karina oliva y jorge ramirezEl agente Eliot Ness es informado por uno de sus asistentes que el jurado en contra de Al Capone ha sido comprado. De inmediato recurre a hablar con el juez y le explica lo importante que es para el país juzgar al delincuente por todos los delitos que ha cometido. Ness le exige hablar a solas, le dice que aparece en los libros de Al Capone. La escena avanza y muestra en la sala del tribunal a Al Capone muy tranquilo y sonriente esperando el momento de la sentencia. El juez, sentado, llama al alguacil de la sala y le ordena cambiar al jurado. Al Capone no entiende, mira a su abogado y le exige una explicación. Éste protesta frente a las presiones del mafioso, pero en su desesperación grita en la sala: “Retiraremos nuestro alegato de inocencia y presentaremos nuestro alegato de culpabilidad”. “¡¿Culpable?! ¡¿culpable?! ¡Señoría, ¿esto es Justicia?!”, grita Al Capone.

Lo sucedido este sábado 7 de marzo nos recordó una de las escenas más emblemáticas de la película “Los Intocables”, cinta que llevó al cine la caída de Al Capone en la ciudad de Chicago. Probablemente muchos sepreguntarán ¿Qué tienen en común la historia de Al Capone con el caso Penta, encabezado por Délano y Lavín? Mucho, más de lo que me gustaría.

Al Capone no sólo conquistó riqueza, fundamentalmente conquistó poder. ¿Cómo lo hizo?, a través de su influencia en las instituciones públicas, en las instituciones fiscales, en la agencia federal, en el Poder Judicial, en el Estado de Chicago, en la Alcaldía de Chicago (donde incluso era capaz de golpear públicamente a un alcalde convertido en súbdito suyo).

Parece que Chicago ha influido profundamente a los amigos de PENTA, por cierto no sólo por las enseñanzas de Milton Friedman y su escuela de Chicago, sino que también por la historia de Al Capone.

Durante mucho tiempo nuestra clase política nos ha dicho que las instituciones funcionan, pero cuando los escuchábamos, algo no nos calzaba, la percepción mayoritaria, era que entre lo que se nos decía y lo que las instituciones hacían, había una distancia muy grande, siempre en beneficio de una minoría y en contra de la mayoría, de la gente común, de los más pobres.

Mientras la clase gobernante hablaba y rendía culto a las Instituciones “Republicanas”, el 1% de Chile, esos grandes empresarios, dueños de infinitas fortunas, nos hacían saber que esas mismas instituciones de la que se nos hablaba, a ellos no los tocaban. Es más, estos empresarios se encargan en cada acto, hacerle saber a la ciudadanía, que eran ellos, y no la clase política, la que controlaban Chile, a sus maneras y formas. En definitiva, en nuestro país, hace rato que nos hemos dado cuenta, que la clase política chilena, se ha transformado en los mejores lobistas de los empresarios, los que no necesitan presentarse a elecciones, para tener el poder, tal como Al Capone en Chicago.

Por décadas en Chile, nos han dejado claro, que se legisla en favor de sus propios intereses y que se juzga según sus designios. Así ha ocurrido con los casos de La Polar, del cura O’Railly, de Martín Larraín, Augusto Pinochet, el Mop-Gate, EFE y un largo etcétera.

La corrupción, el cohecho, el tráfico de influencias no nacen con el caso PENTA, sino que han sido pan de cada día. En la década de los noventa, ante una frágil institucionalidad, “no había mucho que hacer” (eso era lo que se creía y lo que se practicaba). Hoy, sin embargo, se ha llegado a tal nivel, que el modelo institucional, la legislación vigente, la insuficiente democracia chilena, están en un punto de quiebre. El sistema político chileno va camino hacia el despeñadero y la ciudadanía se ha dado cuenta de ello.

 

¿Estará cayendo el imperio construido por los Al Capone Chilenos?

Probablemente no, eso sería como creer que estamos ad portas de que caiga el Neoliberalismo. Pero lo que hemos visto estos últimos días, pareciera entregarnos ciertas luces, de que las cosas parecen estar desarrollándose en un sentido levemente diferente. La primera señal de que Delano, Lavín, Wagner y Bravo quedarían en detención preventiva por el caso Penta, la tuvimos con el discurso del Presidente de la Corte Suprema, quien manifestó que el Poder Judicial: “tiene una tarea pendiente en igualdad. Como jueces es nuestra responsabilidad concretar este derecho en cada una de las terminaciones. La igualdad impone comportarse de un mismo modo con todos los semejantes, sin reconocer señores ni vasallos, sino personas”.

Volvamos a la película un momento. La presión social en la ciudad de Chicago, generó que la agencia federal designará al Agente Ness en la “operación Al Capone”. Los crímenes estaban a la orden del día y muchas veces se intentó sobornar al agente federal. En resumidas cuentas, cuando se logra llevar ante el tribunal de Chicago al mayor gánster de la historia, fue por fraude tributario, por sobornar a jueces, políticos, legisladores y funcionarios públicos en general. Como en el cine y en la vida real, de vez en cuando los poderosos pasan al sillón de los acusados. Sobre todo cuando la presión es de la ciudadanía, pues el gobierno y la justicia están permanentemente sobornados. Cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia.

El Presidente de la Corte Suprema de nuestro País, pareciera que entendió antes que cualquiera (o vio muchas veces la película Los Intocables), la demanda por igualdad y fin de los abusos que día a día hace la ciudadanía ya no era posible obviarla. Decimos antes que cualquiera -la clase política tradicional, el progresismo, la izquierda conservadora- que no han sido capaces de entender el Chile del siglo XXI, ese que se impone desde la ciudadanía, de sus redes sociales y desde nuevas formas de organizarse.

Las instituciones que dan señales desesperadas, más bien por necesidad de sobrevivencia que por la convicción de los cambios y transformaciones que a gritos piden los chilenos, han comenzado a operar. Pero,¿en beneficio de quién?… eso está por verse.

Cuando el Juez Escobar, dio a conocer las medidas cautelares, aquellos que han confundido la patria con la sordidez de sus cavernas, comenzaron a darse cuenta que definitivamente la patria ha cambiado. Han logrado percibir que la ciudadanía, se está abriendo paso, que ya no es tan simple engañarla, que ya está cansada de tanto abuso, que está alerta, que se informa de manera independiente, que ya no le basta con la Tercera, el Mercurio y su propaganda.

La Justicia ya lo sabe, hoy la Casta Política y Económica comienzan a enterarse y sólo resta que aquellos que aspiramos a transformaciones sociales profundas, nos demos por enterados y sobre todo se hace fundamental la ciudadanía perciba que va a depender de su acción y decisión, el grado de transformación al que podamos llegar.

Acá no hay únicamente un acuerdo tácito entre sectores políticos, como muchos han intentado simplificar. Esto es mucho más profundo y tiene que ver con un acuerdo sistémico implícito. Lo ocurrido con PENTA es consecuencia de una relación de poder, en este país quien controla el sistema económico ha controlado el poder político y ha definido quien gobierne a su favor. Políticos y empresarios han conformado una partidocracia empresarial que gobierna para sí misma.

La formalización de los Penta-Boys es momentáneamente una buena noticia. Pero seamos cautos y pongámoslo en su justa medida: los poderosos, los intocables, la casta, han comenzado a comprender que el profundo malestar social puede llevarlos a perder el poder. Pero, como no están dispuestos a perderlo, prefieren mil veces ceder, enfrentar un tribunal, ir a prisión preventiva, ser condenados, antes que perder todo. La moribunda institucionalidad necesita dar una señal de justicia y probidad, aunque sea breve.

El 7 de marzo puede convertirse en el día que comenzamos a ver a los dueños de Chile ser juzgados, como cualquier ciudadano que comete actos delictuales, pero sobre todo, puede quedar en la memoria colectiva, como el día en que comenzaron a perder su poder. Eso depende de la organización y la acción de la ciudadanía, de los comunes, de los iguales. Por ahora, eso es solo una posibilidad, y esperemos que esto no solo sea una anécdota en el epistolario de la en la novela The Untouchables, escrita en 1957 por Eliot Ness y Oscar Fraley, que inspiró la película Los Intocables.