Sr. Director,

Televisión Nacional ha perdido su relato. Y cuando digo esto no me refiero precisamente a la salida del canal del mediático periodista y relator deportivo Fernando Solabarrieta, sino más bien a una identidad extraviada, al discurso de televisión pública al servicio de los valores de un país que -como nunca- necesita verse y construirse sobre la base de la democracia, la participación, la justicia social y la transparencia. Fueron esos los  valores que en los noventa con el regreso de la democracia, un grupo de ejecutivos, profesionales y técnicos supieron dar a una Televisión Nacional destruida por una pésima gestión administrativa y comercial y, lo que es peor, por una credibilidad por el suelo producto de su desconexión con el Chile real.  Esa nueva TVN, la de los noventa, sustentó su fortaleza en hacer una televisión creíble, competitiva y alineada con los valores más caros de la sociedad chilena, entonces ávida de ver y verse en una pantalla que debía ser la de todos.

Hoy la que atraviesa TVN no es sólo una crisis de rating, lo es también de ideas y de falta de sentido de una televisión pública al servicio de los chilenos. ¿Dónde están la mística, el compromiso, la misión trascendente de hacer una televisión de calidad para las grandes audiencias? Conocí de cerca esa televisión, tuve el privilegio de ser parte durante 18 años de un medio de comunicación que aportó al proceso de restitución de confianzas ciudadanas, sociales y políticas, de promoción de la cultura y las artes y del un esfuerzo sincero por rescatar la identidad local desplegando recursos en todo el país para crear centros regionales capaces de producir noticiarios y programación que pudieran reflejar nuestra diversidad a lo largo y ancho de nuestro territorio. Hoy ya muchos de esos pioneros de la televisión de los noventa no estamos, de los que quedan, algunos deambulan nerviosos por los pasillos queriendo rasguñar los esquivos puntos del rating, otros, tecnócratas demasiado preocupados de los balances, los talentos creativos que recurren una y otra vez a los clises propios de una televisión cualquiera.

No hay liderazgo. Si las audiencias piden realities, hay realities; si quieren culebrones turcos, pues ahí están; formatos comprados y repetidos hasta el cansancio, cocineros, bailarines, concursantes que canten o hagan su gracia, cada domingo un desproporcionado festival de goles y la ausencia absoluta de las noticias del mundo. Por mientras, un país que pasa por la fachada de Bellavista 0990 pidiendo a gritos dar sentido y razón a una televisión para todos los chilenos. Si, Solabarrieta se ha ido, pero a TVN el relato se le perdió mucho antes.

Atentamente

Rodrigo Reyes Sangermani
Ex Director Regional de TVN