elinformanteAntes se creía que la televisión podía ser el fiel reflejo de la sociedad, que iba a tener la capacidad incluso de cambiar la opinión de la gente. Y quizás, se crea que lo que se ha visto en el programa El Informante este martes 17 de marzo por las pantallas de Televisión Nacional de Chile, sea el fiel reflejo de las cosas que están pasando en este país inconcluso. De todas maneras, la escena es elocuente: un señor encorbatado sentado al centro del estudio, mucha gente sentada alrededor intentando reclamar, exigiéndole que no mienta, con ganas de escupirle su terno oscuro y pifiándole. El periodista moderando, haciendo que todo este show sea posible.

Este Señor Villarino, Joaquín su nombre, es el presidente del Consejo Minero. Más atrás estaban los “representantes” de las diversas comunidades afectadas por diferentes industrias extractivas quienes manifestaban sus problemas, sus descargos y sobre todo, su razón de lucha -los representantes elegidos por el programa actualmente tienen posiciones absolutamente contrastantes unos con otros. Desde la pantallita artificial, parecía que se enfrentaban los actores, pero solo era un efecto ya que en el estudio las personas estaban bastante lejos del presidente del gremio minero.

Él, Villarino, sentado en su sofá; Freirina discutiendo… Yahir Rojas interrumpiéndolo… y qué decir de Caimanes, cuando Cristián Flores le enrostra a su actual vecino un millonario negocio que supuestamente está haciendo con Minera Los Pelambres. Claro, defendiéndose de la acusación de que él no era de Caimanes… pues, como él mismo contestó “yo soy maurino”, pedazo de tierra sepultada hoy por el tranque de relaves El Mauro, de Los Pelambres. El rating subía mientras el pueblo se enfrentaba… y claro, la minería (al igual que los otros rubros industriales) no ha dejado de explotar la Tierra un solo segundo.

Fue más patética la forma en que el diputado Iván Fuentes habló. A veces era plural (nosotros) y a veces singular (yo). ¿Desde dónde hablaba este diputado? Claramente refleja lo que pasa cuando un dirigente social pasa ser dirigente político, representante del pueblo en un escaño parlamentario. Sube tanto que se queda sin tierra.

También El Informante evidenció los tres tercios en los que la democracia chilensis se debiera desenvolver, pero claro, si no existiera el binominal (la comunidad que lucha, la que negocia y la empresa). Refleja que el periodismo “objetivo” no existe, pero que el Señor Villarino, desde su escaño en el centro del universo -como un sol todopoderoso-, puede llamar al periodista a poner orden para que lo ponga por él y así lo dejen de insultar estos revoltosos dirigentes sociales, pos hombre, y así pueda terminar su alocución defendiendo el modelo económico a base de exportar materias primas.

Y justamente, la televisión hoy día se mostró a sí misma que no puede ser el reflejo de la realidad, aún con toda la voluntad y recursos que pueda tener, pues el marco en el que las discusiones ocurren omite que no es posible hablar de igual a igual en las actuales condiciones. Esto porque no se puede pensar que, por poner un ejemplo, la voz de Cristián Flores, dirigente de Caimanes, pesa política y económicamente lo mismo que la de Joaquín Villarino, presidente del Consejo Minero.

El marco se desmorona cuando se evidencia que mientras discuten en el estudio de igual a igual -aun cuando dieran el mismo tiempo y la misma cámara a cada uno-, un actor produce la contaminación en la naturaleza y en la comunidad y el otro la soporta; uno la puede detener y el otro no la puede detener por más que lo intenta pues, simplemente no tiene el poder de su interlocutor. Sin igualdad de condiciones es un crimen discutir y negociar. Por lo demás, fue un concepto que el diputado Fuentes defendió con ahínco en reiteradas oportunidades… quizás tiene una deuda con su tierra austral.

En esta oportunidad, la televisión mostró lo más doloroso que tiene nuestro país actualmente. Una herida que se arrastra hace más de cuarenta años (conmemoración con la que también la televisión festinó el año 2013). Es un tajo y una herida, un dolor, una palabra inconclusa, un país sin terminar, una semilla arrancada. Hablo del palpitar más elemental de esta tierra, de las venas que recorren la vida llenándola de sangre. Para unos eso es un recurso natural con el que pueden echar a andar la máquina y extraer minerales, para otros, simplemente vida. Y eso lo defienden.

Hablamos de un quiebre entre vecinos y comunidades, desconfianzas, temores y violencias con las que El Informante subió su rating este martes. No hablo de orden natural ni de consensos, ni siquiera de democracia, hablo de cosas más profundas donde encontremos un espacio legítimo para construir con igualdad. Son heridas que la televisión encandila y olvida… y se pierde en la memoria hacer la pregunta: ¿en qué momento comenzó todo esto?

Pero se reflejaron desafíos por construir, toda vez que se evidenció que cada comunidad, incluyendo la comunidad empresarial, tiene su propio lenguaje -un tremendo fracaso para las transnacionales dueñas del cielo (tanto en radio como en televisión) que no logran uniformar el lenguaje de un país. Esto porque desde el lenguaje también se crean los territorios y ahí están las disputas que a través de la palabra los medios comunitarios no comerciales y libres también están dando diariamente junto a las comunidades en las que están insertos.

“Esta televisión no es neutral aunque así lo parezca”.

Cada comunidad habla y dice las cosas por su nombre, porque simplemente así lo han decidido. Las palabras son claras tanto para los problemas como para las soluciones de cada comunidad y esas valoraciones singulares de cada aspecto de la vida y la naturaleza solo se puede transmitir a través de la libertad de los medios no comerciales. Es la evidencia del límite de los medios comerciales que, lejos de reflejar la realidad, evidencian las líneas en las que enmarcan la discusión, rayando ciertos límites y obviando otros más amplios. Ahí está el verdadero poder de un medio de comunicación en la construcción que hacen de la realidad y los territorios.  Y en este caso, me quedo con la triste sensación de que nuestro país está quebrado.

Esta televisión no es neutral aunque así lo parezca ya que la discusión está enmarcada en un set de televisión. Con el marco claro, el guión solo debe avanzar (elocuente es que el Sr. Villarino haya estado al centro junto al moderador de la palabra). Es la patética forma de festinar con el poder en vivo y en directo. Es la patética forma de reírse desde el podio de una televisión privada (hasta de los goles) y privatizada (con concesiones prácticamente perpetuas usufructuando con el cielo entregado en dictadura) y, que propone el mercado a cada segundo… incluso en medio de las discusiones que se dieron en este programa en que algunos dirigentes han dado y están dando la vida por defender la vida que está amenazada por proyectos que permiten la producción de mercancías que se publicitan durante todo el día por la misma pantalla multicolor.

Pero lo más importante de todo esto, se TVN reflejó que existen otros pensamientos y otros territorios posibles que están en permanente construcción y que brotan desde el lenguaje de la tierra húmeda de cada vena que palpita en los rincones indómitos de este país quebrado. Pensamientos y territorios que afortunadamente no caben en esta televisión.

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Publicado en http://www.semillasdeagua.cl/