Papa_FranciscoLos sectores que presionaron hasta lograr la renuncia como Papa de Benedicto XVI se hacen sentir de nuevo en el Vaticano. ¿La razón? Los intentos de Jorge Bergoglio por transparentar las finanzas del oscuro banco del Estado del catolicismo: el Instituto para las Obras de Religión (IOR).

El portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, admitió el inicio de un proceso de “transparencia mediante el intercambio de información con fines fiscales”, en coordinación con el primer ministro italiano, Matteo Renzi.

Ya en la administración anterior, encabezada por Joseph Ratzinger (Benedicto), comenzó una operación que pretendía transparentar las finanzas del Vaticano. En 2011 se estudiaron miles de cuentas y Bergoglio la continuó hasta cerrar cerca de 3 mil cuentas sospechosas y congelar otras 2 mil.

Al trabajo coordinado con el Estado italiano se suma la designación hecha por Bergoglio del cardenal australiano George Pell como encargado de poner orden en las arcas del Vaticano.

La estrategia es similar a la ocupada para destronar a Ratzinger: filtrar conversaciones privadas para sembrar la división en la alta curia y debilitar a Bergoglio.

Según informan diversos medios de prensa italianos, la estrategia de los defensores de la oscuridad de las finanzas del centro de mando de la Iglesia católica es similar a la ocupada para destronar a Ratzinger: filtrar conversaciones privadas para sembrar la división en la alta curia y debilitar a Bergoglio.

La aprobación de leyes internas de transparencia y el trabajo conjunto con el Gobierno itálico para acabar con la condición de paraíso fiscal del Vaticano, ha desatado la resistencia de quienes quieren seguir disfrutando las ventajas de mantener a las finanzas católicas lejos de la ley terrenal.

Según relata El País, después de leer en el semanario L’Espresso transcripciones de reuniones internas donde poderosos curas se quejan de las atribuciones de Pell y de la “sovietización” del Vaticano, Bergoglio ha pedido explicaciones al cardenal australiano, quien ha debido volver a trabajar la confianza del pontífice.

Las filtraciones de documentos por parte del entonces mayordomo de Ratzinger, Paolo Gabriele, se iniciaron en 2012 precisamente cuando el papa intentó reformar el IOR. Las actuales filtraciones también coinciden con los nuevos pasos de Bergoglio para continuar el esfuerzo del renunciado Ratzinger.