Bestiario-Encuentro-Zorra-y-Arpia-WLas artistas feministas han insistido particularmente en la figuración de lo monstruoso como signo para manifestar la violencia de su tiempo. Una violencia pactada con la necro-máquina de los poderes gubernamentales, aquella que justifica la desaparición, la tortura, la inequidad, la jerarquía de los saberes y las muertes de mujeres e identidades del borde sexual de manera sistemática. De alguna manera, ha sido lo monstruoso lo que ha permitido establecer una suerte de respuesta ante ese tiempo de la violencia, al constituir un espacio donde se cuestionan tanto la diferencia sexual como el soporte de la forma humana. El monstruo, constituido de diferentes partes, retazos y fragmentos manifiesta siempre un reflejo desbordado de la violencia. Recordemos, por ejemplo, a la artista Catalina Parra y su imbunche como figuración para la lectura de un ambiente dictatorial que tapaba todos los espacios de expresión del cuerpo. Un imbunche mítico, perverso, anómalo, donosiano. O podríamos pensar en Mary Shelley y su Frankenstein escrito en el pleno auge de la revolución industrial, arquetípico personaje de la constitución monstruosa del sujeto moderno que alertaba sobre la perversión que podría traer la mecanizada práctica de la medicina. Es por esto que, siguiendo esta genealogía del arte feminista y su compromiso con los monstruoso, nos interesa esta vez profundizar en propuestas artísticas que situándose localmente, hagan un nexo con nuestra historia de la violencia para ver en ellas las agitaciones políticas que el arte posibilita.

“Bestiario” la actual muestra fotográfica de la artista visual Chilena Gabriela Rivera Lucero en la sala Joaquín Edwards Bello del Centro Cultural Estación Mapocho es una propuesta construida desde diversos cruces políticos y encarnada en aquella palabra naturalizada de la violencia hacia las mujeres.

La muestra exhibe fotografías de bestias monstruosas construidas a base de escamas, restos de cuero de animal, vísceras, huesos e hilo que la misma artista moldeó y portó para fotografiarse. Desechos de un sistema de producción de muerte que ahora la artista utiliza para reflejarnos su descontento. Las palabras a partir de las cuales Gabriela Rivera Lucero construye su “Bestiario” son parte del habla cotidiana que define el ser mujer en nuestra sociedad. La perra, la arpía, la víbora, la zorra, la cerda y la mosca muerta, aparecen ante nuestros ojos en un trabajo que profundiza en lo fotográfico, al permitirnos ver en esas máscaras que la artista construye, los rostros hechos para moldear los cuerpos de las mujeres bajo un signo que las degrada.

Perra-Bestiario_-2015-web-copy-WComo si de una paradoja se tratara y en un acto propio de lo asignado a la feminidad —cuestión que las feministas ponen siempre en duda— Gabriela Rivera Lucero cose cada una de las máscaras con una precisión iluminada en el flash de la fotografía. De esta manera, quedan expuestas las costuras que se transforman en cicatrices y huellas confundiéndose con aquellas que son características del cuerpo femenino que posa a la cámara. En las fotos aparecen las estrías que marcan los cuerpos luego de crecimientos abruptos, la piel se aja, los tejidos colapsan, pero no sólo por el desarrollo fisiológico del tiempo sobre el cuerpo, sino que también por el peso de las palabras. Una costura del rostro y del cuerpo de las mujeres bajo la impostura artesanal de una carnicería feminista.

La artista se posiciona y construye sus imágenes de modo artesanal: primero realizando las máscaras y luego fotografiándose, poniendo atención a que la sabiduría última que puede ofrecernos la imagen es siempre una posibilidad de reflexión. Porque, al final de todo, lo que queda siempre son fotografías. Imágenes portando el peso que impide la desaparición.

“Bestiario” expone imágenes violentas, indeseadas, feas, paradojalmente atractivas, que no hacen más que evidenciar aquello que con la palabra se nos ha vuelto natural: la animalización de las mujeres como sujetos de sacrificio comercial para seguir con el engranaje de una industria alimentaria a base de muerte y tortura.

Es así que en esta hermosamente cruel muestra, Gabriela Rivera Lucero ha sabido manifestar en la misma ejecución de la obra la violencia de las pieles, cueros y vísceras que bajo la lógica taxonómica separa a algunos seres como comestibles y a otros como depredadores en una cadena de clasificaciones entre lo evolucionado y lo salvaje. Entre animales superiores e inferiores o entre hombres y mujeres.

Las prácticas artísticas de resistencia han entendido que no es sólo necesaria una exposición de la violencia para intervenir en su discurso sino que inmiscuirse en las maneras en que el poder actúa. Algunas de estas estrategias han utilizado los recursos de la crudeza exacerbada o la ironía cruel para mostrarnos que estas imágenes expuestas esperan de nosotros un cambio ético a nuestras maneras comunes de existencia.

Es por esto que es interesante reflexionar, a partir de esta muestra, cómo se administra o cómo ha sido la recepción de esta violencia hecha imágenes. La artista, una mujer públicamente vegana y activista por los derechos de los animales, ha sufrido las consecuencias ultra-radicales de quienes piensan que utilizar los materiales del desecho animal es mostrarse “a favor” de este tipo de explotaciones.

Bestiario-Vibora-1-Gabriela-Rivera-WDe hecho, Gabriela Rivera ha sufrido miles de comentarios a través de redes sociales que retan la calidad de su obra como si fuese ésta la de una artista sádica incapaz de construir una ética común. Es importante tomar atención, frente a este tipo de polémicas, la manera en que la biografía política de una artista y su subjetividad desbordada, pareciera ser invisible ante lecturas que no miran los pliegues de sentido que conforman las imágenes monstruosas de la violencia. Darnos cuenta de la linealidad del pensamiento en la que hemos sido educados y de la responsabilidad que tenemos en ejercer un juicio crítico que des-aprenda la educación heterosexual del sentido común cuando de imágenes estamos hablando.

Porque más allá del arte y de la representación, Gabriela Rivera Lucero en su muestra de fotografía “Bestiario” ha sabido decirnos que los cuerpos de las mujeres continúan cruelmente en una explotación constante de violencia organizada.

Mujeres que son parte de ese pueblo que, como decía el poeta argentino Osvaldo Lamborghini, nunca dejará de ser animal.

Centro Cultural Estación Mapocho, sala Joaquín Edward Bello.
Hasta el 19 de abril de 2015 de martes a domingo, de 11:00 a 20:00 horas. Entrada Liberada.