Foto NegraEstamos ante un escenario de debilitamiento público y notorio de la elite, han quedado al desnudo los vínculos entre dinero y política pero no se trata de dinero capturando la política o al Estado, como se interpretó en otras ocasiones, frente a uno u otro político corrupto y/o amigo de algún empresario poco popular. Esta vez comenzó a ser visible para todos y todas, lo que se había mantenido oculto por un efecto sistemático de exclusión, esto es, la estrategia con que construye y reproduce su poder la elite que conduce el país.

La estrategia de ocultamiento consistía en mantenerse cerrada a nuevos miembros, al escrutinio popular y la indagatoria de quienes solo debían confiar en promesas y esperar que las cumplieran aquellos que se autoproclamaban los únicos capaces de hacer política, su política.

Desde ahora se ha vuelto nítido que los límites de la medida de lo posible con que nos ofrecían los cambios, eran puestos por los mismos que usaban esa excusa para no cambiar nada. Todo ello estuvo frente a nuestros ojos pero nunca fue más claro que ahora.

Se trata de un límite construido por un nuevo sujeto con origen en grupos diversos que se fue identificando con valores comunes, gustos, lugares de veraneo, acceso a créditos, a negocios, a recursos naturales, etc. y lo más importante, con la convicción de que solo la elite debe gozar de los beneficios de un sistema que concentra la riqueza en unos pocos y maltrata diariamente a los muchos.

Obviamente este sujeto es heterogéneo, pero como solo la historia puede hacer, fue puesto en un lugar de encuentro frente al poder, se encontraron allí gente que venía de la economía, de la política, de la cultura, del mundo social, de la dictadura y aquellos que renegaron de Allende y su revolución y de otras tantas revoluciones y se constituyeron en un nuevo actor: los dominantes de la transición.

Los antiguos cortes ya no valieron para fijar sus límites, debían adherir al neoliberalismo, trabajar para reproducirlo y estar dispuestos a formar parte de quienes reciben sus mejores recompensas. Según describía Marx, se trata de una clase, estas se mueven, se reconfiguran, se realizan y qué duda cabe, es nuestra nueva clase dominante. Se fue consolidando en el poder político y con la herencia dictatorial también en el económico; posee el capital social y cultural legitimado que los hace competitivos en un mundo de mercado y neoliberalismo.

“No pueden soltar la política o el Estado, necesitan la política para reconstruir su capacidad hegemónica y su legitimidad, y requieren mantener el control del Estado para sostener sus estructuras de reproducción social.”

Pero qué duda cabe, su debilitamiento ha comenzado. Desde hace tiempo viene disminuyendo su apoyo electoral mientras suben los índices de malestar social, los estudiantes logran reposicionar la pregunta por lo público y hoy recibe un golpe mayor con la notoria emergencia de las disputas judiciales: contra el enriquecimiento que aprovecha el apoyo popular y contra el financiamiento ilícito de la política para poder comprar los lugares que les permiten seguir siendo parte de esa elite.

Están ante un callejón sin salida. Lo que los reúne como clase dirigente, lo que les otorga su identidad y la posibilidad de continuar perteneciendo a la elite, es justamente lo que los está hundiendo: ser el pequeño porcentaje de privilegiados.

Pero seguirán buscando reconstituir su capacidad de mantenerse en el dominio. No pueden soltar la política o el Estado, necesitan la política para reconstruir su capacidad hegemónica y su legitimidad, y requieren mantener el control del Estado para sostener sus estructuras de reproducción social.