SalvatSí. Los acontecimientos a nivel regional y mundial; los de nuestro propio país –supuesto modelo para las calificadoras de riesgo en inversiones–, demanda la expansión de una nueva conciencia ética. No me refiero a la ética entendida como mera prédica moral individual, sino a la ética como el ejercicio de una capacidad de reflexión y crítica acorde a valores y normas argumentables, respecto a lo que nos sucede, a las formas de vida, a las instituciones y sus lógicas de poder y funcionamiento. Sí, la necesitamos porque uno de los rasgos de esta civilización capitalista es justamente un hiperdesarrollo de los medios y un subdesarrollo creciente de la capacidad de juicio moral, personal y comunitaria, evaluada muchas veces desde los poderes fácticos, como mero subjetivismo, cuestión de gustos, irracionalidades, mero “populismo” o “izquierdismo”. Una conciencia ética como conciencia –de todo aquello que está sucediendo alrededor nuestro y bajo nuestros pies y que no somos capaces de comprender ni articular, salvo en su expresión puntual, superficial, casuística, miscelánea.

Para la expansión de una nueva conciencia ética todo conspira en contra por ahora. Digamos mejor: hay un esfuerzo permanente del poder y el sistema por disgregar las realidades; por hacerlas impenetrables, incomprensibles, lejanas a las posibilidades reflexivas del ciudadano de a pie. Obviamente, todo esto de manera interesada. Como no. Nuestra conciencia ética hoy por hoy está anestesiada, alienada tras el consumo y las deudas; zarandeada entre el sobrevivir cotidiano y la percepción de que se nos miente y se abusa. De que no hay en quien confiar y creer. Dineros en cuentas de bancos suizos (para evadir impuestos se supone); financiamiento privado de las campañas políticas (Penta-Udi), torciendo la voluntad ciudadana. Millonario crédito del Banco de Chile a empresa Caval. Irregularidades de la Justicia. Colusión de farmacias y empresas alimenticias privadas. ¿Se ha informado usted de la lucha que dan los miembros de la comunidad de Caimanes contra el proceder contaminante de una Minera privada? Vivimos en un sistema donde don dinero –en sociedad con doña propiedad y sus socios de la elite–, es el más poderoso caballero y puede comprar autoridades, apropiarse de las aguas, cerrar playas, y un largo etc. ¿Por qué habríamos de sorprendernos entonces de la actual corrupción, privada y/o pública? La lógica del capital y el mercado sin cortapisas es como un Frankenstein en descontrol. Y siempre pagan los más vulnerables; los más pobres; los ciudadanos de a pie.

“Necesitamos ejercitar una nueva conciencia ético-política desde la base. Necesitamos un cambio de perspectiva; una obstrucción a que todo siga igual, una ética de la resistencia desde lo cotidiano y desde la esperanza.”

¿De donde viene todo esto? Alguien dirá, uf, de muy lejos. Es probable. Pero tiene su epítome con el golpe de Estado del 73 y las consecuencias que trajo. Cuando el ejercicio del poder militar, político-estatal, económico, se ejerce por 17 años mediante su corrupción desde sus inicios, entonces usted tiene a la vuelta de la esquina las consecuencias: miedo, violencias, prepotencia, impunidad, ilegalidad, doble moral, liquidación del ciudadano. Y esto no se puede cambiar así como así. El ethos de este pueblo y la sociedad fue modificado. La prioridad la pasó a tener hacerse rico, ambicionar cosas, hacerse famoso, ser conocido, acumular poder, ser eficiente, rendirse ante los números. Ese pasado reciente no se ha ido como se pretende. Como sociedad no hemos hecho verdad y justicia con el dolor terrible de tantos compatriotas. ¿Cuántos chilenas y chilenos de los cuales aún no sabemos su paradero y no pueden ser sepultados como quisieran sus familiares? ¿Hay castigo más cruel? Aún hay muchos que no quieren reconocer lo sucedido (¡a pesar de que el sr. Jefe de la Dina acumula ya más de 600 años en condenas!). A todos ellos –y a los que repentinamente parecen haber perdido la memoria–, los invito a leer el texto de la periodista Nancy Guzmán respecto a Ingrid Olderock (de Carabineros); famosa por el uso de perros entrenados en las sesiones de tortura de detenidos y detenidas. ¿Todo esto, lector/lectora, son puras “casualidades”? ¿Puras “desviaciones” individuales? ¿Un mero paréntesis histórico que no se repetirá? Una sociedad que no hace justicia; que promueve la impunidad –en particular de los más poderosos–, que pone a la propiedad y al dinero por sobre la vida humana y la misma Justicia, que crece en desigualdades de todo tipo y en la conversión en mercancía de cuanto bien público y social existe (educación, salud, pensiones, medio ambiente, ciudad), no puede sino tener el destino que presenciamos en el presente. Tiene entonces, una parte de ella, “nostalgia de la luz”, como bellamente lo destaca el film de P. Guzmán. ¿Por qué el afán de “empatar” acciones y decisiones en lo moral y judicial tiende a repetirse? ¿Es lo mismo ejercer el derecho a resistencia ante una dictadura brutal, que la factura de asesinatos y torturas realizados al amparo del poder del Estado?

Por alguna parte hay que empezar. Necesitamos ejercitar una nueva conciencia ético-política desde la base. Necesitamos un cambio de perspectiva; una obstrucción a que todo siga igual, una ética de la resistencia desde lo cotidiano y desde la esperanza. En Así hablaba Zaratustra se dice: ¡Despertad y escuchad, vosotros que estáis solos! Del futuro nos llegan vientos con aleteos secretos; y las buenas nuevas llegan a los de fino oído. Vosotros que estáis hoy solos, vosotros los que os retiráis, seréis algún día el pueblo auténtico. Verdaderamente, la tierra aún se convertirá en lugar de recuperación. Y aun ahora una nueva fragancia la rodea, trayendo la salvación (..) y una nueva esperanza”.