Joan-de-Alcazar-recuadroHoy, el que hasta no hace mucho era el diario español de referencia trae en primera una noticia rompedora sobre las previsiones electorales valencianas: el PP se hunde en beneficio de Ciudadanos y sólo una coalición de izquierdas podrá gobernar. Ciertamente, en la cita con las urnas del cercano 24 de mayo, los resultados de Valencia y Madrid son los que han despertado más interés a los medios de comunicación en España. Muy probablemente porque son los dos territorios que pueden dar información fiel del grado de descomposición del Partido Popular y, como propina, extender el certificado de defunción de Mariano Rajoy como candidato a las legislativas de noviembre.

Hace poco escribíamos en este mismo lugar unas reflexiones sobre las elecciones de mayo próximo. Y acabábamos aquellas líneas con una pregunta: durante el calvario que se ha sufrido durante el gobierno del trío Zaplana-Camps-Fabra los valencianos han aprendido alguna lección?

A un mes de la cita electoral la respuesta parece evidente: sí, han aprendido y bastante. Particularmente, si atendemos a la encuesta mencionada –y a otras, todas coincidentes en la bajada del PP–, quienes más se han enseñado son los electores que apoyaron estas siglas en las de 2011, donde lograron la mayoría absoluta en las Cortes Valencianas y en la mayor parte de los ayuntamientos importantes. Parece evidente que una buena parte de los votantes popularistas se han sentido traicionados y engañados por un partido que no sólo no cumplió con aquello que anunciaba en su programa electoral, sino que ha sido un lamentable ejemplo de una mezcla perversa de incompetencia, corrupción y megalomanía. Hace mucho que los problemas de financiación y el despilfarro de los recursos públicos ha generado déficits de tesorería que no se pueden esconder. Buena parte de las candidaturas municipales están achicharradas, destacando el caso de Rita Barberà; y el candidato a la presidencia de la Generalitat, Alberto Fabra, conocido despectivamente en los ambientes opositores como El Moniato, no cuenta ni con el beneficio de la duda de sus militantes. Hace falta, para complementar el cuadro, añadir el efecto Rajoy, un presidente insensible y lejano, incapaz de empatizar mínimamente con las víctimas de la crisis y siempre perdido en cifras y previsiones optimistas que la ciudadanía siente cómo referidas en otro planeta. El remate del escenario para el PP, no obstante, se ha producido en las últimas horas: Rodrigo Rato, el apóstol de Aznar, el santo más milagroso del calendario popularista, ha resultado ser un híbrido de bandolero y cleptómano, y ha dejado a la parroquia pepera catatónica.

Sin embargo, el PP todavía recogerá miles de votos. No en balde ha tenido más de dos décadas para tejer una telaraña de intereses económicos y políticos. Por un lado los personales y laborales: cuánta parroquia pepera tendrá que apuntarse a las oficinas del paro el 25 de mayo? Consejeros, diputados, alcaldes, concejales, asesores, cargos de confianza, funcionarios interinos, personal laboral, empresarios afines, beneficiados de varios tipos… Todos ellos han conformado una serie de redes clientelars y familiares que acudirán disciplinadamente a votar el 24 de mayo. Añadámosle, además, el voto de la derecha pura y dura; el electorado ideológicamente adscrito a las siglas PP, que no dejarían de votarlo aunque el candidato fuera el Pato Donald. Un tercer grupo, más minoritario, el de aquellos que vuelven a creer que no votar el PP es abrir la puerta a la anarquía, a la colectivización o a la catalanización irreparable de la dolça terra valenciana. Es decir, que, en resumidas cuentas, el PP todavía sacará buena cosa de votos en las próximas elecciones municipales y autonómicas. Sin embargo, no serán suficientes para seguir [mal]gobernando el territorio. La encuesta citada, publicada hoy, dice que ni siquiera en el más que improbable caso que PP y C’s unieran sus fuerzas, llegarían a poder formar gobierno. Además, un dato es importante: a pesar de que buena parte del voto a C’s procede del PP, o exactamente por eso, la gran mayoría de quienes apoyan esta opción no quieren oír hablar de pactos con los popularistas.

El escenario que podemos prever hoy, entonces, es el de unas Cortes Valencianas con seis partidos representados, de los que cuatro pueden ser ubicados grosso modo en la izquierda. El PSOE continúa bajando, aunque sería la fuerza progresista con más diputados [probablemente perjudicado por el pésimo cartel electoral para Valencia ciudad, donde podría convertirse en la cuarta o la quinta fuerza por el número de votos], seguido de Podemos, Compromís i Esquerra Unida. En ellas recaerá la responsabilidad de formar un gobierno con el suficiente apoyo para el legislativo, que sea capaz de revertir los efectos de la plaga bíblica que sobre esta tierra cayó desde que un tal Eduardo Zaplana fue nombrado Muy Honorable Presidente de la Generalitat Valenciana. Era el Año de Gracia de Nuestro Señor de mil novecientos y noventa cinco, y desde entonces acá el país de los valencianos se ha convertido en una de las regiones más empobrecidas y maltratadas por sus gobernantes del sur de Europa.

¿Estarán las cuatro fuerzas políticas de talante progresista a la altura de las circunstancias? ¿Responderán con eficacia y generosidad partidaria los desafíos que tendrán que enfrentar? ¿Estarán trabajando ya de manera efectiva y coordinada para saber qué hacer el día después de que el PP se hunda? Sería deseable.