Galeano Colo-Colo

Para cualquier seguidor de Eduardo Galeano no es misterio alguno que el escritor y periodista uruguayo, que falleció, era un fanático del fútbol. Prueba de ello fue su libro “Fútbol a sol y sombra” (1995), considerado como oda en honor al deporte que más pasiones desata en el mundo entero.

Sin embargo, su vínculo con la actividad lo llevó incluso a referirse a clubes chilenos como Colo-Colo. En una reunión que sostuvo con socios del Club Social y Deportivo en enero de 2013, el escritor entregó su análisis sobre el actual sistema de sociedades anónimas y concesionarias que rige al balompié nacional.

En dicha reunión, integrantes del movimiento Colo-Colo de Todos le entregaron una camiseta del club, y posteriormente “señalaron que entre los detalles del diálogo lo que más les llamó la atención del afamado escritor es la alegría con la que recibió la camiseta de Colo-Colo, equipo al cual reconocía por el ‘Cacique en el pecho’”, afirma una crónica.

Galeano reconoció además a los hinchas colocolinos porque “para ustedes es un honor que los llamen indios”.

En una entrevista posterior, el escritor se refirió a su visita a Chile y su encuentro con hinchas colocolinos, y entregó su visión crítica sobre el ingreso de inversionistas al fútbol.

“Yo hace poco fui a Chile -cuenta Galeano-, mis amigos de allí, que son en su mayoría fanáticos de Colo-Colo, tratan de iniciar un plan de recuperación del club. Según ellos, fue secuestrado por los empresarios, dirigentes y hasta por los ideólogos que promueven reglas del deporte. Por lo tanto, el fútbol está en peligro de convertirse en un negocio que es tan rentable, pronto igualar el comercio de drogas o armas“, consigna el portal Diario Registrado.

El reconocimiento de Galeano a los hinchas albos se suma a varias frases sobre el fútbol que el célebre escritor dejó grabadas en la memoria de sus seguidores:

“En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol”

“A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí. En este mundo del fin de siglo, el fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable”

“El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue”

“Por suerte todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado carasucia que se sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad”

“Corre, jadeando, por la orilla. A un lado lo esperan los cielos de la gloria; al otro, los abismos de la ruina. El barrio lo envidia: el jugador profesional se ha salvado de la fábrica o de la oficina, le pagan por divertirse, se sacó la lotería”

“Los empresarios lo compran, lo venden, los prestan; y él se deja llevar a cambio de la promesa de más fama y dinero. Cuanto más éxito tiene, y más dinero gana, más preso está”

“(…) en las vísperas de los partidos importantes, (al futbolista) lo encierran en un campo de concentración donde cumple trabajos forzados, come comidas bobas, se emborracha con agua y duerme solo. En los otros oficios humanos, el ocaso llega con la vejez, pero el jugador de fútbol puede ser viejo a los treinta años”

“El portero siempre tiene la culpa. Y si no la tiene, paga lo mismo. Cuando un jugador cualquiera comete un penal, el castigado es él: allí lo dejan, abandonado ante su verdugo, en la inmensidad de la valla vacía. Y cuando el equipo tiene una mala tarde, es él quien paga el pato, bajo una lluvia de pelotazos, expiando los pecados ajenos”

“Rara vez el hincha dice: «hoy juega mi club». Más bien dice: «Hoy jugamos nosotros». Bien sabe este jugador número doce que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música”

“El fanático es el hincha en el manicomio (…) nunca viene solo. Metido en la barra brava, peligroso ciempiés, el humillado se hace humillante y da miedo el miedoso. La omnipotencia del domingo conjura la vida obediente del resto de la semana, la cama sin deseo, el empleo sin vocación o el ningún empleo: liberado por un día, el fanático tiene mucho que vengar”

“El gol es el orgasmo del fútbol. Como el orgasmo, el gol es cada vez menos frecuente en la vida moderna. Hace medio siglo, era raro que un partido terminara sin goles: 0 a 0, dos bocas abiertas, dos bostezos. Ahora, los once jugadores se pasan todo el partido colgados del travesaño, dedicados a evitar los goles y sin tiempo para hacerlos”