahora bien, en el marco de los acalorados intercambios de opinión sobre la remodelación de la Plaza de Armas de Santiago, se origina una nueva disputa por el espacio público por maniobras ejercidas por Carolina Tohá. El conflicto tiene lugar en uno de los más bellos lugares de la capital, en el parque que hemos aludido y con una mínima participación ciudadana, posiblemente porque ya estaba decidido al interior del municipio lo que se quería introducir en esa área verde.

Hoy los vecinos están en desacuerdo con la decisión municipal y por ello se han organizado porque no aceptan que el escultor Mario Irarrázabal decida cómo almacenará sus 238 esculturas de diferentes tamaños en el subsuelo y a nivel natural del parque y no comprenden la debilidad demostrada por la alcaldesa que consintió en breve período de tiempo esa curiosa imposición. Es más, dicho artista no acepta que en el parque existan obras de sus colegas, luego demanda exclusividad absoluta lo cual, por decir lo menos, consideramos un tanto pretencioso.

Tohá estableció como condición sine qua non que el espacio público que ocuparían las esculturas bajo la modalidad de comodato mutuo por 25 años debía estar administrado por una comisión conformada por el Centro Cultural Gabriela Mistral, la Pontificia Universidad Católica y la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Chile, tres instituciones situadas cerca del parque. Las esculturas, según los vecinos, son reproducciones de las originales y como los materiales de la mayoría de ellas no resisten las inclemencias de la intemperie se alojarán en un denominado museo humano bajo el suelo.

“En la época de la dictadura se perdieron muchas áreas verdes públicas y en los últimos años, la remodelación San Borja, ha estado en la mira de diversos organismos por el deterioro de sus alrededores, que buscan su intervención con fines privados, lo que hasta ahora no ha sido posible por la férrea unidad vecinal.”

El municipio llamó a un concurso público para licitar el proyecto, acudiendo 47 oficinas de arquitectos y dentro de las bases se fijó que se seleccionarían 5 para desarrollar el anteproyecto y conforme a ciertos parámetros se eligió al ganador que resultó ser una oficina chilena-española   entregándosele un premio de UF 1.000 donado por el Gobierno Regional Metropolitano. El conocido e influyente escultor quedó muy satisfecho con los distintos cambios en el parque decididos por la oficina ganadora del proyecto porque así se le daba mayor realce al lugar en donde estarán sus esculturas.

Hoy en día el parque San Borja es un área verde totalmente materializada como tal, con unos 150 árboles nativos con gran follaje y algunos arbustos, teniéndose en cuenta  que la frondosidad de esas especies es la que captura el dióxido de carbono y expele oxigeno, es decir, estamos en un espacio urbano que brinda servicios ambientales de calidad al vecindario.

En la época de la dictadura se perdieron muchas áreas verdes públicas y en los últimos años, la remodelación San Borja, ha estado en la mira de diversos organismos por el deterioro de sus alrededores, los cuales buscan su intervención con fines privados, lo que hasta ahora no ha sido posible por la férrea unidad vecinal, mezcla de generaciones de vecinos que la habitan desde los años 70, en conjunto con una nueva generación de jóvenes profesionales. Ellos están siendo pioneros en defender ésta pulmón verde por poseer cualidades de barrio, condiciones de habitabilidad y cercanía con centros de servicios únicos en Santiago.

En orden de hacer valer su derecho a la participación ciudadana, los vecinos insisten en que este proyecto se lleve a cado en un ambiente de colaboración entre entidades municipales, arquitectos interesados y una mesa de representantes de la propia Remodelación, de manera que el proyecto final mejore respetuosamente las falencias del parque, valore y potencie las condiciones actuales reconociendo el valor histórico y social que se mezcla en el ya mencionado sector.

Para ello, un grupo organizado de vecinos, en conjunto con su respectiva Junta Vecinal que los representa, han estado solicitándole una entrevista a la alcaldesa Tohá para plantearle sus puntos de vista respecto del proyecto, pero dicha autoridad municipal se ha negado sistemáticamente a recibirlos y es más, en un comportamiento casi patológico de animadversión hacia la comunidad, en las ocasiones en que han pedido la palabra en algunas sesiones de los concejos municipales, los guardias pretorianos les han impedido expresar sus opiniones .

Creemos que el distinguido escultor Irarrázabal vería con buenos ojos que existiera un democrático y amplio proceso de participación ciudadana para darle vida sustentable a su proyecto y por ello esperamos que Carolina Tohá recapacite y, como experta política que es, tenga la gentiliza de mantener más adelante una fluida relación con sus vecinos y electores.