El programa de reformas impulsado por el gobierno contaba con el empuje del ala progresista de la Nueva Mayoría. El primer año parecía ser un triunfo para este sector, especialmente luego de la serie de proyectos aprobados a fines de enero. Sin embargo, tras conocerse nuevos antecedentes relacionados la arista SQM, varios de sus referentes parecen acusar un golpe que pone en tela de juicio la capacidad transformadora del oficialismo ¿se acabó el impulso transformador?

El escenario se había iniciado con el caso Penta, que involucró directamente al corazón del gremialismo. Cuando el ex gerente general del holding, Hugo Bravo, amenazó a los controladores con contar todo lo que sabía sobre el financiamiento de campaña, la UDI vio el riesgo de trizarse en las personas de algunos de sus principales rostros. Bravo finalmente concretó sus amenazas, lo que dejó como principales damnificados a los senadores Iván Moreira, Ena Von Baer y a dos de los denominados “coroneles” del gremialismo: Pablo Longueira y Jovino Novoa. Pero las esquilas alcanzaron también a Pablo Wagner, Ernesto Silva, Joaquín Lavín, Pablo Zalaquett, Laurence Golborne y Carlos Bombal.

Sin embargo, cuando la investigación sobre boletas de honorarios ideológicamente falsas saltó hacia SQM, gracias a la declaración de la cuñada de Pablo Wagner, los daños cruzaron al otro lado del espectro.

Los primeros datos apuntaban a asesores del senador PS Fulvio Rossi, y al hijo del diputado DC Roberto León, quienes aparecieron cuando Fiscalía sólo tenía en su poder la información contable de la minera no metálica de julio de 2009. Posteriormente, nuevos nombres, fundaciones y centros de estudios relacionados con el mundo político comenzaron a figurar.

Uno de esos es la Fundación Chile 21, presidida por Carlos Ominami, padre de Marco Enríquez-Ominami. Como centro de pensamiento del mundo progresista ha destacado por tender puentes entre sectores progresistas de la Nueva Mayoría y grupos que están en la periferia, como el PRO. En él participan reconocidos personeros de anteriores gobiernos como Francisco Vidal. El ex director, cuando reconoció los aportes a la fundación por SQM dijo que a veces había que “cerrar los ojos”.

Chile 21 está también directamente ligada a otros dos dirigentes mencionados: el senador del PPD, Guido Girardi, quien es presidente del Consejo Ampliado, y con el PS Gonzalo Martner, quien actualmente figura como director de contenidos de la fundación y que también ha participado también en el equipo económico de Enríquez-Ominami.

Otros vínculos quedaron claros tras conocerse que el ex tesorero del PS, Milton Lee, dueño de la imprenta Alerce Talleres Gráficos S.A.  y quien es pesquisado por facturas vinculadas con SQM, prestó servicios a cerca de 51 candidatos del ala progresista. En la lista de candidatos a los que Lee prestó servicios aparecen Felipe Harboe, Yerko Ljubetic, y Crisitina Girardi del PPD; Carlos Montes, Juan Pablo Letelier, Isabel Allende, Fidel Espinoza, Simón Escalona y Gonzalo Martner del PS; y el ex DC Marcelo Trivelli.

Si bien los servicios de la imprenta podrían estar relacionados con material de campaña, Fiscalía investiga boletas de SQM hacia la empresa que podrían estar vinculadas con el financiamiento irregular de la política. De ser así, se confirmaría un golpe a extensos sectores del espectro político.

Por el momento, los golpes parecen concentrarse en el bloque PS-PPD por el lado de la Nueva Mayoría, y sólo en la UDI por el de la Alianza. Aunque la DC y RN parecen a resguardo, el margen que tienen para capitalizar el momento no parece ser suficiente, ante una crisis generalizada de la institucionalidad.

Así lo afirman los sociólogos Carlos Ruiz y Alberto Mayol.

Alberto Mayol, sociólogo U.de ChileEl académico de la Universidad de Santiago, y autor de “La Nueva Mayoría y el Fantasma de la Concertación” afirma que “estructuralmente, toda esta crisis, a los sectores que están a favor de hacer cambios estructurales les hace más bien que mal” y asegura que si bien hay nombres vinculables al caso SQM pertenecientes al ala progresista del bloque de gobierno, estos son aún “la punta de un iceberg, mientras que una masa enorme se mantiene debajo del agua, y que casual, milagrosa o selectivamente, corresponde a los sectores más conservadores de la Nueva Mayoría”.

Sobre el futuro del programa de reformas, Mayol achaca a su punto de concepción como el problema principal por no “contar con el suficiente contenido político y por estar apoyado en las condiciones personales de Michelle Bachelet, que ante una inestabilidad como la de Caval se puede resentir fuertemente”, indicó.

Para Mayol, el futuro del gobierno y su espíritu de reformas “se puede resolver con una jugada de último minuto, tratando de sacar la agenda constitucional o maximizando la oferta en el área de la educación, que son los sectores más críticos”, pero reconoce que el corazón político del gobierno se encuentra severamente afectado tras un año al mando.

“Ellos hablaban de igualdad y el nepotismo no es precisamente la mejor compañía. Recordemos que a pocos días del caso Caval, el discurso del gobierno transitó por algo muy mediocre que es la calidad de vida como tema político, y que nunca antes un Gobierno se había centrado en ese tema exclusivo”, afirmó.

Sobre los sectores que menos daños han recibido, Mayol afirma que “RN y la DC no están impolutos en lo real, pero ninguno aparece todavía como actor relevante de la escena, aunque hay que esperar que siga el curso de los acontecimientos”. En todo caso, alerta que la ciudadanía no alcanza a distinguir tan selectivamente. “Son los partidos los que caen, y no me parece que el ala conservadora del PS se pueda salvar si cae el ala progresista. Eso no tendría sentido”, indicó.

Por su parte, Carlos Ruiz, autor junto a Giorgio Boccardo de “Los chilenos bajo el neoliberalismo” afirma que los casos de Carlos Ruizcorrupción han develado la “promiscuidad entre política y negocios que se constituye a partir de la transición”.

Para el sociólogo, tras cada “capítulo” de esta historia, se da cuenta de la construcción de “una casta política, una elite político-empresarial creada en la transición, que se vincula a la profusa presencia de personeros de la Concertación en los directorios de las empresas”.

Ruiz apunta a casos puntuales. “Soledad Alvear habla como personaje público pero hoy es una gerente del Grupo Luksic (…) En este momento tienen cuatro ministros que pasaron por el mismo grupo antes de asumir cargos, como Javiera Blanco, que está en el Ministerio del Trabajo y es una de las más empresariales que hay”, retrucó.

Ante ello, Ruiz critica el real espíritu de cambio del Gobierno. “¿Qué reforma laboral, por ejemplo, puede empujar un personaje así? No es casual entonces toda la oposición que se ha presentado al proyecto que ella envió”, afirmó.

Para el sociólogo, la actual crisis de corrupción “no va a reconfigurar el actual mapa de fuerzas políticas” y asegura que la crisis afecta por igual a todo el sistema de partidos.

“Es difícil que esto incida en un cambio sustantivo por el deterioro de la política. Al final, esto está golpeando a todos, sin distinción y no creo que redunde en un ascenso de la DC y RN, por ejemplo.Y si lo hay, será muy pequeño”, indicó.

El académico de la Universidad de Chile recuerda que la última elección de Michelle Bachelet contó con cerca del 26% del universo de votos posibles, por lo que aseguró que la mayoría que allí se impuso “era débil”.

“No hay un cambio de cuadro. El problema general es el de la legitimación del sistema político que viene desde la transición”, concluyó.