Con bombos y platillos, y apoyada en un discurso que bordeó el melodrama, la presidenta Michelle Bachelet dio a conocer los nombres de los integrantes de un “consejo asesor contra los conflictos de interés, tráfico de influencias y corrupción”. Sus razones: los casos de corrupción que han visto la luz pública en los últimos meses y donde los involucrados son empresarios y políticos de las más variadas tendencias, incluido el hijo de la presidenta. A la ceremonia, realizada en La Moneda, se invitó a ex presidentes de la República, presidentes de partidos y otras “personalidades” cuya presencia se consideró que daba realce y respaldo a la medida.

La iniciativa del gobierno, de conformar una comisión asesora, es francamente ridícula, cantinflesca, una faramalla que sólo demuestra la calaña de los políticos chilenos, que nuevamente pretenden embaucar a la ciudadanía. Aquí no cabe ninguna comisión, lo que corresponde es muy sencillo: que se aplique todo el rigor de la ley contra quienes delinquen. La casta política ya no cambiará, eso ha quedado demostrado en los hechos desde hace muchos años. La colusión entre la casta política y la casta empresarial siempre ha sido un secreto a voces, y ningún gobierno ha tenido la menor intención de poner fin a esa relación. Un ejemplo son las leyes que se han dictado para favorecer a la oligarquía en los últimos veinticinco años. Sobre los políticos, un botón de muestra: a la ceremonia de La Moneda llegaron los ex presidentes Lagos y Piñera, que en sus gobiernos dieron chipe libre a todo tipo de chanchullos. Ellos representan la calidad de “nuestros” políticos. Entonces, ¿Con estos tipos vigentes se acabará la corrupción? ¿Con los Girardis, Correas, Tironis, Andrades, Escalonas, Vidales, Bitares, Insulzas, Larraínes, Longueiras, Novoas, Allamans, las Pérez, etcétera? Por favor, si todos ellos sostienen a como dé lugar el Estado neoliberal y legislan para fortalecer el sistema económico y que los ricos sigan explotando a los trabajadores. Ya basta de embaucadores, asesores y comisiones vaticanas, que además siempre incluyen simpatizantes del pinochetismo que pretenden pasar piola. Es cosa de revisar los nombres de los integrantes de todas las comisiones que se han conformado desde 1990 a la fecha­.

Aquí lo que corresponde es que una asamblea constituyente desaloje a la casta política y redacte una nueva Constitución. Una Constitución que incluya un sistema de elecciones realmente democrático. Un sistema de elecciones que se edifique desde las comunas a través de las juntas de vecinos. Un sistema de elecciones sin campañas políticas, donde lo que prime sea la vocación pública, la solidaridad y la relación directa con el pueblo. La nueva Constitución, generada por la asamblea constituyente, debe acabar con las eternizaciones en los cargos, los fueros, las inamovilidades y todo tipo de privilegios para los legisladores y autoridades de gobierno, incluidos los millonarios sueldos por machucar el membrillo. También se debe acabar con los privilegios de la alta oficialidad de las fuerzas armadas y los miembros de la Corte Suprema. La sinvergonzonería de los políticos ha sobrepasado todos los límites de paciencia soportables por la ciudadanía. Respecto a los casos de corrupción investigados, en especial el que afecta al hijo de la presidenta, en la Nueva Mayoría estuvieron un mes en silencio, y claro, hoy son generales después de la batalla. Generales timoratos en todo caso. En la derecha, recipiente del caso Penta, como siempre, justificando lo injustificable desde su ideología abyecta, ruin. Así funciona el famoso sistema republicano con el cual los políticos hacen gárgaras, configurado en el siglo XIX por un mercachifle siniestro llamado Diego Portales Palazuelos y readecuado por otro personaje siniestro en el siglo XX, tras el golpe militar de 1973, llamado Jaime Guzmán Errázuriz.