Cristian RomeroLos últimos meses la política nacional se ha visto sacudida por el destape del llamado “Caso PENTA”. Han salido a la luz, como si del más decadente desfile de modas se tratara, uno a uno, los casos de diputados, senadores, y otros políticos cuyas campañas y prácticas políticas se entrelazan con las redes del lobby empresarial, el fraude al fisco, y los favores políticos, evidenciando los lazos que gran parte de los partidos políticos mantiene con aquellos que sostienen el poder económico en Chile. Esta situación deja en evidencia para quién se ha gobernado durante los últimos 40 años.

Esta situación no es aislada; “el raspado de olla” y los “valecitos de bencina” de Moreira, “los errores involuntarios” de Von Baer, el “yo no sabía, me enteré por la prensa” de Bachelet, entre otras grandes frases que nos ha regalado el duopolio político para justificar su estrecha relación con los magnates del país, da cuenta de una descomposición ética, y de una práctica naturalizada que para ellos no aparecen como tan graves. Se ha instalado que la corrupción y el pago de favores políticos, ya no es la excepción, sino que la norma de las relaciones entre los políticos y los empresarios en el sistema político chileno, y que los vínculos empresariales ya no solo son cuenta de un sector político en exclusivo, sino que es parte también de la descarada colonización empresarial de la política en nuestro país.

El más reciente capítulo de esta mala telenovela lo protagoniza, esta semana, el actual senador por Tarapacá Fulvio Rossi. El senador ha sido cuestionado a raíz de los lazos de sus asesores con la minera SQM. Estos asesores, que habrían emitido boletas por servicios prestados a SQM durante el tiempo que trabajaban para Rossi, generan sospecha acerca de los lazos políticos entre el senador y el mundo privado. Estas se agudizan aún más cuando el Partido Socialista mueve sus fichas, reacomodando convenientemente a los fiscales a cargo del caso, en el momento en el que los alcances de las investigaciones comienzan a involucrar a la Nueva Mayoría. Esta última maniobra terminó por fracasar al asumir la investigación el Fiscal Nacional Sabas Chahuán; esto no solo confirma la gravedad de la situación, sino que también demuestra la importancia de este conflicto político a nivel nacional. Es en este contexto que los Pescadores Artesanales en su último Congreso Nacional realizado en Corral este mes, hicieron pública la denuncia del vínculo que existió entre la gran industria pesquera y el senador Rossi para que este diera su voto político y pusiera su red de influencias al servicio de la industria pesquera para la aprobación de la Ley de Pesca.

El proceso de investigación para llegar al fondo del asunto, judicial y políticamente, pone entre las cuerdas al senador Rossi. Cada día aparecen más antecedentes que evidencian profundamente sus lazos con el sector empresarial. Vemos con preocupación cómo el senador “socialista” prefiere tomar las posiciones que ha impulsado la Derecha, antes que hacerse cargo de las acusaciones. Ante esta situación, como Izquierda Autónoma optamos por develar la hipocresía y doble estándar del senador Rossi, quien es capaz de usar los argumentos que patéticamente usa la Derecha para evitar que los menores atisbos de corrupción y conflictos de interés salgan a la luz. Frente a esta grave situación que atraviesa el parlamentario de nuestra región, como Izquierda Autónoma Iquique no podemos ser indiferentes. Rossi le ha hecho daño a Tarapacá, una región golpeada por la gran minería privada, así como por el descalabro generado por la Ley de Pesca. Con esta actitud indiferente a la corrupción y su dócil disposición ante el dinero empresarial, es evidente que ha perdido la confianza de la ciudadanía, y se ha alineado con la Derecha para sostener sus privilegios. No podemos permitir que parlamentarios de nuestra región naturalicen estas prácticas que, desde la ilegalidad, desdibujan los bordes entre el empresariado y la clase política.

Para erradicar esta forma de hacer política, impulsada desde el duopolio que sostiene el poder en Chile, es necesario apropiarnos de esta. Que estas situaciones no nos alejen de la política, sino que al contrario, nos alienten a abrirla, a disputarle la democracia a los bancos, a los empresarios, a las y los corruptos. Situaciones de corrupción como estas son expresión de un sistema político desgastado, cuyas falencias se expresan en nuestra vida cotidiana; la salud precaria, las pensiones miserables, la educación de mercado, entre otros. La lucha que lleva adelante el Movimiento por la Educación nos obliga además a repensar estas formas de hacer política, a expandir los límites de la democracia, cambiar su carácter y luchar para que los sectores marginados hoy en día, tengan la capacidad de incidir y construir un nuevo Chile. Para cambiar Chile, es necesario derribar los pilares del Estado Subsidiario, expresado en la subordinación de nuestros Derechos Sociales a favor del Mercado, como es el caso de la Educación, situación que es defendida a ultranza por los mismos que hoy son cuestionados por sus prácticas políticas. Para cambiar este país, para sacar de ahí a los y las de siempre, es necesaria sangre nueva, son necesarias prácticas distintas, honestas y transparentes; es necesario un proyecto abierto e inclusivo. Para construir un nuevo Chile, hoy, más que nunca, una nueva izquierda es necesaria.

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NOTA: El texto fue originalmente publicado en redes sociales como Declaración Pública de Izquierda Autónoma Iquique el día 24 de febrero de 2015