BacheletEn su compresible desesperación durante el caliente verano los ministros de Interior y Vocero insistieron una y otra vez que el caso Caval estaba cerrado con la intervención de la presidenta y que, sin fisuras a la legalidad, el caso no daba para mucho más.

La realidad indicaría otra cosa en breve y la corrupción volvería a mostrar las numerosas debilidades en una coalición que no las ha tenido todas consigo en términos de coherencia interna y de respuesta pública convincente. El desprestigio les pisa los talones a todos.

Los ministros no atinaron. Y sería lo complicado de la situación o una dudosa experiencia en casos de estas magnitudes, el caso es que se equivocaron medio a medio: más vivo que nunca, el caso Caval dista mucho de extinguirse, especialmente por la intervención de la presidenta y su decepcionante declaración: se enteró por la prensa, aserto que le va a pesar en las siguientes mediciones de popularidad y de credibilidad, su más preciado tesoro.

Si al caso del la nuera y del hijo se le suma lo que venía sucediendo con el caso PENTA y sus aristas oscuras tanto como delincuenciales, habría que concluir que el sistema político enfrentó un verano como pocos, y que ha dejado bajas por lado y lado y con pocas esperanzas de reconstruir lo que había. Y que huele a podrido.

Casos de corrupción no son nuevos. Más aún, se conocen desde siempre negociados cruzados, contubernios familiares, facturaciones fantasmas, compra y arriendo de políticos por parte de poderosos, dineros negros que corren, nadan y vuelan, todo en un contexto en que la política se ha transformado en una vía rápida para la riqueza y el ascenso social como pocos.

No hay político que no haya aumentado exponencialmente su patrimonio en el ejercicio de sus cargos.

La función política derivó en una criadero de nuevos ricos y prepotentes que han usado y abusado de sus prebendas. La opción de ocupar un cargo de diputado o senador, permite resolver las necesidades económicas de por vida para el honorable, su familia y su entorno más directo.

Las expresiones de sinvergüenzura que se han conocido en el último tiempo distan mucho de ser excepciones en las que incurren inocentes que de recién llegados no se dan cuenta de una conducta reprobable. No. Lo sucedido es el rebasamiento del vaso por abusar de una manera desmedida de la impunidad.

Los escándalos conocidos (habrá innumerables en el más perfecto sigilo) fueron por una falta de prolijidad que otros más aventajados y menos apurones han tenido a bien manejar de la mejor manera: es producto de una cultura.

PENTA y Caval, echaron a perder el negocio.

El que quiera recordar sabrá que no ha pasado un año de esta eterna transición, que se resiste a abandonar los porfiados rasgos de la dictadura que se supone debió superar, sin que hayan saltado escándalos relacionados con gente corrupta, ladrones de cuello y corbata, tramposos usuarios predilectos de los espacios de la televisión, asaltantes con magister y doctorados, chamullentos becarios en universidades pagadas por el Estado, dirigentes políticos que más bien parecen sujetos a sueldo de las grandes empresas.

Cada vez la impunidad ha hecho lo suyo y luego de un par de meses, una vez tapada la mierda con otras noticias relevadas interesadamente por la prensa pinochetista, ya se está hablando de otra cosa y la amnesia en breve ya habrá hecho lo suyo. O la amnistía. O la prescripción. Cualquier trampa es válida.

Y cada vez la impunidad ha hecho lo suyo y luego de un par de meses, una vez tapada la mierda con otras noticias relevadas interesadamente por la prensa pinochetista, ya se está hablando de otra cosa y la amnesia en breve ya habrá hecho lo suyo. O la amnistía. O la prescripción. Cualquier trampa es válida

La diferencia de lo que pasa hoy es que el caso que significó el paso mágico de algunos miles de millones de aquí para allá, llegó desde el entorno hermético, impoluto, sacrosanto de la presidenta Bachelet.

Fue tocada la reina en un jaque que no termina de esclarecerse y del que da la impresión podrían salir algunas astillas más afiladas aún. Cae su aprobación y credibilidad, sus únicos dos atributos. Y de su liderazgo, nada. Cero.

El caso es que el sistema político chileno se acerca peligrosamente a su desmoronamiento, aunque solo no se va a caer. Las últimas elecciones demostraron que casi el sesenta por ciento de los habilitados para votar no lo hicieron. Y eso sin caso PENTA ni Caval.

¿Qué vendrá en el futuro de la participación ciudadana con los antecedentes del súper hijo y la súper nuera, de los santones de la UDI metidos hasta las masas en delitos que los pueden llevar a la cárcel?

En lo inmediato ya se han activado las reuniones en las oficinas secretas en busca de la salida del atolladero en que están. En esas reuniones se tomarán acuerdos que luego van a aparecer con formato de ley, anunciadas como iniciativas fundacionales que buscan terminar de una vez y para siempre con las malas prácticas de la política, y luego, todos tomados de las manos celebrarán el acuerdo patriótico que no buscará sino lavarles la cara a los sinvergüenzas. Y estimular el olvido.

Curiosa solución. Los mismos, exactamente los mismos que han metido las manos y todo lo demás, ahora harán las leyes que buscan sancionar sus propias conductas perfeccionadas en años de ejercicio. Como para no creer en nada a priori.

El tardío, oportunista e inútil llamado a conformar una Consejo Asesor Presidencial conformado por personalidades y expertos que se den a la tarea de “elaborar una propuesta legislativa y de políticas públicas para crear un nuevo marco regulatorio que “promueva la transparencia entre lo público y lo privado”, aparece como el inicio de la operación que permita relegar al olvido la corrupción veraniega, un maquillaje que permita escudar a la presidenta, la que se ha demostrado que es tan vulnerable como cualquiera.

Nada bueno ha salido nunca de esas Consejos Asesores Presidenciales. No han sido sino instancias en que el duopolio se pone de acuerdo para limar sus asperezas y concluir en caminos perfeccionados que permitan disminuir los daños al sistema por parte de aquellos que no han tomado las debidas precauciones. Y para que pierdan los de siempre.

La duda en este caso surge de sus componentes. ¿De donde van a sacar un grupo de personas del mundo político que jamás hayan metido la manos o que no hayan usado sus vinculaciones familiares o políticas para su propio beneficio, que den suficiente confianza? ¿Logrará revertir su caída la presidenta con estas medidas desesperadas? ¿Los liderazgos pueden vivir de su historia o se van haciendo y deshaciendo en el día a día? ¿Habrá quienes aún le crean

Sería más fácil, patriótico y justo que de una buena vez se fueran todos a sus casas o a la cárcel según sea su mérito.