maria_emilia_tijouxDurante el próximo 15 y 16 de abril se realizará un seminario que busca reflexionar y debatir sobre el racismo cotidiano que viven los inmigrantes en Chile. La entrada al evento, que se concretará en la Casa Central de la Universidad de Chile, es liberada y en la instancia se presentarán también investigaciones y algunos hallazgos académicos respecto al tema.

En el seminario estará presente la socióloga e investigadora María Emilia Tijoux, quien conversó con ElDesconcierto.cl y reflexionó sobre algunos de los temas vinculados al racismo y sus expresiones en el país.

Comencemos por el título del seminario que comenzará este miércoles ¿Hay racismo en Chile? ¿Cómo podríamos describirlo?

“Por otro lado, vinculado con el trabajo, se suele decir trabajan como chinos o trabajan como negro, colocando al inmigrante, principalmente a los inmigrantes trabajadores precarios, en el lugar de la mano de obra barata”.

Nosotros siempre hemos hablado de la piel como marca de la inmigración porque vinculamos a un racismo que siempre existió en nuestro país. Es decir, es una ideología contra un otro o una otra considerada diferente, inferiormente, debido a su origen y a su color de piel, su clase social, su pobreza. Un racismo que ha permanecido dormido durante mucho tiempo. También ha tenido explosiones contra los pueblos originarios, o sea, más de una vez eso se ha desatado contra nuestra propia gente. Y luego, porque también está alojado en un sentido común que nos hace siempre hablar del otro desde un lenguaje racista. Por ejemplo: se le paró la pluma, se le salió lo indio y muchas frases más que se usan cotidianamente.

Por otro lado, vinculado con el trabajo, se suele decir trabajan como chinos o trabajan como negro, colocando al inmigrante, principalmente a los inmigrantes trabajadores precarios, en el lugar de la mano de obra barata. Eso ha permanecido siempre en la cotidianeidad y quizás uno misma ha hablado así muchas veces, pero luego, con la llegada de los inmigrantes latinoamericanos en los 90 y hasta ahora, con la llegada de los inmigrantes caribeños, esto se ha hecho visible de una manera mucho más violenta y  brutal, pero que además sigue manteniendo ese racismo cotidiano contra esas personas, que son trabajadores y trabajadoras que vienen a nuestro país a intentar sobrevivir a sus crisis en sus propios países.

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¿Cómo cree que se explica este tipo de racismo en Chile, siendo éste un país con raíces indígenas y de naturaleza actual muy mestiza?

Obviamente, somos un país armado desde muchas mezclas, que vienen de todos lados. Por un lado los pueblos originarios, pero también tenemos mezclas desde el momento de la esclavitud que hubo en Chile y también por las visitas de los europeos que vinieron al país. Hay varias explicaciones: hay una construcción de imaginario, que tiene que ver con el inicio de la esclavitud en Chile, donde se replica el lugar que tiene el esclavo, como un lugar subalterno, aplastado, a causa de su origen (África) y del color de la piel. Sin embargo tenemos genes, los cabellos crespos, son clara demostración de ello. Hay un segundo momento que es muy fuerte, que tiene que ver con la continuación del Estado Nación en el siglo XIX, en donde hubo una política de Estado para ir a buscar inmigrantes a Europa -que también eran trabajadores y tampoco tenían medios- con el propósito de blanquear la raza. El gobierno envió a Vicente Pérez Rosales en una misión a Europa. En ese momento él escribe un ensayo sobre Chile, para demostrar que es la nación que más se parece a Europa, de todas las naciones latinoamericanas.

“Esta idea de blanquear la raza tiene que ver con las ganas de sacarse de encima esta doble figura negada, que es la figura del “indio” y “negro” que prevalece en Chile, que nos hace mestizos obviamente, pero que se quieren sacar de encima”.

Esta idea de blanquear la raza tiene que ver con las ganas de sacarse de encima esta doble figura negada, que es la figura del “indio” y “negro” que prevalece en Chile, que nos hace mestizos obviamente, pero que se quieren sacar de encima. En ese propósito de blanqueamiento de la raza llegaron inmigrantes, marcando la idea de desarrollo y progreso por la blancura. Hasta hoy día, en el sentido común, prevalece. Al momento en que uno dice que el niño que nazca ojalá sea de tal manera, de inmediato construye en relación a lo opuesto, a eso que no se quiere que sea el niño. Se busca, además, los genes blancos que hacen que el niño o la niña sean considerados más lindos. Negro versus blanco, es un opuesto muy complicado que en realidad no es pura abstracción: políticamente ha funcionado así desde hace mucho tiempo.

Usted está dirigiendo una investigación sobre los inmigrantes negros. ¿Qué resultados arroja a estas alturas?

Estamos en el segundo año, esta es una investigación Fondecyt y los resultados definitivos estarán el próximo año. Sin embargo, ya tenemos bastantes cosas de las cuales podríamos hacernos cargo. Entre las cosas que aparecen resalta, por ejemplo, que la llegada de los inmigrantes caribeños hace que se estremezca un poco la vida cotidiana de los chilenos, que se mueva un poco el piso. Es un inmigrante que viene como mano de obra y siempre los encontramos en trabajos muy precarizados, limpiando calles de amanecida, en la noche, muchas mujeres haitianas, por ejemplo, muchos colombianos limpiando supermercados, atendiendo bombas de bencina -que son lugares de gran peligro- en aquellos lugares donde su posible desaparición no causaría ningún problema. Nos hemos dado cuenta de que hay un efecto deshumanizador en estas personas, que desafortunadamente el mercado del trabajo conoce perfectamente bien y por eso también este llamado a que trabajen por menos y en condiciones cada vez peores. Este problema del racismo está involucrado a la inmigración de trabajadores, de la clase social y los problemas económicos.

Cuando hablamos de sexualización, sin embargo, aparece una figura interesante, doble, que provoca el desprecio, la xenofobia, el racismo, pero también la atracción.

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Es muy interesante hablar sobre las mujeres inmigrantes y de cómo son discriminadas y acosadas también en Chile.

“Tienen unos cuerpos bellos que nosotros no logramos tener nunca, por más que lo intentemos. Ante esa corporalidad voluptuosa y atractiva hay un problema con los hombres acá, que toca el tema de cómo se construye la familia chilena”.

Son cuerpos distintos. Una mujer de mi edad, colombiana o haitiana representa varios años menos que yo, por ejemplo. Tienen unos cuerpos bellos que nosotros no logramos tener nunca, por más que lo intentemos. Ante esa corporalidad voluptuosa y atractiva hay un problema con los hombres acá, que toca el tema de cómo se construye la familia chilena. Aparecen, como ocurrió en Antofagasta hace unos meses, estas manifestaciones contra las inmigrantes porque podrían “robarle a los maridos”. Son cosas que no están relacionadas con el tema laboral y que tienen que ver con este encuentro complejo entre una sociedad que no ha visto mucho inmigrante de este color -porque no ha habido mucha inmigración en Chile, después del 73 nadie llegaba al país- pero con esta apertura económica comienzan a llegar y provocan una suerte de escozor o una suerte de complicación tanto corporal como espacial. Es una figura doble, porque al mismo tiempo que son rechazados son deseados también. Y no es casualidad que se vean en los martes femeninos, en las despedidas de solteras, los cantantes del reaggetón, de las bachastas, de mucha canción sexual y erotizada hacia muchos chilenos, pero a la vez, siguen siendo figuras del desprecio.

A nosotros nos convocan estos temas no sólo para hablar de los inmigrantes, sino de nosotros. De cómo somos nosotros, de quiénes somos y cómo nos hemos conformado. ¿Qué nos pasa cuando nos encontramos con personas que tienen otras culturas, historias, otros ritmos y otros sabores? ¿Por qué vamos a los países de donde ellos vienen de vacaciones y no soportamos que ellos vengan al nuestro?

Se analiza mucho cómo Chile se enfrenta al racismo y cuáles son nuestros rasgos racistas, pero uno se pregunta también cómo nos tratan afuera, considerando que no nos hemos caracterizado tampoco por darle el mejor trato al inmigrante. Muchos también tenemos la piel oscura, ¿nos discriminan igual?

Afuera hemos sido maltratados también. Ha habido estudiantes que no han sido tratados de la mejor forma y esto depende mucho de los rasgos, de la forma de los ojos, de los pómulos, del color de la piel y del cabello. Si no tenemos esos colores maltratados en el mundo entero -porque este no es un problema sólo chileno, es universal- conociendo a los otros y enfrentándonos a nosotros mismos, es menos doloroso o menos violento. Pienso en países donde la cosa es dura, como Inglaterra, por ejemplo, o las fronteras. Somos sospechosos corporalmente y, si a eso le agregamos los apellidos, el problema crece.