Nota de la Redacción: El Desconcierto, fiel a sus convicciones democráticas hacia adentro y hacia afuera, ha decidido transparentar un debate ocurrido al interior del equipo, que es reflejo de uno mayor que se da en la sociedad y que hemos promovido: el lugar de las mujeres en la sociedad actual y el modo en que eso tensiona la inmemorial subjetividad masculina. Uno de nuestros productores en redes sociales, Daniel Olivares, fue protagonista de una polémica esta semana. He aquí la respuesta de una de las periodistas del equipo a los descargos de Daniel.

acosoDesde hace más de un año, las mujeres en Chile conceptualizamos el acoso callejero. No es que no lo hubiéramos conocido antes, más bien todo lo contrario: desde la pubertad, cuando nuestros cuerpos adquieren formas mínimamente atractivas para los hombres, el asedio en el espacio público comienza. Puede ser a los 12 ó 13 años, incluso menos. En la calle, en el colegio, en la micro, en la universidad, en el metro, en la pega. Desde muy corta edad, aprendemos a soportar las miradas, los comentarios y silbidos de desconocidos y a lidiar con ello.

Aún somos niñas cuando comenzamos a adherir a esa convención social que nos invita a taparnos, a no mostrar mucha pierna, ni mucho escote, y aceptamos, con el resto de la sociedad, que es nuestra culpa si nos faltan el respeto, que algo de responsabilidad tendremos si nos llegan a manosear en la micro. Si algunas se rebelan contra ese orden, el mundo implícita o directamente las culpa y castiga. Si otras osan responder, son insultadas. Si algunas levantamos la voz para pedir que las cosas cambien, somos caricaturizadas como feminazis y exageradas. Nos acusan de superficiales, o de no hacernos cargo de las problemas estructurales del género.

Muchas nos preguntamos: ¿Con qué cara? En pleno año 2015, todavía tenemos que preocuparnos de ir a un concierto sin que nuestro trasero forme parte central de la crónica de una web especializada en música. Tal como lo lee, pues en la reciente iluminación creativa de un colega y su equipo periodístico, alguien consideró que sería buena idea subir un artículo con cerca de 20 fotografías de traseros de las mujeres que asistieron a Lolapallooza 2015. 

El colega en cuestión y su medio ya pidieron las disculpas respectivas y bajaron la nota, que fue denunciada por el Observatorio Contra el Acoso Callejero. Sin embargo, la preocupación persiste, porque en una columna publicada en ElDesconcierto.cl, el periodista en cuestión insiste en demostrarnos que todavía no ha entendido nada.

acoso“¿Les parece malo mirarle el culo a alguien?”, se pregunta, ufanándose de no ser un hipócrita por asumirlo. Últimamente, esa actitud se ha puesto de moda a la hora de reivindicar opiniones racistas, homofóbicas o sexistas: “Valoren mi sinceridad”. El tema, sin embargo, está encubierto por un error de conceptos y prioridades que Daniel, secretamente, debe tener claro. Hablamos de respeto. Y el respeto, necesariamente no va de la mano de la idea de fotografiar, anónimamente, el culo de alguien que nunca se enteró de eso. Peor aún si dichas fotografías fueron subidas a la web con la excusa de comentar “los shorts” del festival, la última prenda de moda. ¿Hipocresía, decía?

Por si no se notó: detrás de los culos, hay toda una persona. Los culos de las mujeres, por si alguien todavía no lo tuviera claro, no caminan solos por el mundo para deleitar el ojo masculino. Ni la existencia de Miss Reef, ni el traje de cristales de Jhendelyn en su piscinazo te autorizan a cosificar el cuerpo de otra mujer de esa forma. Fotografiar el culo de una desconocida, sin su autorización, es acoso aquí y en la quebrada del ají. Y nos adelantamos: de ser apoyado el proyecto de ley “respeto callejero”, impulsado por el Ocac y recién ingresado al Parlamento, dicha práctica constituirá una falta a sancionar. Simple sentido común.

La postura de los defensores del acoso callejero siempre apunta al mojigato y carente de argumentos “¿no será mucho?”. Lo que viene después, las mujeres también lo conocemos de memoria: “¿No será que andamos hipersensibles? Puede ser que como sociedad estemos “en esos días”. Elocuente.

La postura de los defensores del acoso callejero siempre apunta al mojigato y carente de argumentos “¿no será mucho?”. Lo que viene después, las mujeres también lo conocemos de memoria: “¿No será que andamos hipersensibles? Puede ser que como sociedad estemos “en esos días”. Elocuente.

Mientras el colega en cuestión dice entender nuestras luchas, sus propias palabras son un eco de lo contrario. “No nos quiten la posibilidad de piropearlas y contemplarlas“. Lo siento, amigo, pero no vinimos al mundo para causar tu satisfacción visual. Si las chicas que asistieron a Lollapalooza ya fueron fotografiadas por Emol.com con la excusa de retratar “la moda del short”, siempre es tiempo de recordar que, con 35 grados a la sombra, también tenemos derecho a salir a la calle sin morirnos de calor. Y a, por supuesto, devolvernos a la casa sin que nuestro culo -retratado en el espacio público- forme parte de un reportaje ocioso e innecesario en el que, seguro, no te gustaría que figurara retratada tu madre, hija o pareja. Por lo demás, ¿Emol como referente mediático?

Y no, no digas que nos apoyas. El discurso machista suele esconderse en el falso y aislado apoyo a nuestras causas. Para apoyarnos, compañero, primero es necesario que nos respetes. Por ello, si la necesidad del colega de fotografiar los culos de las muchachas -porque convengamos que no sólo miró, aunque lo ponga de ese modo- es tan apremiante que está por sobre el respeto a las personas, entonces lo invitamos a tomar asiento en la otra vereda y a dejar de simular comprensión por el peso de la historia sobre nos0tras. En ese lado, con descaro, se ubica la mayor parte de los medios de comunicación, pero ni siquiera un diario como La Cuarta es capaz de fundamentar éticamente el acoso y la exhibición de mujeres desconocidas en su pasquín.

Tal como el periodista señala, hace unos años él mismo fue el encargado de publicar un artículo idéntico (con el mismo mensaje, básicamente) en Paniko.cl. La buena noticia es que las cosas han cambiado: con todo en nuestra contra, y gracias al trabajo de organizaciones y de las propias mujeres y hombres que han entendido el apremio al que constantemente estamos sometidas, el sexismo descarado y grosero de dichas ideas, ya tiene dificultades para recibir aplausos. Mejor, no lo sigan intentando.