edo caroeEste 2015 ha sido un año de consagración para Eduardo Carrasco Rodríguez, más conocido como Edo Caroe. El mago-ilusionista y ácido comediante pasa quizás por su mejor momento. En enero descueró a la clase política de tal forma que casi ninguna rutina humorística posterior ha podido dejar de lado el tema. Desde marzo tiene un espacio radial en que presenta sus monólogos, que como rutinas de humor pegan en el palo como ácidas editoriales, y que han incluido recados y dedicatorias al Gobierno.

Sin embargo, Caroe se lo toma con calma. No lo desvela el humor político y dice que no quiere mantener esa etiqueta. Tampoco se quiere definir como de izquierda o de derecha, porque eso no va con las generaciones actuales. Él prefiere el humor negro, ese que incomoda desde un espectador anónimo en un teatro hasta a un gerente de una empresa. Dice amar el teatro, su libertad y conexión, pero no reniega de la TV como herramienta.

Conversamos con Edo de su visión del humor, de sus definiciones y lugares de preferencia. También del futuro, de cómo se inserta en la comedia sobre contingencia política y de si iría al Festival de Viña. Acá, el comediante del momento habla con sinceridad y serenidad, sin bajarse de ninguna nube, porque mantiene los pies sobre la tierra.

 

edo-caroe-¿Crees que el humor tiene poder como herramienta de cambio social? Especialmente considerando el actual contexto de crisis política.

“Sí, creo que el humor tiene ese poder de instalar ciertos temas en la sociedad, o de transversallizarlos un poquito. Hay temas que por su tratamiento en los medios de comunicación, como que se cierran sólo a ciertas elites o la gente que está constantemente leyendo los diarios y que profundiza más en las noticias El humor lo que hace es poner al tanto los temas transversalmente, a todo tipo de personas.

Luego de eso, como herramienta de cambio, creo que el cambio se produce cuando la mayoría de las personas, o la sociedad en general, domina los temas, lo pone en la palestra y se puede ejercer cierto tipo de presión, como es lo que ocurre en Twitter por ejemplo, que está teniendo la hegemonía del quinto poder.

Sí, creo que es una herramienta de cambio pero no sé qué tan efectiva, aunque sí es por lo que se puede partir”.

-Tu rutina en el Festival de Olmué fue para muchos un punto de inflexión en el humor actualmente, ¿sientes que fue así?

“Para el humor, no creo que haya sido un punto de inflexión. Creo que para lo que se televisa, probablemente sí. Este tipo de humor lo están haciendo los comediantes hace mucho tiempo; en bares, en tugurios por ahí; en eventos de empresas. No es algo nuevo”.

“Yo no hice nada de nuevo. Lo único nuevo fue que un canal se atreviera a televisarlo, ese tipo de humor, que era un poco más negro, que era más crítico, que tenía dardos con nombre y apellido pa’ todo el mundo. Los que se están atreviendo más son los canales, ahí puede que haya un punto de inflexión”.

edo caroe 40 principales-Ahora quizás hay una tendencia a ser mucho más decarnado, y entre ellos está el caso de Yerko Puchento, que ha generado molestia hasta en la misma clase política, ¿qué opinas de esas reacciones?

“Se están revelando ciertas cosas, y cuando uno hace una rutina con eso, los aludidos obviamente se van a molestar, y están en todo su derecho a hacerlo”.

“Hace poco leí que alguien decía que le hacía muy mal a la institucionalidad el tema del humor político. Y en verdad, yo creo que lo que le ha hecho mal a las instituciones es precisamente la labor de ellos y no la de nosotros. Creo que no hay punto de comparación”.

-¿Crees que hay contextos históricos que hacen más riesgoso el oficio de comediante?

“Siempre digo que en realidad los comediantes no nos atrevemos a nada, porque no hay ninguna consecuencia en lo que digamos. Siempre he dicho que en dictadura la gente se atrevía a hacer cosas. Los artistas se exponían a un balazo en la cabeza por hablar ciertos temas. Pero ahora, uno hace humor y en el fondo sabes que no va a tener ninguna consecuencia, a menos que alguien te saque del aire y eso sería todo”.

“Catalogar a un humorista como valiente porque se atreve a decir las cosas, para mí no tiene sentido. Quizás para otros comediantes sí. Si se sienten valientes, si se sienten superhéroes y súper power por haber hecho algo… No, a mí no me pasa nada, no es correr un riesgo, es simplemente una construcción humorística”.

-¿No es riesgoso que se te puedan cerrar puertas?

“Sí, puede ser pero eso pasa en todo orden de cosas. Yo, por lo que hecho, me puedo responsabilizar, y mi discurso no tiene que ver con una derecha o una izquierda. Es algo que viene más que nada desde el ciudadano común indignado. Y bajo ese punto de vista nunca se me han cerrado puertas, muy por el contrario, se me han abierto muchas”.

“Yo me dedico a eventos de empresas, tengo que lidiar con gerentes, con dueños y con un montón de personas que probablemente no comulgan con lo que digo y con lo que pienso. Pero hay una cosa que va más allá, que es el espectáculo que se le ofrece a la gente. Eso es lo bueno, y hasta el momento no se me han cerrado”.

-Dices que en tu discurso no hay ni izquierdas ni derechas, pero ¿no tomas partido o una posición?

(Hace una pausa y medita) “Para mí siempre lo que se cataloga como de derecha o izquierda es tan vetusto, que mi generación y las que vienen ahora no responden a ese tipo de clasificaciones porque se han ido mimetizando, fusionando. No podría tener claro tampoco cuáles son los principios de la izquierda, a menos que me remitieran a una revolución francesa y eso sería una cosa extemporánea. No podría catalogarme ni de izquierda ni de derecha. No tengo el conocimiento o el bagaje político como para hacerlo”.

“Pero es algo de lo que yo vivo diariamente, he criticado a la derecha y a la izquierda, sobre todo en este país donde básicamente son lo mismo”.

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-¿Te consideras dentro del humor político?

(Pausa breve) “No, eso fue una etiqueta que se me puso en el Festival de Olmué porque mi rutina tuvo lugar en un momento donde la coyuntura política estaba muy álgida, muy movida. La gente quería escuchar algunas cosas, pero por sobre todo quería decir cosas. Entonces, mi rutina tuvo un poco de política. De hecho, fue muy poco, pero como fue la que más se resaltó, lo que más gustó y con lo que la gente más se identificó, quedó la etiqueta del humor político, pero si se revisa la rutina, hablo de muchas cosas, incluso muchas sin sentido; de mi familia, de mi vida cotidiana, etc. Yo creo que es una etiqueta que quedó por el momento, pero mi búsqueda no tiene que ver con el humor político, así que no podría hacer un show basado en eso. No es mi búsqueda personal, ni tampoco el humor social. Son cosas que voy poniendo en mi libreto a medida que las voy considerando cómicas o que me sirven para el espectáculo. Hay ciertas cosas que yo, como ciudadano, creo que tengo que decirlas, pero de ahí a catalogarme en eso, lo dudo. Además que, primero que todo, siempre me he catalogado como mago y después todo lo demás”.

-Considerando todo el éxito que tuvo tu rutina y lo que generó después, ¿cómo ves el futuro de rutina cuando ya la crisis política empiece a bajar? ¿De dónde más vas sacando material? Tu humor es muy contingente de todas maneras.

“En mis espectáculos, lo que hago en teatro y en empresa, es básicamente humor negro, donde recurro a una infinidad de temas, y si en este preciso momento la crisis institucional parara y yo no tuviera mucho tema político, me da exactamente igual. Sigo con otros temas, con historias ficticias, relatos de lo cotidiano, etc. No es un problema para mí. (…) En mis espectáculos casi el 50% es magia, no es algo que me preocupe”.

“Sentí la necesidad impuesta después de Olmué de que mi humor iba a tener que seguir esa línea, pero afortunadamente, al cabo de un par de semanas, me di cuenta que no era necesario y no tenía por qué transar mi forma de hacer humor”.

edo caroe magia-¿Con qué formato te sientes más cómodo?

“El teatro es lo mejor; es mi escenario, la línea editorial soy yo mismo, el tiempo que tengo es infinito, las producciones también en teatro son distintas. De todos los eventos en los que me muevo, en festivales, teatros, empresas, etc. el teatro es lo más cómodo que hay para un espectáculo de magia y humor como el que hago yo. En particular, el teatro Nescafé es mi escenario favorito. Hago dos funciones, una el primer semestre y otra el segundo y ahí puedo probar cosas. Actúo hasta dos horas y media”.

“Por otro lado, no me gusta la televisión, pero la uso mucho como herramienta para promocionarme, para anunciar mis espectáculos, para mantenerse vigente, etc. En el fondo, igual es una herramienta que hay que usar. Ya no es tan power como antes, pero hay que usarlo igual”.

-Sobre tus presentaciones en empresas, donde ves gente que se puede sentir incómoda con algunas bromas, ¿cómo lidias con esa reacción inmediata, ver las caras de la gente, como para no sentirte intimidado, para saber cuántos callos estás pisando?

“En los eventos de empresas, por ejemplo, es una pega igual, entonces uno también se tiene que ceñir a ciertas instrucciones que te dan las empresas o las productoras, como para no caer mal o que tu espectáculo no funcione. Si vas a una empresa de judíos por ejemplo, como me ha tocado muchas veces, por sentido común no vas a hacer chistes de judíos que son de humor negro como los que han salido en otros lados, y tener cuidado de no hacer chistes con sus costumbres. Son cosas que cualquier ser humano haría al relacionarse con otro, en fondo. Un poco de sentido común y de saber adaptarse a las empresas”.

“Ahora, que las personas se incomoden con mis chistes es parte de lo que yo busco; incomodar un poquito y después soltar la risa. O en los eventos para empresas hago mucha más magia que humor, entonces tampoco tengo ese problema tan seguido. Y lo otro es que cuando piden humor, intento también equiparar los dardos o no hablar de política simplemente y hablar de otra cosa. Ahí depende de la empresa, de la gente. No sé, depende de cada escenario cómo se maneja cada público”.

edo caroe 2“No te niego que de repente me he pegado ranazos gigantezcos actuando en empresas, pero han sido muy menores. Yo creo que mi espectáculo fue uno de los más vendidos en cuanto a casinos, en el mundo de los magos cómicos”.

-Si te llaman para participar del próximo Festival de Viña, ¿estás disponible para ir?

“Sí, ahora me atrevo, hace un par de años atrás no me atrevía. Sentía que me podía quedar la cagá, que era bien riesgoso. Aparte que yo estoy recién partiendo mi carrera, entonces si me pegaba un porrazo en ese escenario, no me paro más po. Sobre todo con los comediantes, en Viña son súper duros y quería tener un poquito más de confianza, y esa confianza la he tenido en el último tiempo después del Festival de Olmué y con los eventos que he tenido llenando teatros. He tenido más confianza en mi trabajo, en mis aptitudes, y también quedó un montón de material para Olmué que no pudimos decir por tiempo, y eso, sumado a lo que podamos incluir este año, creo que nos permite llegar con un súper buen libreto para Viña”.

“Yo estoy disponible pero no me quita el sueño, sí. Yo voy súper piola con mi carrera, tranquilo. Y si es el otro año, si la negociación va bien y acorde a lo que me convenga, yo aceptaría. Si es en dos o tres años más, o diez, también. No es algo que me urja o que necesite ahora ya”.