maratón santiago 2015Será válido preguntarse si vale la pena alterar a toda una ciudad para que troten unas 35 mil personas. Si hasta el Metro abrió más temprano. El sol no salía y los carros ya se llenaban casi de puros individuos de verde y con zapatillas. Mientras, la música empezaba a sonar en las ventanas de muchos residentes de la ruta de la corrida que, de seguro, todo esto les causará ninguna gracia. Tal como al automovilista que lo detuvieron ahí, justo ahí donde empezaba a pasar una columna de varias decenas de minutos de deportistas.

El punto es que, para bien o no, la Alameda donde sólo se corre para arrancar de Fuerzas Especiales ahora cobró una nueva utilidad y vitalidad. Es una forma posible de ocupar el espacio público, con exención tributaria para las empresas organizadoras por cierto, pero una forma al fin y al cabo.

Diferentes edades, contexturas físicas, colores de piel, portes, nacionalidades y motivaciones coincidían sin embargo en el color de la polera, el punto de partida y la meta. Algunos grupitos de excéntricos se propusieron ganar y al primer pestañeo ya habían llegado de La Moneda a la Avenida Brasil. Los demás, reían, conversaban, se sacaban selfies y pifiaban a cuanta autoridad era nombrada (¿quién le dijo al diputado Pilowski que era conveniente que lo anunciaran? No es temporada de diputados).

La carrera se desarrolló sin incidentes, como diría un sargento o un periodista, y con el apoyo de cientos de personas que mostraban carteles por sus parientes, conocidos o por todos nosotros.

Lírico fue ver al Viejo Pascuero; leer un cartel que decía “Sigue a Jesús y a ninguna iglesia”, que un joven nos tocara el violín con la estatua de Balmaceda y el Edificio de la Telefónica detrás; y los papás y mamás que trotaron con el coche de sus guaguas.

Especialmente, ver a los muchos que venían de vuelta del carrete, en sentido contrario, con la botella en la mano mientras nosotros hacíamos deporte. La vida es sabia: hoy estás acá, mañana puedes estar allá.

Lo difícil de aceptar: que fuera necesario mostrar el certificado de inscripción para acceder a la Plaza de la Constitución…¡De la Constitución! Pero bueno, sobre lo constituyente, La Moneda y sus inmediaciones puede pasar a los siguientes artículos de El Desconcierto.