(Publicado en www.rebelion.org)

Este fin de semana, en un enlace conjunto de Mapuexpress y Adkimvn comunicaciones llegamos a la sede comunitaria del territorio pewenche de Quinquen en Lonquimay, sector cordillerano en la llamada Región de la Araucanía, donde se reúnen diariamente comuneros y voluntarios como brigada de incendio de Quinquen. Desde ahí partimos con un grupo de jóvenes de la comunidad rumbo al lugar del siniestro ingresando por una ruta que al inicio del camino estaba con una huincha y un letrero que dice “camino cortado por incendio”.

En el trayecto, Horacio Meliñir, joven comunero e hijo de Lonko, nos contaba que ya llevaban dos días sin dormir, que junto al arduo trabajo por intentar controlar el incendio, también desde muy temprano han estado realizado rogativas para pedir por las lluvias. Nos comentaba asimismo lo que para ellos significa la pérdida del bosque nativo y en especial de la araucaria o pewen desde la espiritualidad y los mensajes que habían sido entregados por la Machi del lugar.

Otro comunero nos compartía lo desesperante que era ver cómo por una parte intentaban controlar focos de incendios y en las inmediaciones, con absoluta impotencia, veían cómo prendían los árboles sin poder hacer nada al respecto. “Estamos en la segunda línea del fuego, pero de un rato a otro se descontrola. Es muy desgastante peñi”, decía.

Al internalizarnos, nos vamos encontrando con la catástrofe en lugares donde ya ha pasado el fuego, cientos de árboles caídos, calcinados, en medio de cenizas. Llegamos a un sector donde se combate el fuego llamado “Cajón de la Gloria”, allí estaban asentados brigadistas de Conaf. Uno de ellos comentaba que la zona estada dividida en 6 sectores y que el cajón Coihueco y cabeza de indio eran las zonas más complicadas, este último, por las pendientes, imposible de acceder y las dificultades para que las aeronaves pudiesen maniobrar. Nos anunciaba que por la tarde habría viento puelche entre 25 a 30 km. por hora, lo que complicaría más las acciones.

En otro sector, un anciano había señalado a brigadistas de Conaf que unas norias podrían contribuir a sacar agua mediante la construcción de un pozo. La retroexcavadora comenzaba a trabajar y comuneros con palas y rastrillos a limpiar el flujo del agua para poder llenar el hoyo y los helicópteros así tuvieran un nuevo punto de captación.

Al lugar, de pronto, llegaron 44 integrantes de la comunidad pedregoso, iban por el fin de semana a colaborar y a ponerse en coordinación con sus vecinos de Quinquen. Uno de sus integrantes es Francisco Llevilao, quien dijo que era un deber para ellos estar ahí y que llegaron por sus propios medios, con dificultad pero se las arreglaron como sea.

“Nuestra comunidad ya ha perdido directamente 600 hectáreas de bosque nativo por este incendio”. Recordando a su vez acciones inescrupulosas de hace algunos años por parte de particulares colonos que han incendiado bosques para luego reemplazarlo por pinos.

Fumarolas se apreciaban en diversos puntos de las montañas y con una cuadrilla de la comunidad se accede a lo alto en medio de matorrales y quilas a punta de machete. La brigada pewenche y voluntarios estaban a cargo de Joaquín Meliñir, quien ha venido coordinando los trabajos desde Quinquen y con quién pudimos conversar extensamente sobre la situación sufrida, quien junto con recalcar lo tardío en la reacción de la institucionalidad pública, señalaba con esperanza que las condiciones actuales estaba contribuyendo notablemente a mermar los avances del siniestro ya que había maquinaria, más brigadistas y aeronaves constantes. “Nuestra comunidad ya ha perdido directamente 600 hectáreas de bosque nativo por este incendio”. Recordando a su vez acciones inescrupulosas de hace algunos años por parte de particulares colonos que han incendiado bosques para luego reemplazarlo por pinos.

La cuadrilla avanzaba con palas, rastrillos, machete y dos bombas de agua de unos 15 a 20 litros que debían ser recargadas prontamente, en una extensa zona donde el fuego estaba parcialmente controlado pero quedaban rastrojos quemándose, brasas de árboles y matorrales consumiéndose. De pronto, arde unas quilas y toma unos árboles, inmediatamente corre la voz a quienes estaban en su inmediación “salgan de ahí peñi, salga de ahí ahora”. El humo y la sofocación hacían imposible los trabajos y el riesgo siempre es latente, esto, en medio de un enjambre de abejas chaquetas amarillas y sus picazones. Ya los registros y las cámaras quedaron de un lado, se necesitaban manos para contribuir a controlar el fuego y ver en carne propia las dificultades. La desesperación para hacer corta fuegos y así impedir que se siga expandiendo era la urgencia. Una pequeña muestra de lo complejo en las tareas.

Ya al atardecer, transitando hacia otro sector a través de una camioneta 4 x 4 de la Municipalidad de Lonquimay que contribuía al traslado de comuneros y equipamientos, nos encontramos en el camino con los brigadistas uruguayos que habían llegado hace un par de días para colaborar. Estaban descansando unos momentos y pudimos compartir unos instantes. Allí le dimos profundos agradecimientos. Uno de ellos se acercó, mostró una foto de su celular y dijo con emoción y orgullo “mirá lo que estamos haciendo por ustedes”, era una pequeña araucaria (pewen) en crecimiento a la que le hicieron un corta fuego para que se salvara de la devastación, todo un símbolo de esperanza.

En otro sector del Cajón de la Gloria, nos encontramos con Ester Cifuentes, de la comuna de Lautaro y voluntaria del grupo brigadista de la comunidad pewenche de Quinquen. Allí a punta de rastrillo estaba colaborando junto a otros voluntarios y brigadistas de Conaf. “Todos somos de la tierra. Ojalá vengan más personas a colaborar”, nos decía. De pronto escuchamos los gritos “Salgan de ahí, salgan de ahí” y al mirar vemos como dos araucarias (pewen) ardían en un costado con un sonido fuerte muy particular, en medio de la desazón e impotencia de quienes estábamos a su alrededor. El fuego comenzaba a tomar los árboles que estaban en las inmediaciones. Un brigadista Conaf llama por radio para pedir apoyo de helicóptero. Al rato llega también un carro de bomberos de Cherquenco mientras la aeronave pasó unas 5 veces roseando agua y contribuyendo a que no se propague.

Brigadistas de Conaf y uruguayos, bomberos, comuneros de Quinquen y pedregoso y algunos voluntarios provenientes de otras localidades, codo a codo trabajando juntos para apaciguar este mega incendio forestal en este sector de Lonquimay. Lo mismo en localidades como Melipeuco y zonas aledañas.

El recorrido continúo hacia cabeza de indio, en reserva China muerta, de frente, en un mirador (Azkintun) se apreciaba la magnitud del incendio y dos o tres helicópteros que incesantemente roseaban agua extraída del río. Al bajar, dimensionamos las dificultades de acceso a la montaña, donde se lucha para que el fuego no se siga propagando hacia otras zonas. Tracura, LoncoTiuque e Icalma son zonas bajo asedio.

Un brigadista Conaf comentaba “porqué los políticos se ponen a hablar sin saber. Se reúnen en oficinas en Melipeuco, Temuco o Santiago cuando deberían estar y reunirse aquí, en persona, constatando las dificultades y necesidades”.

En diversos puntos en las inmediaciones de Melipeuco se aprecian varios carteles con diversos mensajes relativos a los incendios que afectan a la zona cordillerana ¡Fuerza Melipeuco! ¡Fuerza bomberos! ¡Fuerza Ñuke Mapu! ¡Fuerza brigadistas!, son algunos de ellos, zona donde se ha destacado la labor del cuerpo de bomberos.

Lo que viene ocurriendo en estas zonas del pewen Mapu, con un incendio desde el 14 de marzo, con miles de hectáreas de bosque nativo consumidas, no es un tema local, es un tema País donde hay responsabilidades de autoridades públicas por no haber actuado a tiempo y que deja en evidencia la falta de políticas reales en materia de prevención y operatividad frente a catástrofes. Se están destruyendo ecosistemas, vitales para la conservación de las fuentes de agua, donde nacen los ríos, las napas, todas las aguas en esta región que nos permiten tener regadío, semillas y alimentación, que nos permite beber, que nos permite existir. La magnitud del siniestro hace entrever intencionalidad. Esto es una grave afrenta a todos y todas. Como ya se ha dicho “El agua no nace en la llave, NACE EN LA CORDILLERA y todo lo que sucede aguas arriba termina sucediendo aguas abajo”.

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