Jorge BaraditHe estado con este liderazgo de gobierno porque sinceramente creo que ella es una mujer austera que volvió de un retiro dorado en la ONU con la genuina intención de encabezar un proceso de reformas que, por presiones de grupos poderosos y el chanterío de su propia coalición, estaba condenado irremediablemente a ser insuficiente para un grupo y destructivo para el otro. Apoyé la idea detrás de esta administración porque era necesario al menos abrir la puerta de esas reformas aunque inicialmente se vieran amorfas, pactadas e ineficientes. No somos un país que produzca revoluciones populares que impongan sus condiciones, ni estaba el horno para esos bollos ni por cerca; somos tímidos y ordenaditos y nos gusta que las cosas se hagan “según el curso regular”, nada que hacer, las reformas iban a ir por la vía institucional si o si, con toda la mierda aparejada: cooptación, lobby, presiones y transas varias. Aún así apoyé la idea porque no es cierto que habían otras alternativas –y la izquierda tiene toda la responsabilidad, nadie más–. Al menos de este modo iban a quedar las leyes enviadas y se podía seguir con el proceso de hacerlas perfectibles con los años. A alguien le puede parecer tibio, como si se pudiera “avanzar sin transar”, como si Claude hubiera sido real alternativa (casi nadie lo pensó, realmente), como si Roxie hubiera sido algo más que un saludos a la bandera. Como si hubiéramos podido instalar un gobierno popular. Todo esto es triste, habla mal de nosotros como institución, hay tristeza en esta manera de ver la situación. Hay gente para la que cualquier cosa que no sea la instalación inmediata de un komintern es amarillismo. Bájense del pony, tovariches. Tenemos lo que se puede, tenemos lo que merecemos. Y no me vengan con frases de pergamino de feria artesanal porque ya no estamos para eso.

Me importa un pepino la Nueva Mayoría, que se vayan presos todos los que deban irse. Me interesa que, si estamos en un proceso de reformas, que continúe, que se refuerce, que lo arropemos porque en eso estamos ahora y hay que empujarlo y punto. Alguien dijo el 2012 que el sistema político chileno se estaba cayendo en pedazos y no daba para más. Bachelet y la credibilidad de la gente depositada en ella era lo único que lo mantenía colgando de ese clavo en la pared. Hoy, ese clavo está en entredicho. Ni por un momento se me cruza por la cabeza que haya estado involucrada en la estafa CAVAL, pero sí fue incapaz de leer el ambiente político del país y demoró en dar respuesta, y cuando la dio fue tibia. El pueblo está con ánimo de revuelta, está tan choreado que quiere linchamientos, nada menos; ella pensó que con pedir la renuncia y dar una tibia declaración dos semanas después iba a quedar todo saneado. Fue incapaz de leer el ambiente político de revuelta en que estamos. Su distancia de la gente, que fue su gran atributo el 2006, le está jugando una mala pasada. Se ve en una torre de marfil, alejada, funcionaria, con poca chispa.
No me importa a estas alturas lo que ocurra con su “legado político”, como se le da en llamar, me interesan las reformas. Y si no es capaz de seguir siendo ese clavo enterrado en la austeridad y la probidad que sostiene a la bolsa de gatos que es la política chilena, todo se va a ir a la cresta. Si ese caso SQM no es investigado como corresponde, todo se va a ir a la cresta. Me importa un pepino, como a todos, lo que les pase, quiero verlos inmolarse si es necesario en este momento histórico como otros lo hicieron, que se entreguen a la justicia, que asuman sus responsabilidades, que renuncien si eso ayuda, que entreguen información, que denuncien y testifiquen, que se comporten como hombres, como mujeres, en este momento clave. Que el barco se hunda quizá sea hasta bueno, pero nadie quiere verlos aferrados a un tablón, queremos verlos peleando hasta el final, saltando al abordaje, enfrentando las balas. Les llegó el momento histórico de comportarse a la altura, tatuarse el ejemplo de quienes murieron antes que jugar con la lealtad del pueblo, pero todos sospechamos que no lo van a hacer.

Si, hay pena y tristeza en este análisis.