Joan de AlcazarSon cuatro las convocatorias electorales del 2015, como sabemos: Andalucía, Locales y autonómicas [mayo], Catalunya [septiembre] y las Legislativas [noviembre]. Va a ser como una maratón para todos, para los ciudadanos, para los aparatos de los partidos y para los políticos en general. Es posible que algunos de los atletas políticos no consigan acabar la carrera, y tengan que retirarse antes de llegar a la meta. A decir verdad, más que posible, a estas alturas podemos decir que sería deseable. En la medida que la responsabilidad por los malos resultados conseguidos fuera achacada a gerifaltes concretos, tal cosa sería muy saludable porque facilitaría una limpieza más que necesaria de la dirigencia partidaria actual.

Escribo estas líneas el mismo día en que los ciudadanos andaluces están votando. Ellos van a ser los primeros en decirnos cómo está el patio político en verdad. Las encuestas vaticinan una incompleta victoria socialista, una derrota severa de los popularistas, una irrupción importante pero no atronadora de las formaciones nuevas, Podemos y Ciudadanos, el mantenimiento a la baja de Izquierda Unida y la evaporación de UPyD. Veremos. Son ya muchos desmentidos a las previsiones demoscópicas de anteriores comicios como para creer en ellas.

Si el paso por los primeros 10 kilómetros de esa maratón fuera el previsto, la carrera se haría todavía más táctica. Es decir que pasarían relativamente pocas cosas antes del paso por la baliza de los 20 kilómetros, que será el 24 de mayo. Susana Díaz no pactaría nada con nadie que pudiera hipotecar el discurso de su partido antes de esas elecciones locales y autonómicas. Descartado pactar con Podemos para no darles aire y con Izquierda Unida porque no sería fácil de explicar, la conclusión más probable, al menos en esta fase de la carrera, sería que el socio natural de los socialistas andaluces debiera ser Ciudadanos (C’s), que son a día de hoy la derecha centrada y presentable. Sin embargo, ni al PSOE le interesa hacer explícito esa querencia, ni a C’s tampoco le conviene que se les asigne el sambenito de compañero de viaje o de tonto útil de los socialistas. Hasta después de mayo, pues, no sabremos demasiadas cosas más sobre cómo puede acabar la maratón allá por el mes de noviembre.

¿Pero y si las cosas no salen así, y si las encuestas vuelven a fallar? Imaginemos que el PP no baja tanto como se pronostica, que el PSOE gana pero con apuros, que Podemos y C’s entran con menos fuerza de la prevista y que Izquierda Unida mantiene relativamente el tipo. Ese sería un escenario todavía más complicado de gestionar. En ese caso la carrera, la maratón de la que hablamos, se convertiría en una carrera endiablada. Los dos grandes partidos podrían sacar pecho y los emergentes no lo serían tanto. El bipartidismo resistiría, y cualquiera de los dos grandes podría esgrimir los resultados para avalar su programa político. Lo más preocupante sería que el PP vendería su digno segundo puesto en el feudo socialista como un aval a sus políticas de cirugía mayor sin anestesia, y eso le daría a Rajoy un oxígeno con el que ahora no cuenta.

“La distribución del poder interno debe ser modificada. Los dos grandes partidos no pueden mantenerse en una especie de turno restauracionista y lampedusiano.”

Lo peor que podría pasar en las elecciones que hoy se están celebrando en Andalucía sería, pues, que no pasara nada. Que la ciudadanía transmitiera con su voto que no hay margen, que no hay nada que hacer. Que las cosas son como son y están como están.

El mantenimiento de la hegemonía de los dos grandes partidos sería una pésima noticia para quienes pensamos que a España le urge una reforma profunda que ha de comenzar por corregir déficits muy severos de funcionamiento de la democracia de baja calidad que padecemos. Urge una restauración de principios básicos de la ética cívica que han sido olvidados o abandonados por el cinismo superlativo de las élites políticas, empresariales y financieras. Además, es perentorio abordar un proceso de actualización del Texto constitucional que contemple y se adapte a los cambios que la sociedad española ha experimentado en los últimos cuarenta años. El modelo de convivencia, la estrategia económica de futuro, la propia estructura del Estado, el modelo social que queremos, todo eso ha de ser redefinido.

Para que eso pase, la distribución del poder interno debe ser modificada. Los dos grandes partidos no pueden mantenerse en una especie de turno restauracionista y lampedusiano: ora gobiernan liberales, ora gobiernan conservadores, para que cambie exclusivamente lo que tenga que cambiar para que no cambie nada.

Parafraseando el reciente libro de Joan Subirats y Fernando Vallespín, España ha de ser reseteada. Ha de reiniciar su sistema operativo y eso pasa por las elecciones que hoy se celebran en Andalucía.

Ha comenzado la Maratón 2015, o la Vuelta Electoral 2015 por etapas. No importa el símil deportivo que utilicemos. Lo transcendente es que comiencen a producirse cambios en el sistema de representación política, y los ciudadanos andaluces son los primeros que deben- manifestarse a favor de ello. Que los dioses los iluminen.