derecho universidad de chileHoy la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile vivirá un acontecimiento importante. Después de más de 12 años de administración del decano Roberto Nahum, los académicos decidirán, en una primera vuelta, quién será el llamado a remplazarlo. Es positivo que existan tres candidatos, especialmente si consideramos que normalmente en la Universidad de Chile los decanos se reeligen o “corren solos”.

Al existir varios candidatos, es posible contrastar las propuestas de cada uno, y así, apoyar aquellas dirigidas a levantar a la Facultad de la situación de estancamiento en que se encuentra. Esta   situación, diagnosticada hace años, llevó incluso a una toma por parte de los estudiantes en el año 2009, con demandas que iban desde la crítica al autoritarismo por parte de las autoridades en contra de académicos, funcionarios y estudiantes, hasta el diagnóstico de que no se estaban cumpliendo las labores esenciales de una Universidad pública, en particular, aquellas relacionadas a la investigación y extensión.

El principio rector que debe guiar la transformación de nuestra Facultad, y en que por lo tanto se debe centrar la acción de quien sea electo Decano, es la construcción de una democracia sustantiva al interior de la institución. Esto debe materializarse a partir de dos procesos simultáneos: Por un lado, generar las condiciones que posibiliten una genuina comunidad universitaria; y por otro, discutir y aprobar, con la comunidad universitaria en su conjunto, un proyecto de Facultad.

El primer proceso, es decir, la generación de una real comunidad universitaria, está estrechamente ligado con acabar con las situaciones de injusticia y desigualdad que hoy existen en la institución. Este proceso implicaría, en el caso de los académicos, que el nuevo Decano ofrezca una propuesta cuyo objetivo sea la regularización del claustro académico, terminando así con profesores que, sin méritos en cuanto a investigación y extensión, e incluso, muchas veces sin siquiera hacer clases, siguen en la Facultad, poseen altas jerarquías académicas y formalmente tienen jornadas que les otorgan votos enteros para las elecciones de Decano, a diferencia de muchos otros profesores que aun cuando tienen mayores méritos, sólo tienen medio o un octavo de voto.

Para que los funcionarios puedan ser parte de una comunidad universitaria genuina, debe terminarse con las prácticas que desincentivan su organización, tales como las represalias por parte de las autoridades cuando éstos se reúnen, ya sea como funcionarios o en conjunto con los estudiantes para discutir problemas propios de la comunidad. Además, se requieren iniciativas concretas para terminar con el subcontrato, la inestabilidad laboral asociada a esta forma de contratación y las pésimas condiciones de trabajo que hoy existen en nuestra Facultad para los trabajadores subcontratados.

Respecto de los estudiantes, urge remplazar el sistema de ranking para la asignación de cursos, pues éste, sumado al desigual nivel de profesores, ha derivado en una situación en que tenemos compañeros cursando, en la práctica, carreras distintas, pues la exigencia y calidad de sus ramos difieren ampliamente.

El segundo proceso que debe impulsarse en la Facultad concierne a cómo discutir y aprobar un proyecto para la misma. Para esto solo existe una respuesta: De una manera democrática y participativa. Esto implicaría, por ejemplo, sentarnos a debatir sobre cuáles debiesen ser las líneas prioritarias de investigación y extensión. ¿Son aquellas que sirven a los intereses del mercado o las que consideran las necesidades del país? Una vez respondida esta pregunta, podremos determinar dónde se destinará el financiamiento preferente de los recursos con los que cuenta la Facultad (aunque no exclusivo, respetando así la libertad de cátedra). Una discusión democrática y participativa sobre el futuro de nuestra facultad también debe también comprender una revisión sistemática de la malla curricular, definiendo el perfil que queremos para nuestros egresados, y el levantamiento de una comisión que vigile la implementación del Proyecto de Desarrollo Institucional, el cual, pese a que el Consejo de Facultad eliminó varios de los puntos importantes que habían sido definidos democráticamente, sigue siendo una buena hoja de ruta para avanzar. Es fundamental que en todas estas instancias exista participación vinculante de los tres estamentos, así como, de ahora en adelante, en las mismas elecciones de Decano y en los órganos colegiados de la Facultad, tema en discusión actualmente a iniciativa del Senado Universitario, y que además ha sido una importante bandera de los estudiantes.

En medio de la discusión sobre la reforma educacional, cobra vital importancia que la Universidad de Chile y todas sus facultades, trabajen por ser más públicas y democráticas de lo que han sido hasta ahora, sirviendo a Chile y haciéndose realmente merecedoras del financiamiento del Estado.

 

* Tomás Jaeger, es representante estudiantil ante el Consejo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.