Juan Carlos Gomez LeytonLas decisiones que se han adoptado en los últimos días en el Consejo Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT) son complejas y altamente discutibles. Pero, mi reflexión muy breve por cierto, quiere dejar planteada la relación entre Conicyt y capitalismo académico presente en los distintos procesos de selección o concursos abiertos por la institución.

En relación a Becas Chile plantear el siguiente punto. La situación que afecta a muchos de los investigadores sociales que obtuvieron sus posgrados (Maestrías, Doctorados y Posdoctorados) cuando regresan al país. Estos no tienen ni inserción ni el reconocimiento académico que merecen en los espacios académicos universitarios, especialmente, cuando estos ofrecen vía concursos públicos, algún puesto académico. Dado que los requisitos establecidos, específicamente, en los concursos patrocinados por MECESUP, son restrictivos y, claramente, discriminatorios. Y, lo peor de todo es que muchos burócratas de la educación superior, que ingresaron sin concursos ni cumplen con los requisitos que ellos mismos hoy imponen a los demás, no consideran que los estudios de posgrados, por ejemplo, posdoctorados sean relevantes, ni la publicación de las tesis doctorales o los trabajos posdoctorales en libros. Muchos de los investigadores han debido estar entre cuatro a cinco años realizando estudios posgrado o sus tesis, y las bases de esos concursos exigen la presentación de artículos publicados en revistas indexadas. Pues, lo único válido para avalar la pertinencia académica o profesional, no son los grados académicos obtenidos o los desempeños académicos realizados, sino, tener publicaciones en revistas indexadas: Scielo, Scopus o ISIS. Actualmente existe un extendido y peligroso fundamentalismo por ese tipo de publicaciones lo que lleva a sostener a un ex-presidente de Conicyt, “ese es el único espacio de producción válido del conocimiento científico nacional“, por consecuencia, todo lo demás no existe. Y, quienes publican en esas revistas son investigadores de primer orden y los demás no existen como investigadores y su producción académica y científica no tiene ninguna validez o importancia científica. Pues este tipo de producción, tampoco permite incrementar los estándar de calidad de la universidad o facultad o instituto, etcétera. En otras palabras es considerado trabajo inútil e inservible para aquellos que hoy gobiernan las universidades del capitalismo académico sean públicas o privadas.

Ahora bien, todos sabemos que publicar en dichas revistas es ingresar en circuitos o redes que son verdaderas “mafias” académicas. Muchas de las revistas indexadas (ISIS, SCOPUS y CIELO) se ejercen todo tipo de discriminaciones y exclusiones. Ellas representan, por cierto, las formas hegemónicas y culturales que hoy predominan en la sociedad chilena.

Cuando mi generación concluyo (en los años 80) sus estudios de grado o posgrado el gran problema que teníamos era como reducir nuestras tesis de 200 o más paginas, a 30 páginas para publicar como artículo alguno de sus capítulos. Hoy por hoy, las y los estudiantes deben escribir un artículo de 25 a 30 páginas para recibir sus licenciaturas. Se trata de investigaciones librescas o textos compuestos a través de la técnica del parafraseo de diversos autores “consagrados” o de “moda”. Estos artículos con que se gradúan en la actualidad los estudiantes de grado de las ciencias sociales no tienen ninguna pretensión teóricas, metodológicas o epistemológicas. Tampoco, son producto de investigaciones profundas. En fin, la calidad de la producción científica-académica no pasa por publicar en revistas indexadas ni tampoco por la cantidad de paginas sino más bien por la solidez de los procesos investigativos, la rigurosidad de las metodologías aplicadas, de la consistencia teórica, de la relevancia epistemológica de la reflexión implícita en el trabajo, en el conocimiento de la producción científica actualizada, y sobre todo en la originalidad del planteamiento que realizan las/ los autores de esos.

“CONICYT debiera entrar en un proceso de democratización sustantiva. Pero ello solo va ser posible si logramos cambiar… la hegemonía del capitalismo académico, científico y tecnológico neoliberal.”

Lo mismo ocurre con los Concursos de Fondecyt. Este es un tema que alguna vez deberemos enfrentar y discutir abiertamente. Es, por ejemplo, en el Concurso Nacional de Proyectos Fondecyt, es lugar donde la corrupción académica se presenta de manera agobiante. Partamos señalando que muchos de los “evaluadores” son “juez y parte” del proceso de selección de los proyectos que se presentan. Este defecto ha existido desde el momento mismo que se estableció el concurso allá por los años ochenta del siglo pasado. Son tres décadas de lo mismo y nunca ha sido modificado. Todos las y los integrantes de los grupos de estudios saben perfectamente que ello es así. Las “mafias académicas existentes” (la colusión de las/los investigadores y académicos que se conciertan para favorecer tal o cual línea de investigación o a determinados académicos) son las que “objetivamente” seleccionan a los “elegidos” para desarrollar investigación en Chile. A este nivel el tráfico de influencia, el manejo de información privilegiada, el intercambio de regalos, etcétera; es una práctica permanente entre los investigadores que postulan y los posibles evaluadores. O sea, en otras palabras, la corrupción académica, aquí es muy extendida.

Las formas como los diversos comité de estudios cambian o modifican los estándar para la evaluación de los proyectos presentados es muy recurrente. La composición de esos comité de estudios son también un misterio. Nunca se ha sabido como son elegidos los integrantes. La falta de pluralidad interna es muy evidente. Cómo y de qué forma son asignados los evaluadores de los proyectos presentados es otro gran misterio. Todo ello es expedito para fomentar el tráfico de influencia o, sobre todo, el manejo de información privilegiada. Las arbitrariedades son permanentes. Las discrepancias teóricas, políticas e ideológicas en la evaluación son un problema para todos aquellos investigadores que presentan proyectos que quiebran la norma hegemónica al interior de una disciplina. Por ejemplo, es imposible hacer entender a los “historiadores tradicionales” la existencia de la historia reciente. O cuando se presentan proyectos que buscan innovar teórica o metodológicamente el análisis de algunos de los saberes establecidos como únicos y verdaderos.

Por la existencia de las mafias académicas, de la corrupción académica, por la falta de trasparencia de la forma como son fallados los concursos, y por otras tantas cosas que ocurren y muchos investigadores han denunciado a lo largo de estos años, CONICYT debiera entrar en un proceso de democratización sustantiva. Pero ello solo va ser posible si logramos cambiar la lógica interna que durante más de 30 años predomina CONICYT, me refiero a la hegemonía del capitalismo académico, científico y tecnológico neoliberal.

Todos los que han dirigido CONICYT nombrados por los gobiernos de la Concertación, y la Nueva Mayoría hasta el día de hoy no han modificado ni alterado esa lógica. Tengamos presente el Curriculum Vitae el su actual Director Ejecutivo y sabremos cómo va dirigir CONICYT. Cabe señalar, por último, que al revisar sus antecedentes académicos: no tiene ningún artículo en revista indexada. Para pensar y reflexionar.

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Juan Carlos Gómez Leyton es Posdoctorado en Estudios Latinoamericanos, UNAM. PH.D en Ciencia Política, FLACSO Méxic. Académico Universitario, FACSO- U. Central de Chile