CCxSwERXIAAv2_1Durante el pasado jueves, la noticia de una tragedia ocurrida en una tocata punk impactó a la opinión pública. Una estampida humana registrada en la entrada del local donde más tarde se presentaría la banda Doom terminó con la vida de cuatro personas y dejó más de una docena de heridos.

Ante dicho escenario, la prensa nacional se volcó a la caricatura del punk y de los ambientes donde pulula el público que llegó hasta Alameda 776. La reacción del periodismo se intensificó días más tarde, luego de que un joven de 24 años fuera apuñalado siete veces mientras participaba del “Festival Punk” organizado en Club Hípico.

Tras lo ocurrido en el show de Doom ya hay cuatro personas formalizadas. Entre ellos, el productor del evento, Fernando Sánchez Valenzuela. El grupo fue imputado por los cargos de cuasidelito de homicidio y cuasidelito de lesiones graves, y todos quedaron en libertad, pero con medidas cautelares.

A través de los mismos medios, la desinformación de las autoridades civiles y policiales quedó en evidencia, al igual que el discurso sobre las responsabilidades: ¿Organizadores, fiscalizadores o el mismo público? Desde muy temprano, todo apuntó a la naturaleza desprolija e ingobernable del mundo punk, casi como si la tragedia hubiese sido inevitable.

Los factores tras la avalancha

file_20150417093627A estas alturas, es innegable que la cobertura mediática ha hecho énfasis en el carácter musical de la tocata donde se produjo la tragedia, como una explicación fundamental para entender lo ocurrido. Las principales teorías apuntan a que, a eso de las 11 de la noche, un grupo de más de 50 personas habría entrado a la fuerza al local Espacio Iberomusic. La policía acababa de pasear por el lugar cuando unas 20 personas vieron la posibilidad de botar la reja y entrar sin pagar su entrada.

Los mismos asistentes, días después, descartan que el hecho se haya producido por una sobreventa de entradas, ya que el local poseía capacidad para 400 ó 500 personas y en el subterráneo sólo unos 100 asistentes esperaban por el show.

ElDesconcierto.cl conversó con un joven que asistió a la tocata donde se produjo la estampida. Por razones de seguridad, prefiere ocultar su identidad y relata que, desde su experiencia en espectáculos similares, “siempre hay forcejeos, siempre hay cabros con ganas de bacilar bailando y tirándose del escenario, es parte de la cultura y es parte de un circuito que por años ha tenido un ambiente siempre prendido, muchas veces hostil por el lugar del evento, otras veces por el precio de la entrada, la productora, etcétera, pero no partícipes de una masacre, una imbecilidad producida en gran parte por quienes en patota adquieren choreza y piensan que a todos los eventos organizados con anticipación hay que entrar en una “actitud punk”, o sea, en avalanchas”.

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Desde el anonimato, reconoció que dichas acciones suelen darse en algunas tocatas punks o metaleras, pero advierte que no es generalizado. Además, aseguró que la producción fue “provocadora desde un comienzo”.

“Vi a pelaos skin en actitud de pelea y el público frente a esto, con más de 100 personas esperando entrar, igual se prende el ambiente”, acotó. Él logró salir de la tocata sin lesiones graves y asegura que no vio armas de electricidad, pero sí palos de golf y bates que fueron ocupados para golpear a algunos asistentes, sin importar su edad. 

“Yo no alcance a ver a Doom, quedé en mitad del pasillo y la escalera y pude librar. Otros quedaron ahí y traté de sacarlos”, afirmó. Algunos testigos también contaron que, en la página del evento en Facebook, ya se habría comentado la intención de algunos punks de entrar al evento a la fuerza. 

El asistente al fallido show de Doom manifestó que es necesario discutir sin caer en generalizaciones y que la solución no pasa precisamente por un aumento en el control policial ante este tipo de eventos.

“El alcohol, la vehemencia, la patota, son factores que inciden en un comportamiento social en todos los estratos sociales de este país, es algo transversal, ocurre con los cuicos y en la pobla”.

“El alcohol, la vehemencia, la patota, son factores que inciden en un comportamiento social en todos los estratos sociales de este país, es algo transversal, ocurre con los cuicos y en la pobla, el tema es saber manejarlo, conducir estas reacciones desde nosotros mismos. No veo y creo no necesitar de un control por parte de la institucionalidad, desde los pacos y desde autoridades para responder a una actitud mejor, así es el punk, difícil de comprender y difícil de aceptar”, declaró.

La culpa no es del punk

Lo ocurrido en la tocata de Doom dejó varias conclusiones en construcción. Una de ellas, sobre el desarrollo y actualidad del movimiento punk en Chile, hoy sumido en un mar de críticas, no sólo a raíz de la reciente tragedia. Algunos se preguntan: ¿Se han desvirtuado sus ideas?

foto_0000000320150417101433No sé si se ha desvirtuado el punk, o más bien los cambios de la sociedad lo hacen ver extemporáneo. Si bien tuvo su auge en el mundo a fines de los ’70 y ’80, en Chile, por la dictadura, el esplendor de la escena urbana ocurrió a comienzo de los 90, e hijo de ese fenómeno pospinochetista, la escena tenía mucho de rabia y descontento, fueron hijos de la “alegría que no llegó”, relató Francesco Penaglia, ex punk e investigador de la Universidad Alberto Hurtado.

Para algunas, el punk se constituyó en el país como una fuga, que tiende a mostrar “lo horrible de la transición, pero desde el yo. Es una posición más nihilista, más autodestructiva, menos orgánica y politizada. Por supuesto hubo punk que trabajaban por proyectos colectivos, en okupas, autogestión, pero en suma, siempre fue más una rebeldía primaria, inorgánica, individual, odio al sistema, pero poco de construcción. Desde ese punto, no me extraña tanto lo que pasó”, manifestó Penaglia.

Las críticas formuladas al movimiento actual apuntan a que, hace unos años, hablar de punk y anarquismo, más allá de la praxis, parecía contestario. “Hoy, sin praxis y al alero de lo que están haciendo otros jóvenes, parecen más bien regresivos, funcionales al modelo“, apuntó.

Algunos miran más allá del punk para afirmar que es el individualismo, desatado como conducta colectiva, el responsable de éste y otros accidentes similares ocurridos en tocatas de los suburbios de la capital o fuera de ellas.

Pese a que la revisión del desarrollo del movimiento punk en Chile aporta herramientas para comprender la naturaleza tras este tipo de hechos, ocurridos en escenarios frecuentes para dicho público, algunos miran más allá del punk para afirmar que es el individualismo, desatado como conducta colectiva, el responsable de éste y otros accidentes similares ocurridos en tocatas de los suburbios de la capital o fuera de ellas.

Así reflexiona Gonzalo Santander, otro de los asistentes al triste espectáculo del pasado jueves: “La actitud de estadio, de sobrepasar al otro, de dejarlo tirado en el piso y no ayudar, eso nos está matando y va generando críticas y miradas de sectores que no entienden cómo funciona esto. Al final nos funamos todos, cerramos nuestras propias opciones de diversión y entretenerse un rato. El alcohol y la vehemencia, la choreza en patota -que no la encuentro choreza- otra vez nos castiga”.

Una mirada que, sin exceso de clasificaciones, etiquetas y caricaturas, podría explicar a grandes rasgos la génesis de la avalancha que convirtió la hazaña de unos punks, en medio de una esperada tocata, en la tragedia de otros.