EconPodcastHace ya un buen tiempo que The Economist se ha convertido en todo un referente para ciertos medios y cierto grupo de personas (elite criolla). La última semana fue un ranking sobre las mejores ciudades en las que vivir en el que Santiago aparecía arriba de varias capitales europeas, entre ellas el mismo Londres, ciudad donde se publica el dichoso semanario. La pregunta es por qué hay tanta gente obsesionada con esta revista. Tengo tres teorías.

La primera es que hace décadas que somos un país “economicista”. Los economistas en Chile gozan de un prestigio inigualable. A ellos les debemos el milagro económico, la estabilidad macroeconómica, los superávits y nuestra prosperidad. La vanidad de nuestra elite descansa en nuestra economía, la mejor del continente y un ejemplo a nivel mundial. Nuestros presidentes debieran ser siempre economistas y ojala con un doctorado en Harvard. Cuando viajamos a otros países, a menudo preguntamos “cómo está el país”, haciendo una obvia referencia a cómo andan de plata, a cuánto crecen, qué tantos últimos modelo viste la última vez que fuiste a Argentina (no muchos). Esta actitud es notada por nuestros países vecinos que nos miran con algo de condescendencia, viéndonos regodearnos con nuestros 22.100 dólares per cápita felices de la vida. Incluso en las casas de todos los chilenos, cuando se va hablar un tema en serio se dice “hablemos de plata”. Lo mejor de todo es que encontramos último preguntarle a alguien directamente cuánto gana.

La segunda teoría es que leer el Economist nos hace sentir cosmopolitas, de mundo. Quienes lo leen, hablan inglés. Y lo mejor de todo es que son textos sencillos, cortos y llenos de gráficos y rankings, ideales para nuestro básico nivel.

La tercera y último es la más mezquina (como si las anteriores no fueran suficiente). El Economist odia a Argentina. Mientras a nosotros siempre nos mencionan como un país modelo, a nuestros vecinos les dedican un especial titulado “La tragedia de Argentina, un siglo de declive”. Disfruté mucho ese número y estoy seguro que Nicolás Vergara (ese insufrible periodista que hace Hablemos en Off en radio Duna) también.