El rey de ratas —o Rattenkönig— es un fenómeno legendario que consiste en un montón de ratas amarradas por sus colas que terminan viviendo como si fueran un solo animal, debido a que la sangre, la suciedad y los excrementos les impiden separarse. El descubrimiento de estos nidos de roedores pegados, entrelazados y atados a causa de sus propios desperdicios al interior de bodegas, cloacas o lugares deshabitados está documentado desde el siglo XV, y hoy existen ejemplares de ellos en varios museos de Europa.

Ratking

Museum Mauritianum en Altenburg, Alemania

Chile ha descubierto su propio rey de ratas, Penta, pero no lo ha hecho en una alcantarilla ni entre los escombros de un lugar desolado, sino en oficinas de lujo, edificios corporativos y conglomerados financieros.

Desde fines de 2014, gracias al proceso judicial llevado en contra de importantes empresarios por lavado de activos, cohecho y fraude al fisco, la sociedad chilena ha podido descubrir los innumerables anudamientos que existen entre los actores políticos y los empresariales, que demuestran, una vez más, el peligroso y lúgubre vínculo que existe entre el poder económico y los partidos políticos de nuestro país.

La denuncia de uno de los propios integrantes del Rattenkönig —que sin lugar a dudas estaba deseando desatar su cola de las de los demás— pasó a ser el comienzo de una mecha encendida que no ha parado de avanzar.

Este rey de ratas no es cualquier cosa. No está formado por las ratas históricamente excluidas, segregadas y apartadas del centro de Santiago, ya que no pertenecen a las redes delictivas comunes ni a las organizaciones que centran su acción en esos delitos de «gran connotación social» a los que se refieren las instituciones como Paz Ciudadana y las agendas cortas antidelicuencia de nuestros Gobiernos.

Claro que no. No dañan como esos delitos que se toman los primeros cuarenta y cinco minutos de los noticiarios, sino que dañan nuestra política, nuestra democracia, nuestros recursos fiscales, y la confianza que tiene la ciudadanía en las instituciones y los partidos políticos.

Este rey de ratas es el verdadero símbolo de la razón de ser del Código Penal actual, que ha sido utilizado para populismos, medidas sintomáticas y leyes mediáticas, y que ahora tiene una oportunidad única de servir para cuidar la democracia de nuestro país.

El Rattenkönig de Chile está recién desenredándose y, muy probablemente, permitirá avistar un nido mucho mayor y medular. El desafío para nuestra sociedad, aunque lo niegue el senador Allamand, será bien concreto: por más asco que nos dé, debemos asumir que convivimos con un nido de ratas sin precedentes.

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* Litigación Estructural para América del Sur